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viernes, 28 de abril de 2017

Carrera Mayó de Benás



            La imagen del presente post nos sitúa nada menos que en la Carrera Mayó o Calle Mayor de Benasque. La fotografía protagonista de la presente Memoria Fotográfica fue tomada por Lorenzo Almarza en una fecha indeterminada entre 1910 y 1920, al igual que otras muchas tomadas por él durante este período tanto de este pueblo como de sus alrededores.


            La indumentaria que muestran las figuras que aparecen en la misma, además de situarnos en el primer cuarto del siglo XX, también nos dan otra información no menos interesante. Los dos hombres, uno tocado con un sombrero y traje oscuro y el otro con botas de caña alta o polainas, denotan ser forasteros. Seguramente visitantes que habían llegado hasta Benasque para realizar alguna excursión por sus increíbles paisajes, a tomar las aguas termales de su balneario o quizás ambas cosas. A pesar de mantener una conversación entre ellos dos, el hombre del sombrero no quita su mirada del fotógrafo. El otro grupo compuesto solamente de mujeres, ataviadas con sus largas sayas negras, evidencian a las claras ser oriundas de Benasque. 
Vista del aspecto que presentaba la Carrera Mayó de Benasque hacia 1910-20 aproximadamente
Fotografía: Lorenzo Almarza-Fototeca Diputación Provincial de Huesca

            Esta imagen también transmite una sensación de calle poco transitada a pesar de tratarse de una de las principales de Benasque. Al fondo de la misma se distinguen otras dos figuras que descienden por esta calle y se dirigen hacia la posición del fotógrafo. A pesar de lo dicho, a buen seguro que el tránsito de personas por esta calle sería proporcional al escaso número de habitantes que residían en Benasque por esas fechas.


            La imagen actual, tal cual es de esperar pues a ambas les separa más o menos un siglo, presenta grandes contrastes con respecto a la tomada por Almarza. La volumetría se ha mantenido bastante intacta, incluidas las alturas de las construcciones a la vista de los aleros de los tejados. Quizás lo primero que llama la atención es el cambio producido sobre el firme de esta calle. El suelo empedrado a base de pequeños cantos rodados ha sido substituido en la actualidad por otro que combina placas de mediano tamaño de piedra con piedras naturales igualmente de tamaño mediano. Su combinación proporciona una superficie totalmente llana sobre la que resulta mucho más fácil caminar. De hecho el uso de esta calle durante la temporada alta de turismo se convierte en peatonal quedando muy limitado el uso de vehículos. La preferencia que se da al peatón queda igualmente patente con la presencia de bancos de madera a lo largo de esta calle. Y para cuando los peatones tienen que combinar el uso de la calle con los vehículos, en la actualidad se dispone aunque estrecha, de una práctica e imprescindible acera para garantizar la seguridad de los primeros frente a los coches.
La misma toma en la actualidad pero con los nombres de algunas de las casas que jalonan este tramo de la Calle Mayor de Benasque

            Las construcciones siguen presentando en la actualidad unas fachadas que han variado bien poco. Todas ellas siguen combinando partes revocadas de mortero con otras que muestran la piedra autóctona a la vista y perfectamente rejuntada. Por su parte, la reja de hierro forjado de la fachada de Casa Agustina sigue manteniendo tanto su sitio como su robusto aspecto.


            Cabe destacar también como la discreta y sobria calle de antaño en la que ningún elemento desentonaba, en poco se parece a la actual. Ahora los carteles y rótulos, más o menos coloridos y de tamaños dispares, buscan llamar la atención de los numerosos visitantes que llegan hasta Benasque y sus extensas montañas. Desde establecimientos que ofrecen servicios básicos hasta otros que venden una amplia variedad de objetos y artículos para practicar excursionismo, montañismo, escalada, etc. Quien les iba a decir a esas mujeres de la foto de Almarza que al igual que ha sucedido en todos los valles pirenaicos, estas y otras actividades acabarían sustituyendo a la tradicional agricultura y ganadería. 
Vista de la Calle Mayor de Benasque un día cualquiera fuera de la temporada alta de turismo

