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martes, 12 de noviembre de 2013

El factor humano (II)



       El siguiente colectivo al que me referiré en este post es el conformado por los Guardas Forestales. Se trata de un colectivo por el cual siento especial afinidad pues no en vano desde hace más de veintitantos años tengo la suerte de formar parte del mismo. Esos hombres jugaron un papel muy activo en todas las obras de hidrología que se realizaron en el Pirineo aragonés. Se trató en la práctica totalidad de los casos de hombres que vivían, si no a pie del tajo, sí muy próximos al lugar donde se ejecutaban los trabajos. Esa circunstancia siempre les supuso un doble compromiso. 
Aspecto de algunos Guardas Forestales de Huesca del primer tercio del siglo XX. Foto: Archivo Cartagra
          Por un lado, su residencia tan próxima al punto donde se ejecutaban los trabajos, le suponía una mayor responsabilidad en el caso de que surgiera cualquier problema. De suceder así, él debía estar informado lo antes posible de cualquier incidencia así como saber en todo momento como debía actuar. Por otro lado, esa misma proximidad a la obra, era la que hacía que su responsabilidad todavía fuera mayor frente al ingeniero. Estos hombres, en ausencia del ingeniero director de la obra, se convertían en los ojos de aquél. Debían comunicar rápidamente cualquier incidencia y lo tenían que hacer por escrito. Así pues, mientras le llegaban las nuevas instrucciones, también por escrito, él debía tener un plan alternativo en el que emplear al personal a su cargo para intentar minimizar el retraso.

Viejos teléfonos forestales en deshuso. Foto: Archivo Cartagra
           La ausencia de teléfonos durante la primera mitad del siglo XX les obligó en muchas ocasiones a tener que improvisar. Eso suponía que todos los que ocuparan el puesto de Guarda debían saber tanto leer como escribir. Hay que precisar que, remontándonos al periodo antes referido, en el medio rural todavía era relativamente común la existencia de personas analfabetas. Sobre una cuartilla de papel y dotados en muchos casos de una caligrafía casi ilegible, conseguían dar parte sobre el estado de las obras en cuestión. Eran cartas poco extensas, que apenas entraban en el detalle de las cosas y donde la líneas de texto no siempre aparecían horizontales ni equidistantes. En cambio, las cartas que recibían del puño del ingeniero presentaban un aspecto más pulido y una letra regular que ponían en evidencia la formación de unos y otros. La llegada de los teléfonos al mundo forestal supuso toda una serie de ventajas para el personal forestal. Alguno de los primeros aparatos fueron instalados en la casa forestal de Biescas. Pero su capacidad para saber escribir también les sirvió para llevar al día el libro de operaciones. Se trataba de una especie de libro diario en el que tenían que anotar el cometido del servicio realizado día a día. Ese libro era revisado periódicamente por el Ingeniero de Montes quien, a la vista del mismo, le hacía cuantas sugerencias creía oportunas. Seguro que no debieron faltar casos en los que se les recomendaría una mejor caligrafía.

Seguro que el caballo del malo era algo más lozano que
 el de este Guarda Forestal. Foto: Archivo Cartagra

     Pero donde aquellos hombres eran verdaderamente capaces de demostrar su valía era generalmente lejos de la pluma y del tintero. Pocos debían ser los ingenieros que una vez que echaban a andar, sobre todo si era ladera arriba, pudieran seguirles el paso. Sabedores de ese extremo y de su poca costumbre para caminar por tortuosos caminos, los ingenieros casi siempre solían desplazarse en alguna caballería local. El temple y la capacidad de esfuerzo siempre se encontraron entre las principales aptitudes de los guardas pues sin la primera condición era difícil que se diera la segunda. Algunos, los más afortunados, llegaron a disponer de una caballería, algún macho o yegua de escaso porte, que les facilitaba enormemente los desplazamientos. En algunos casos hasta se les llegó a pagar una pequeña cantidad de dinero para el mantenimiento de la caballería. La gran mayoría sin embargo siempre se desplazaron durante aquellos años a pie. Eso sí, acompañados de su tercerola o su carabina, un arma larga que durante el primer tercio del siglo XX se constituyó en una parte indisoluble de la imagen del Guarda Forestal por estos montes pirenaicos.

