sábado, 24 de enero de 2015

Memoria de Papel (9)



           En mi último post dentro de esta sección me referí a un par de publicaciones a las que calificaba como precursoras de las actuales guías de montaña y turísticas. Pues bien, en el presente post os hablaré de otro par de publicaciones con un marcado carácter innovador. Tal es así que bien pueden ser consideradas a su vez como antecesoras de las guías incluidas en el post antes mentado. Ambas se refieren a sendas áreas geográficas incluidas dentro de la actual Comarca de La Jacetania. Decir al mismo tiempo que los dos libros fueron patrocinados por el Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón (SIPA). El autor de ambas fue Enrique Celma Alcaine quien por esos años aún dedicó otra publicación de estas características a los valles más occidentales de nuestro Pirineo (Hecho y Ansó). Este autor dejó entreveer claramente con estas dos publicaciones las posibilidades que esta comarca de La Jacetania ofrecía para un turismo, que aunque no muy abundante, ya puede calificarse como de emergente en esos momentos.


Excursiones por Jaca, Canfranc y Candanchú


Portada del libro. Foto: Archivo Cartagra
           Pequeño librillo de poco más de cincuenta páginas dedicadas a describir los valores arquitectónicos y paisajísticos de diferentes enclaves situados en el valle del río Aragón. Al hablar de Jaca se refiere de forma extensa a describir los valores que alberga su catedral. Aprovecha esa exposición para intercalar numerosos apuntes históricos que se refieren a la creación del Reino de Aragón. Describe también otros lugares de visita obligada en esta capital altoaragonesa. A estos aspectos se dedican casi la mitad de las páginas de este libro. La otra mitad se reparten entre los enclaves de Candanchú y Canfranc.


           Las fotografías que ilustran estas páginas corresponden a diferentes autores entre los que se encontraban Eduardo Cativiela, Rodríguez Aramendía, Antonio Gracia, Mermanos Valenzuela, Las Heras y Tramullas entre otros. Su portada incluye un óleo de José Luz que nos muestra la vertiente norte de la Peña Oroél. Fue publicado en Zaragoza en 1949.


Excursiones por San Juan de la Peña


Portada del libro. Foto: Archivo Cartagra
           Publicado en Zaragoza en 1948 por el SIPA y al contrario que la anterior reseña, esta se dedica íntegramente a un único escenario, el entorno de San Juan de la Peña. A pesar del título, la excursión que describe este libro comienza en Huesca y continúa por la carretera que lleva hasta Jaca atravesando el Puerto de Santa Bárbara. Así es como, aunque sea de puntillas, también dedica algunos párrafos a describir diferentes lugares ubicados en las proximidades de esta carretera. La ruta lleva al lector hasta Jaca para después tomar dirección a la cuna del Reino de Aragón.


           Una vez en él, profundiza en sus origenes con infinidad de información histórica alternada con otra de corte turístico. De esta forma la mayor parte del medio centenar de páginas se dedican a hablar de todo cuanto rodea a los dos monasterios, tanto el viejo como el nuevo. Las fotografías que acompañan este texto pertenecen prácticamente a los mismos autores señalados en la anterior reseña. En este caso la portada consiste en un dibujo de Salvador Martínez.