            Esta calle seguirá siendo testigo del paso de los años mucho más tiempo. Y este mismo camino será el que continuarán recorriendo tanto los foranos como los nativos cada vez que vayan o vengan de la Pllasa Mayó o Plaza Mayor, que es donde nace la calle que muestra la foto de esta vez. A buen seguro que esta calle, sus fachadas y sus esquinas seguirán siendo testigos mudos de nuevos cambios y transformaciones propios seguramente del devenir del paso del tiempo.




Fuentes y documentación:

- Lorenzo Almarza; El valle de Benasque en los años veinte. Diputación Provincial de Huesca, Área de Cultura.



viernes, 21 de abril de 2017

Un embatajador

           Seguramente que más de un seguidor del blog se habrá quedado sin saber muy bien del todo a qué se refiere el título de la presente entrada. No es de extrañar pues en este post hablaré de una actividad a la cual ya no se dedica prácticamente nadie. Lógicamente quienes se dedican a fabricar esquillas están obligados en una de las fases a colocarles el batajo, también conocido como badajo. Ahora mismo los sitios más próximos que yo conozca donde las hacen están en Lekumberri (Navarra) o en la bearnesa población de Bourdettes que es donde se fabrican las famosas esquillas de Nay. Quien quiera saber algo más sobre estas esquillas o sonailles de Nay, le recuerdo que en su día Enrique Satué escribió un interesante artículo en la Revista Serrablo nº 13 de junio de 1983. En esos talleres han llegado a fabricar en sus mejores momentos hasta 300 modelos diferentes de esquillas aunque en la actualidad su catálogo se ha recortado drásticamente ante la reducción del uso de estos objetos.
Luis revisando algunas de las esquillas recién reparadas. Foto: Archivo Cartagra
          Pero no quiero hablar de quienes las fabrican, me voy a referir a aquellos que se dedican a repararlas pues, aunque parezca mentira, una esquilla debe ser reparada periódicamente pues hay diferentes motivos que acaban provocando el deterioro de las esquillas. Y como los ganaderos de antaño nunca fueron sobrados de recursos, antes de comprar una esquilla nueva, siempre estaba el recurso de llevarla a reparar. Y he tenido la suerte de conocer a una de esas personas de antaño, que en sus ratos libres y más por vocación que por obligación, se dedica entre otras cosas a reparar estos artilugios sonorosSe llama Luis Arnal y procede de Casa Arnal de Cillas, pueblo abandonado hacia 1963 pues fue comprado por el Patrimonio Forestal del Estado. Luis vivió en Cillas hasta los veinte años, tiempo que dedicó básicamente a hacer de pastor cuidando el rebaño de ovejas y a trabajar los campos de su casa. Fueron también años suficientes para aprender y poner en práctica una autosuficiencia que no era opcional si no más bien impuesta por las circunstancias. Lo de aprender a embatajar esquillas se forjó precisamente en aquellos años.
A la izquierda los distintos batajos de boj muestran un desgaste más que evidente, incluido el de más a la derecha de la imagen que es de hueso. En la imagen de la derecha batajos actuales de nylon con marcas claras de uso pero apenas desgastados. Foto: Archivo Cartagra
          Los badajos de las esquillas de antaño eran principalmente de madera pudiendo emplear varias clases de esta. En esta zona del norte de la provincia de Huesca el bucho (Buxus sempervirens) ha sido la especie más usada pues la alta densidad de su madera hacía posible que resistiera mucho mejor tanto el golpeteo como la exposición a la intemperie. Además, esta madera era una recurso natural muy abundante y fácil de trabajar. También he podido comprobar algún caso en el que se han empleado como batajos huesos de diferentes animales o parte de ellos, sobre todo tibias y peronés de ovino y vacuno. Pero el golpeteo continuado de esta madera o cualquier otro material hacía posible que el borde de la esquilla fuera el lugar que más fácilmente se deteriorara. Así pues, muchas veces al mismo tiempo que se reponía el badajo roto o desgastado se aprovechaba para reparar ese borde deteriorado. Otras veces la aleación de hierro y latón de la esquilla, fruto de golpes y roces contra el suelo y las piedras, acaba agrietándose o rompiéndose. Antaño este tipo de desperfectos eran más difíciles de reparar y requerían llevarlas a un ferrero pero hoy en día resulta mucho más sencillo pues hay medios y materiales antaño difíciles de conseguir como un sencillo soplete y una varilla de latón. Teóricamente y según Luis, una esquilla debería ser revisada aproximadamente cada unos cinco años.