        A pie o a caballo, recorrieron tantas veces como fue necesario caminos y sendas que les llevaban hasta donde se realizaban las obras, hasta los viveros volantes instalados en medio del monte o hasta los lugares que fuera menester. Hablando de viveros hay que decir que en muchos casos alguno de estos hombres fue también el responsable del correcto funcionamiento de esta instalación. Esto quiere decir que él era el encargado de buscar la mano de obra necesaria para conseguir la optima preparación de la tierra del vivero, de la tierra de las eras o de la siembra en la época adecuada. En muchos casos también les tocó ir a buscar, solos o acompañados, semillas por los bosques de los alrededores. La obtención de planta suficiente para afrontar las repoblaciones previstas se debía en gran medida a la diligencia del Guarda Forestal de turno encargado de dicha instalación.
Guardas Forestales frente a las eras de un vivero de abeto en el monte de Canfranc. Foto: Archivo Cartagra
           Pero además de cuanto hasta ahora se ha señalado, los Guardas Forestales también participaban en otras fases de los trabajos de corrección hidrológico-forestal. Debían saber en qué parte del monte había buenos troncos de boj o de cajico así como salzeras largas para confeccionar los enfajinados; dónde poder extraer planchas de tasca para preparar encespedamientos sin provocar procesos erosivos irreversibles o dónde extraer buena piedra y con el menor esfuerzo posible. Todo este tipo de actuaciones que los ingenieros incluían en sus proyectos previos, de poco habrían servido si luego todo el material necesario hubieran tenido que traerlo desde lejos pues los presupuestos previstos habrían quedado rápidamente desfasados. Así pues, el conocimiento detallado que aquellos hombres solían tener del cuartel o montes que tenían asignados, resultó ser siempre una ventaja para la buena marcha de los trabajos.  

Guarda Forestal en el vivero de Arratiecho de 
Biescas hacia 1910. Foto: Archivo Cartagra.
          Aunque en verdad, sus cometidos iban más allá de los propios trabajos de hidrología pues de forma simultánea debían hacerse cargo de otras funciones y cometidos inherentes a su condición de agente de la autoridad. Tenían que tener un buen oído, tanto en el monte, el pueblo o en la tasca, para intentar averiguar quién había cortado unas vigas de pino escuadradas con astral que había localizado en el fondo de un barranco o de dónde había podido salir la leña con la que un fulano había recrecido el leñero de su casa. A falta de escopetas la gente siempre usó los lazos y la ausencia de cañas y vocación de pescador fino siempre se suplió con un buen tresmallo. Que los ganados locales o foráneos pastaran solamente en los lugares que podían hacerlo fue otro de sus cometidos habituales. En todas esas situaciones y otras muchas más, la perspicacia del Guarda Forestal siempre resultó vital para combatir al furtivo, el pastoreo ilegal o el robo de leñas y madera. Hubo muchos de aquellos hombres que supieron llevar aquella perspicacia mucho más allá y consiguieron llevar a la práctica aquél dicho de que el miedo guarda a la viña. Recurrieron a trucos como colocar una vieja chaqueta sobre una mata o una rama para que la meciera ligeramente el viento y bien visible desde lejos de forma que quien la localizara pensara que era el forestal en persona. Otros colocaban de forma precisa e intencionada ramas en los pasos estrechos para saber si alguien había transitado por esa senda o no.