domingo, 11 de enero de 2015

Frágen



           La memoria fotográfica me traslada en esta ocasión hasta un pequeño pueblecito del interfluvio ubicado al oeste del Valle del Ara. Se trata del núcleo de Frágen, asentado próximo a la carretera N-260 que es la que atraviesa el cercano Puerto de Cotefablo. Esta instantánea fue tomada en los años treinta del pasado siglo por el fotógrafo vienés afincado en Barcelona  Adolf Zerkowitz. En ella se nos muestra una vista parcial de este pueblo de Sobrarbe. Aprovecho para decir que en un futuro post contaré algo más sobre este hombre que recorrió y fotografió nuestro Pirineo -entre otros lugares- obteniendo unas increíbles instantáneas de sus pueblos y paisajes.
Aspecto parcial de Frágen hacia 1930 según una fotografía de Adolf Zerkowitz. Foto: Archivo Zerkowitz
           El encuadre que ahora nos ocupa se centra principalmente en mostrarnos la iglesia de este pueblo dedicada a la advocación de San Martín. Aunque inicialmente sus raíces fueron románicas, las reformas y ampliaciones sufridas entre los siglos XVI y XVII consiguieron modificar bastante su estilo original. A pesar de las mismas mantiene una esbelta factura y nada más contemplarla podemos observar que consta de una nave principal y otra lateral de construcción más tardía levantada sobre su alzado sur. Ambas presentan sendas cubiertas de losa en perfecto estado. Una parte de la nave añadida está dedicada a porche de entrada mientras que la otra seguramente estará ocupada por la sacristía. La lonja de su entrada debió ser, antes y después de la celebración eucarística, lugar de animosas conversaciones entre los feligreses del pueblo. Seguramente, habrá sido también testigo de momentos tristes y dolorosos. Pero lo que más destaca de esta construcción religiosa es su esbelta torre que acoge una pequeña ventana en la que aparece cuasi encajada, una pequeña campana con la que recordar a los vecinos la celebración de los oficios religiosos. En más de una ocasión esa campana también se abandiaría para alertar de un incendio en el monte, durante la fiesta que se celebraba antaño para la Virgen de Agosto e incluso para festejar alguna boda.

          Si observamos con detenimiento la torre aún encontraremos nuevos elementos dignos de ser destacados. Me estoy refiriendo a los dos relojes que esta torre acoge en su frente sur. El que se encuentra a la mitad es el más antiguo mientras que el más elevado es el más moderno. Pero ya que estoy hablando de relojes aún hay que hablar de un tercero. En este caso se trata de un reloj solar pintado en la fachada sur justo a la altura del pequeño cementerio. Así pues, esta iglesia presenta un conjunto de nada menos que tres relojes diferentes donde el solar sea posiblemente el más antiguo de los tres pues presenta una inscripción con el año 1867.
Interpretación de la misma toma en la actualidad. Foto: Archivo Cartagra
            Casi por detrás de la iglesia se observa parcialmente el volumen de una casa con su esquina achaflanada. Se trata de Casa Cazcarro y en su chaflán muestra un exiguo balcón en el que poder tender la colada. Es en este mismo  punto donde se ubica la puerta principal de entrada a esta casa. Para llegar hasta ella, al igual que a la iglesia y resto de barrio bajo, se hacía siguiendo la pendiente calle de firme e irregular empedrado que muestra la imagen.

           En la actualidad este rincón de Frágen presenta variaciones sustanciales. La que más llama la atención es la ausencia total de Casa Cazcarro cuyo solar se muestra ahora totalmente vacío y sin resto alguno de sus ruinas. Esta casa resultó bastante afectada durante la pasada guerra civil y parece ser que ya no se llegó a reconstruir. Por su parte, la calle en la actualidad presenta un piso uniforme y perfectamente asfaltado apto para el tránsito de cualquier vehículo.
Aspecto que presenta la iglesia de San Martín de Frágen en la actualidad. Foto: Archivo Cartagra
          Por lo que se refiere al conjunto religioso, este presenta casi idéntico aspecto que antaño. Tan sólo cabe reseñar la modificación de la pared que separa la lonja del espacio destinado a cementerio. Este por su parte ha sufrido una ampliación evidente con la construcción de un buen número de nichos en altura. Los tres relojes siguen presentes sobre su alzado sur si bien el solar apenas es perceptible en la actualidad pues sus colores han perdido casi toda su viveza. Por suerte, todavía permanece clavado en la fachada el elemento metálico cuya sombra resulta imprescindible para determinar la hora solar. 

           Por último, cabe llamar también la atención sobre la evolución y aumento de toda la vegetación que ocupa la pendiente ladera del fondo de la imagen. La disminución de la población local, y con ella, la de aprovechamientos como el pastoreo o la leñas, son los principales responsables de ese aumento. En la parte más alta de la ladera que desciende de Punta Litro, el pinar ha ido ocupando terreno antaño ocupado por la tasca y los pastos finos. En la zona inferior, los cajicos han ido medrando poco a poco hasta alcanzar un porte arbóreo bien desarrollado.