       Madera de boj y una estral bien afilada resultan imprescindibles para dar forma al batajo. 
Foto: Archivo Cartagra
            La voz de la experiencia también me cuenta que tras ese periodo lo más normal es que fruto del golpeteo continuado del batajo, el hierro recubierto de latón que conforma la esquilla, acabe rompiéndose. Parece mentira pero esta cuestión tiene una explicación lógica en la que nunca había parado a pensar. Cuando las vacas o las ovejas adoptan la postura de comer, es decir, inclinan la cabeza para llegar a la hierba del suelo, el batajo siempre golpea en el mismo punto del borde de la esquilla. Esto queda magníficamente demostrado si observamos batajos viejos pues comprobaremos como la pieza inicialmente circular acaba desgastándose sólo por una parte de su perímetro. Justamente la zona que golpea en el mismo sitio de la esquilla antes referido.
Soldando el borde deteriorado de la esquilla y resultado final. Foto: Archivo Cartagra
            Así pues, la primera fase es la de soldar las roturas que pueda presentar la esquilla en sí. Los puntos más sensibles suelen ser el borde exterior que es, como ya he dicho, el lugar que sufre los impactos del batajo. Pero la esquilla también sufre golpes y roces bien de forma fortuita o bien provocada a la hora de rascarse contra piedras o árboles. Una vez que se abre una grieta por un motivo u otro, esta se suele hacer más grande con gran facilidad. Así pues, muchas esquillas que le llegan a Luis necesitan en primer lugar la reparación de esas zonas rotas. Para ello emplea unas varillas de latón, material que funde con la ayuda de un soplete justo encima de la zona afectada. Muchas esquillas requieren un cordón de soldadura prácticamente en todo su borde interior e incluso exterior. Hay que hacerlo con la ayuda de otra persona pues la esquilla acaba calentándose al máximo. Este ayudante, protegido por unos guantes, va girando la esquilla conforme se aplica la soldadura de latón al borde. 
Distintas fases de la preparación previa del batajo. Foto: Archivo Cartagra
          Une vez reparado el exterior de la esquilla es el momento de sustituir el batajo, es decir, de embatajar la esquilla. La experiencia de Luis le permite conseguir que en un instante una rama de boj adopte la forma inequívoca de un batajo. Sobre un picadero de madera apoya la rama de boj y con su otra mano comienza a dar certeros golpes con una estral bien afilada. En poco más de un minuto cambia la estral por un serrucho y corta el badajo a la distancia que determina la longitud de la esquilla donde habrá de ir alojado. Ya sólo queda realizar el foráu por donde pasar un trozo estrecho de cuero que será el encargado de unir el batajo a la esquilla. La operación de atado se convierte en algo complicada debido al escaso espacio que hay para colocar las manos dentro de la esquilla y ejecutar dicho atado pero viéndoselo hacer a Luis resulta lo más fácil del mundo. Por este motivo las esquillas de pequeño tamaño resultan ser las más complicadas de embatajar.
La última fase del embatajao es la más complicada de todas, sobre todo si las esquillas son pequeñas. 
Foto: Archivo Cartagra
          Esta operación de embatajar esquillas resulta ser, según me cuenta el propio Luis, más habitual de lo que pueda pensarse. Las esquillas que venden actualmente vienen provistas de badajos de nylon y estropean el borde de las esquillas mucho más rápido que si fueran de bucho o cualquier otra madera. A pesar de la dureza de la madera de bucho, esta acaba resultando más blanda que el nylon actual por lo que el borde de la esquilla tarda más en deteriorarse. Sólo basta con observar detenidamente algunos de los badajos viejos que conserva Luis en su pequeño taller para comprobar como ese bucho, aparentemente duro e irreductible, acaba siendo moldeado por el borde de la esquilla. Cuando visité y entrevisté a Luis en su taller este tenía más de una veintena de esquillas de todos los tamaños. Pertenecían la mayoría de ellas a dos ganaderos del valle de Broto y además de alguna soldadura, a la mayoría de ellas les ha cambiado los batajos originales de nylon por otros de bucho. Entre todas las esquillas que Luis tiene en su taller las más recias y de mejor porte son francesas y construídas en Nay predominando estas sobre otras hechas en Navarra y algún otro punto de España desconocido. 
        Esquillas de Nay correspondientes a los números 5, 4, 3 y 2 luciendo batajos nuevos. 
Foto: Archivo Cartagra