            Y fue precisamente este cometido de carácter coercitivo el que siempre acarreó más de un problema a aquellos abnegados hombres. La incomprensión de unos, la necesidad de otros, la avaricia de unos pocos o las duras condiciones de vida durante aquellos años, siempre jugaron en su contra. En el ámbito de los trabajos de hidrología abordados hasta ahora y en la documentación consultada para su confección, no me ha aparecido ninguna situación de acoso o persecución sobre estos hombres. Pero desgraciadamente, la historia de este colectivo está salpicada de tales situaciones. También de otras aún más graves como han sido las numerosas agresiones que se han llegado a producir y que en más de un caso hasta supusieron la muerte del agredido (1). Ni la bandolera de cuero cruzada sobre su pecho en la que portaba una chapa de bronce con la inscripcción de Guarda Forestal y el organismo al que pertenecía, ni el arma larga que tenían asignada, sirvieron en algunos casos para evitar dichas agresiones.
Guardas Forestales de la 6ª División Hidrológico-Forestal destinados en Biescas. 
Foto: Colección Tomás Ayerbe

         Obviamente, y como pasa en todos los colectivos, también quienes se aprovecharon de su condición y no dudaron en abusar de ella. Hubo quienes se convirtieron en redomados furtivos que persiguieron alimañas para vender sus pieles o quienes no tuvieron ningún reparo en hacer leña donde se les antojara. Pero qué le vamos a hacer, las sombras del bosque dan cobijo a todos y dentro de él sólo cada uno es reponsable de sus actos. Pero al margen de lo dicho, la trayectoria de este colectivo ha cumplido ya más de 135 años en los que ha demostrado una dedicación y una capacidad increible. Se trata sin lugar a dudas, de uno de los colectivos más vocacionales de cuantos conozco y eso acaba dejándose notar en la labor realizada. A muchas personas el bosque no les deja ver el árbol. Estos hombres sin embrago, con su defensa del árbol siempre perseguieron como objetivo final alcanzar un aumento del bosque.
Hombres anónimos que con su abnegada labor contribuyeron a la ejecución de numerosas obras forestales.
Foto: Archivo Cartagra
          A modo de conclusión y aprovechándome de mi condición de ser parte interesada, quiero concluir este post haciendo un reconocimiento publico a la labor abnegada, constante y discreta de estos hombres. Hombres que pertenecieron a un colectivo no siempre justamente valorado y que desempeñó su cometido en unas circunstancias que en poco o nada se parecen a las actuales. Guardas Forestales que debieron serlo aun a pesar de la incomprensión de la mayoría de la población rural y de la sociedad española en general. Los más de 136 años de existencia de este colectivo bien se merecen un respeto de la actual sociedad. Esta es mi pequeña y personal aportación. Quien quiera conocer con más detalle cualquier aspecto sobre la historia de este colectivo lo tiene fácil. Puede hacerlo consultando el libro que se incluye en la reseña bibliográfica inferior, el cual dá la casualidad, lo escribí yo mismo tras más de diez años de investigación.


Fuentes y bibliografía:

- (1): La Guardería Forestal en España; Carlos Tarazona Grasa. Editorial Lumwerg; Madrid, 2.002

domingo, 29 de septiembre de 2013

Los barrancos de Arguisal

  En este nuevo post sobre los trabajos de hidrología realizados en la ribera del Río Gállego abordaremos los diferentes cauces existentes en el entorno del pueblo de Arguisal, aguas abajo del pueblo de Escuer. La necesidad de la realización de estos trabajos hay que buscarla, al igual que para los cauces ya descritos hasta ahora, en el fuerte carácter torrencial de los mismos debido principalmente a los avanzados procesos erosivos existentes en distintos puntos de sus cabeceras o tramos intermedios. También, en las consecuencias negativas que dicha erosión producía sobre alguna infraestructura pública como era en este caso la carretera que llevaba a Biescas y al Valle de Tena o incluso el riesgo para alguna casa de Arguisal.
   La primera reseña sobre estos trabajos se remonta a 1923. Se trata de una nota muy escueta dentro de un artículo aparecido en la Revista Montes que decía lo siguiente: “Aparte de la defensa del pueblo, el Arguisal amenaza una parte importante de la vega del Gállego y la misma carretera que interrumpía el Arás. Los daños que en esta vía pública causó hasta el día este torrente han sido menores, en apariencia al menos, que los causados por el Arás, porque es torrente de menos cuenca y de más reciente formación” (1). Poca información nos aporta esta cita aunque ya deja entrever que el pueblo de Arguisal corría peligro y debía ser defendido. A pesar de la reducida cuenca de captación de este cauce, su trazado discurría muy próximo al pueblo por lo que los vecinos ya habían dado la voz de alarma tras comprobar la capacidad erosiva en diferentes crecidas. De hecho las fotos antiguas localizadas (2) nos demuestran que para 1913 ya habían comenzado los trabajos de hidrología en este cauce, los cuales consistieron en la canalización de un corto tramo del mismo. Esos trabajos continuaron en 1914 con la canalización de un nuevo tramo que incluyó la construcción de al menos dos pequeños diques. En 1916 los trabajos afectaron a otro tramo y consistieron en la construcción de otros dos diques de unos tres metros de altura cada uno.  
Aspecto de las obras en el cauce del Bco. Arguisal hacia 1913. Foto: Archivo Cartagra

Otra vista de las obras sobre seguramente el Barranco Arguisal en 1914. Foto: Archivo Cartagra
  A falta de documentos que nos describan con más detalle la ubicación y el tipo de obras, deberemos una vez más guiarnos por las fotografías localizadas. Así sabemos que para 1926 se construyó otro dique de mampostería hidráulica y que por encima del mismo se canalizó un tramo de unos cien metros escasos. Al año siguiente, en 1927, se construyó un nuevo dique cauce arriba del anterior.
 Trabajos de corrección realizados en diferentes años sobre el cauce del Bco. Arguisal. El dique nº 3 fue construído en 1926 mientras que el marcado con el nº 4 se construyó en 1927. Foto: Archivo Cartagra
  Tampoco se ha podido concretar la fecha, pero aproximadamente entre 1930-35 se intervino en un nuevo tramo de su cauce. Así fue como se realizó una nueva canalización justo por encima de la carretera que comunica Sabiñánigo con Biescas. Esta fue una obra vital pues con su ejecución se evitaron los habituales cortes de esta vía debido a los desbordamientos del Bco. Arguisal y a los numerosos arrastres de áridos que traían consigo. Estos, al igual que sucedía con el Barranco Arás, en más de una ocasión implicaban el corte al tráfico rodado de esa carretera.

            Canalización del tramo final del Bco. Arguisal para evitar aportes de áridos a la carretera que une Sabiñánigo con Biescas, hacia 1935.
                                                                                          Foto: Archivo Cartagra
A la izquierda de la imagen y semioculta por la vegetación se encuentra la canalización que se muestra en la anterior imagen. Foto: Archivo Cartagra
    Antes de concluir con este cauce es obligatorio hacer varias consideraciones importantes. El pueblo de Arguisal se encuentra flanqueado por dos barrancos diferentes y sobre ambos se efectuaron trabajos de corrección hidrológico forestal. El situado al sur del pueblo es el conocido como Barranco de Arguisal mientras que el situado al norte se denomina como Barraco de la Fuente. Sólo se han podido que localizar las fotografías sueltas que acompañan este post (2) y hasta ahora no se ha encontrado ningún documento escrito o proyecto que permita aclarar qué diques se construyeron en uno u otro cauce. Las fotografías datadas en 1913 y 1914 no permiten distinguir sobre cual de los dos cauces se asientan. La de 1916 muestra casi con toda seguridad el Barranco Arguisal. Según la dumentación antigua consultada para otros barrancos de la zona se sabe que sobre este cauce se actuó unos años después de comenzar las obras en el Bco. Arás. Así pues, en función de las fechas señaladas, es muy posible que estas dos fotos representen obras realizadas en esos momentos sobre el Barranco Arguisal. Hay que señalar además la dificultad añadida que supone intentar identificar estos diques fotografía en mano. Resulta que todos estos diques fueron reconstruidos o bien recrecidos en fechas indeterminadas por lo que su morfología cambió considerablemente.
                      Trabajadores en plena faena durante las obras de corrección del Bco. Arguisal en 1916.                                 Foto: Archivo Cartagra
      De los diques contruídos en el Barranco de la Fuente es muy posible que no aparezcan en ninguna de las fotografías localizadas. En él hay al menos un par de diques que confirman lo dicho hasta ahora pues presentan también signos evidentes de haber sido recrecidos en algún momento. No hay unanimidad entra los vecinos de Arguisal a la hora de fijar la fecha de los recrecimientos si bien esta puede fijarse de 1971 en adelante. De la numerosa documentación que he consultado sobre el Patrimonio Forestal del Estado (PFE) no he encontrado ningún expediente sobre tales obras de recrecimiento. Esto me invita a pensar que esos trabajos se realizaran durante los primeros años de existencia del organismo que sustituyó al anterior y que se denominó ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza).
Dique y contradique en el Bco. de la Fuente. Foto: Archivo Cartagra