         Una vez concluida la reposición del batajo y tras haber soldado las posibles grietas y orificios de la esquilla ya casi está concluido el trabajo de reparación. Pero como a Luis le gusta dejar las cosas bien acabadas, antes de concluir con la reparación le gusta dar una mano de purpurina a toda la esquilla para camuflar los evidentes puntos dejados por las soldadura química empleada. Ahora sólo queda repasar las costuras del collar de cuero u otro material que es el que permite unir la esquilla al cuello de la vaca u oveja. Hasta no hace muchos años era más habitual emplear cañablas de madera cuya elaboración requería de una técnica muy elaborada que Luis también domina. En el exterior de su pequeño taller tiene varios trallos de noguera secándose a la intemperie de donde piensa obtener la madera para elaborarlas. Pero este proceso lo dejaré para un nuevo post más adelante. 




PD.: Mi agradecimiento especial a Luis Arnal por su paciencia tanto a la hora de posar para mi como a la hora de repetir alguna de las fases de la reparación.






          

Borregueros

            Tras llevar casi siete años escrito, finalmente ha visto la luz el libro titulado Borregueros. Este libro tiene su origen en el documental que realicé en 2008 y que llevó idéntico título. Fue ese año cuando viajé hasta California en busca de los escasos borregueros aragoneses que aún quedaban por aquellas lejanas tierras. En dicho documental incluí una docena escasa de entrevistas, que fueron las que dieron contenido al mismo. En 2009 realicé un nuevo viaje a EE. UU. siguiendo la pista de más borregueros así como toda otra serie de información relacionada con este oficio y con esta etapa de nuestra historia reciente. Debo reconocer que mi idea inicial fue escribir un libro al respecto, pero la avanzada edad de todos los pastores, me hizo cambiar de planes. Mi objetivo principal pasó a ser la elaboración del documental referido pues me pareció prioritario asegurar un buen número de testimonios contados en primera persona por sus protagonistas. Una vez cumplido ese objetivo fue cuando retomé nuevamente la idea inicial de escribir un libro al respecto.
Evolución del libro Borreguros a lo largo de su preparación. Entre medio faltan varios borradores más

            Y por fin, tras infinitas dificultades de todo tipo, el libro acaba de ver la luz. Pero su publicación no ha estado exenta de dificultades varias. Durante estos siete años fueron muchas las promesas y buenas palabras de diferentes editoriales conocidas aunque el tiempo se encargó de demostrar su falsedad. Así las cosas, ante el imparable goteo de muertes de más de uno de los protagonistas de este libro, la dificultad de encontrar una editorial comprometida o mi impotencia como autor, decidí apostar por la formula de la autoedición. Y eso, a pesar de las dificultades y complicaciones añadidas que supone esta opción de las cuales no voy a dar cuenta aquí para no aburrir.

Fase de diseño de la que ha sido la portada definitiva del libro
          Las casi cuatrocientas páginas de este libro permiten arrojar un chorro de luz definitivo sobre una etapa de la diáspora aragonesa que hasta ahora permanecía totalmente a oscuras. Salvo el documental antes referido, nadie más se había introducido en las entrañas de este interesante proceso de migración pastoril hasta tierras californianas y otros estados del Oeste americano. Cabe señalar aquí que algún profesor universitario sí que había investigado la migración de aragoneses al continente americano si bien pasó por alto la que ahora nos ocupa.

            El libro consta de dos capítulos claramente diferenciados. El primero aborda este episodio migratorio desde una perspectiva histórica que busca aclarar cuál fue el origen del mismo. Así es como sabemos que hubo dos matrimonios que, tras su instalación como rancheros en California a principios de los años 50 del siglo pasado, fueron en gran medida los principales responsables de dicho fenómeno. Se trata de los matrimonios Aznárez y Gorrindo, los que acabaron llevando hasta tierras californianas más de una cuarentena de aragoneses. Otro buen número de aragoneses llegaron tras ser reclamados por familiares y amigos quienes se instalaron allá tras haber emigrado alrededor de 1920.

Vista de uno de los gráficos de borregueros que incluye el libro
           El segundo capítulo consiste en una recopilación de reseñas biográficas de borregueros que residen actualmente tanto en EE. UU como en España. Dado el tiempo transcurrido desde que este libro se concluyó de escribir, unos cuantos de ellos ya han fallecido tanto a un lado como al otro del océano. En él también se incluyen tres reseñas biográficas de otras tantas mujeres que, a pesar de que a alguien pueda sorprenderle, jugaron un papel muy activo en toda esta historia sobre un oficio eminentemente masculino.

Para concluir, quiero hacer publico mi agradecimiento a todas las personas e instituciones que han hecho posible que, mi durante tantos años frustrado proyecto, acabara convirtiéndose en realidad. En primer lugar debo citar a Montse, mi mujer, quien me acompañó durante los dos viajes realizados a EE. UU. Ella se encargó de buena parte del trabajo de campo así como de la fase de corrección final. A Dimfor SL y su maquetadota Asunción, por dar al trabajo un aspecto final tan sugerente y atractivo como sólo un profesional sabe hacerlo.

            Sin el imprescindible respaldo económico, esta aventura tampoco hubiera sido posible por mucho que me lo hubiera propuesto. Gracias a la Diputación Provincial de Huesca, a Cabrero e Hijos, a la Comarca de la Jacetania, al Ayuntamiento de Ansó y a la Asociación Cultural A Gorgocha, también de Ansó. Sin su inestimable colaboración en forma de compra de ejemplares, mi inversión en este proyecto estaría abocada a la ruina. Gráficas Barbastro por su parte también ha tenido mucho que ver al ajustar al máximo un presupuesto que no siempre tuve claro fuera capaz de asumir. Espero y deseo que esta no sea ni la primera ni la única publicación de Bartolo Edizions. El tiempo dirá…

En Bakersfield (California) en junio de 2008 con algunos de los borregueros entrevistados
           Tan pronto como tenga cerrado el calendario de presentaciones lo haré público a través de este blog y de las redes sociales. Ahora mismo tan sólo puedo adelantar que varias de ellas serán a lo largo del próximo mes de mayo.



viernes, 7 de abril de 2017

Una excursión a los Baños de Panticosa en el siglo XIX (Parte II)

           Este post es la continuación de otro mostrado en fechas pasadas dentro de este mismo blog el cual puedes consultar pinchando aqui. Esta es la segunda y última parte del texto original traducido:

           Son las cinco más o menos y sin embargo no hemos terminado el viaje. Una hora y media de marcha nos separa todavía del Balneario de Panticosa y necesitamos reponer fuerzas y coraje para atravesar este último paso. Casi en la salida del pueblo entramos en un barranco estrecho que conduce al establecimiento termal y que se llama El Escalr (en francés l'escalier) y nunca hubo un nombre mejor dado. La ruta se arrima a los flancos del roquedo y sobrevuela por momentos el torrente que desciende del lago de Panticosa y que baja ruidos del precipicio. Nos elevamos más andando por esta cornisa que al cerrarse apenas deja paso para un caballo, el barranco se cierra más, su aspecto deviene salvaje y la vegetación rara y pobre. O se ve a nuestro alrededor más que el roquedo.

          Al fin a las seis y media llegamos al final de esta larga ascensión. De pronto bruscamente el camino gira y delante del viajero, maravillado, sorprendido, se abre una especie de circo formado por montañas de rocas casi completamente desnudas de un efecto de lo más pintoresco y salvage. Hemos llegado. A la derecha se elevan algunos edificios agrupados, aquí y allá, es el establecimiento termal de Panticosa. A la izquierda se extiende un pequeño lago azul que baña el pie de los edificios. El conjunto está encerrado por un perímetro que tiene alrededor de un kilometro de diámetro.
Grabado que muestra el aspecto que tenía el Balneario de Panticosa en la segunda mitad del siglo XIX
          Bajando del caballo el primer cuidado de los viajeros, fatigados por una jornada de trece horas y hambrientos, es ir al alojamiento y cenar. Hay que decir que en Panticosa la elección no es larga ni difícil, no hay hotel propiamente dicho. Es el arrendador de las aguas el que aloja a los viajeros en un vasto edificio dependiente del balneario. En cuanto a la mesa, está servida por un buen maitre de hotel francés que paga su parte al arrendador. Se ve que este reina como un déspota en Panticosa pero para ser justo hay que reconocer que los viajeros sin embargo estás muy bien tratados. Nos ocupamos pues del alojamiento, pedimos la cena, después como hay poco tiempo antes de sentarnos en la mesa, es bueno hacer una visita al balneario.

          Las fuentes, tres, han sido concedidas a perpetuidad por el gobierno español a un arrendador llamada D. Nicolás Gallar que tiene como cargo pagar una renta anual de 60.000 reales (unos 15.000 francos) a la comuna propietaria de las fuentes y de levantar a sus expensas un establecimiento termal y alojamientos para los bañistas. Cada una de las fuentes tiene propiedades distintas: una que tiene muchos principios sulfurosos es particularmente empleada para las enfermedades de la piel y el pecho; otra es buena para el tratamiento de enfermedades del estómago y otra para tratamientos de enfermedades del bazo y el hígado.

          El establecimiento propiamente dicho se compone de un edificio principal en el que se bebe y se toman los baños y de otro más modesto en el cual también hay baños; la tercera fuente solamente esta protegida por una especie de pabellón que lleva inscrito en español: Templete de la Salud.

          En cuanto a los edificios destinados al alojamiento de los bañistas y de los extranjeros son tres con cuadras para los caballos y los mulos pero sin garage para los carruajes. Teniendo en cuenta que no se puede llegar a Panticosa más que a caballo, mula o en caja de porteadores.

          En 1849 el establecimiento al cual está destinado un médico nombrado por el gobierno español y que tiene por nombre Joseph Herrera y Ruiz ha sido visitado durante la estación de las aguas, que se prolongó como en Bonnes del 15 de junio al 15 de septiembre por unos 300 bañistas venidos casi todos de la España interior; pero desde el 10 de septiembre las nieves habían echado a la mayoría. El país en efecto si presenta al turista algún interés como sitio, ofrece pocos atractivos a aquellos que la enfermedad obliga a permanecer allí. Hay ausencia casi total de distracciones y nada allí recuerda a nuestros establecimientos termales de los Pirineos donde se encuentra entretenimientos y placeres de toda suerte.

         Allí por ejemplo encontramos el traje español más puro y pintoresco. Llaman la atención los hombres paseando seriamente vestidos con sus grandes capas. Vemos también mujeres vestidas de largos trajes sin talla en forma de albornoz con un gran cuello almidonado a la Médicis (a la italiana) que tienen el aspecto de figuras antiguas de tres siglos. En una hora termina la visita al establecimiento. Es todo lo que hay que ver en Panticosa. A las ocho cenamos y nos acostamos.

          Al día siguiente por la mañana toca la vuelta y se plantea la gran pregunta. ¿Volveremos a Bonnes por el camino seguido la víspera? La ruta es muy bella sin duda para poder rehacerla sin problema. ¿O bien para volver la excursión más completa nos dirigiremos de Panticosa a Cauterets y de Cauterets volveremos a Bonnes por el Collado de la Torte?. Esta última parte es la que toman la mayoría de los viajeros.

          Para ello es necesario salir lo más tarde a las ocho de la mañana a fin de ganar en la jornada de Cauterets por Mercadau. La ruta de Panticosa a Cauterets y la de Cauterets a Bonnes por la montaña, siendo bien conocidas y por otra parte, por no extendernos más, vamos solamente a indicar los puntos principales y las distancias a recorrer.

          Empleamos una jornada para ir de Panticosa a Cauterets. La travesía de Mercadau que necesita unas cuatro horas es muy interesante pero muy difícil. Más de una vez nos vemos obligados a echar pie a tierra y a confiar los caballos de las bravas gentes que hemos debido contratar para esta ocasión en Panticosa y que tienen suficiente habilidad y costumbre de hacer flanquear a estos animales por pasos en apariencia infranqueables.

Vista de Sallent de Gállego en primer plano y al fondo la Peña Foratata
          Al cabo de unas dos horas llegamos al Pont d'Espagne, y allí frente a este sublime cuadro, al pie de estas cascadas saltadoras, haremos una deliciosa parada. Retomamos la ruta a las tres y a las seis y media llegamos a Cauterets. Vamos al Hotel de France donde estamos seguros de encontrar un buen sitio para olvidar todas estas fatigas y una mesa excelente. Por la tarde tenemos tiempo de hacernos una idea de Cauterets y en rigor podemos partir al día siguiente hacia Bonnes, pero como la jornada ha sido ruda y que desde hace dos días andamos, lo mejor es quedarnos un día en Cauterets para visitarlo más cómodamente y al mismo tiempo para descansarnos.

          El cuarto día a las cinco de la mañana montamos a caballo para llegar a Bonnes por el Collado de Torte y por la tarde llegamos después de trece horas de marcha bien empleadas y después de haber atravesado Pierrefitte, Argelez y su delicioso valle, los pueblos de Arrens y de Arbesot y al final el Collado de Torte, Esta barrera natural elevada a tres mil pies por encima de Eaux Bonnes.

          Las trece horas se reparten asi: de Cauterets a Argelez, dos horas; de Argelez a Arrens, 3 horas; de Arrens a Arbesot, 2 horas; de allí al Collado de Torte, 3 horas; y al fín, del Collado de Torte a Eaux Bonnes, 3 horas.

          ¿Esta árida relación no debe dar más que una tenue idea de la encantadora excursión que hemos intentado describir pero al menos puede ofrecer a los amantes alguas reseñas útiles?. El objetivo del que esto escribe será bien cumplido se ha podido despertar en el espíritu de algún viajero el deseo de ver estos magníficos rincones que no se dejan sin pena una vez que han sido vistos. Y además es seguro que este si se lleva de su paseo algunas fatigas, las olvidará rápido pensando que se lleva también de bien grandes y bien perdurables recuerdos.




Fuentes y documentación:

La fidelidad de la traducción respecto al texto original  no hubiera sido posible sin la implicación total de Rafaél Vidaller quien en gran medida es el responsable del resultado final. Mil grazias Rafelón.