      Pero aún nos queda otro barranco sobre el que hablar. Entre los pueblos de Arguisal y Escuer hay otro cauce sobre el que también se ralizaron obras de corrección hidrológico forestal. Este hace a su vez de huega entre los dos pueblos anteriores, se le conoce como Barranco Millarones aunque algún mapa de la époco también lo denomina Bco. de la Huega. En él podemos observar hasta tres diques consecutivos. El más grande de ellos también presenta rasgos evidentes de haber sido recrecido en su momento. 
        Dique y contradique en el Bco. Millarones.
Foto: Archivo Cartagra
Dique en el Bco. Arguisal junto a la carretera de
acceso a Arguisal. Foto: Archivo Cartagra
      En la actualidad los diques existentes tanto en el Barranco Arguisal, en el Barranco de la Fuente como en el Barraco Millarones, están totalmente integrados sobre el terreno y permanecen semiocultos por la vegetación que ha crecido de forma inexorable estos años. Muchos de los muretes y canalizaciones apenas se pueden distinguir entre la maraña de barzas, gabarderas y otras matas. Desde el mismo momento de su construcción, todos estos diques han cumplido de forma impecable con la función para la que en su día fueron diseñados y han contenido de forma eficaz cuantos arrastres les han llegado. La mejor forma se confirmar esta eficacia ha sido la comprobación de que casi todos ellos fueron recrecidos años después tras quedar colmatados por los áridos retenidos. Hay que señalar por último que una gran parte de la culpa del buen comportamiento de estos diques hay que buscarlo también en las repoblaciones forestales que en su día realizó el PFE sobre la cabecera de estos barrancos. Así es como el paraje de Lacunas se presenta en la actualidad totalmente cubierto por un espeso bosque de pino silvestre. Si comparamos la foto inferior con la incluida a mitad de este post, datada hacia 1935, podremos comprobar el aspecto de este paraje antes y después.
Ubicación espacial de dos de los tres barrancos aquí tratados con respecto al pueblo de Arguisal. Foto: Archivo Cartagra

Bibliografía y fuentes:
(1)  Revista Montes, nº 1088; Madrid, 1923.
(2)  Archivo Servicio Provincial Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Huesca.





















lunes, 23 de septiembre de 2013

El Barranco Escuer



Hasta ahora hemos descrito los trabajos de hidrología más importantes realizados en la ribera del río Gállego, los cuales coincidieron con los cauces del Bco. Arás y del Bco. Arratiecho. Aunque de menor entidad, hay otros afluentes del Gállego sobre los que también se ejecutaron trabajos de corrección. Algunos de estos trabajos se realizaron durante la existencia de la ya mentada 6ª División Hidrológico-Forestal. Otros realizados unos cuantos años más tarde corrieron ya a cargo de un nuevo organismo. Me estoy refiriendo al Patrimonio Forestal del Estado (PFE), creado en marzo de 1941, el cual vino a sustituir a la 6ª DHF. En una futura entrada hablaré largo y tendido de este nuevo organismo pues su labor en la provincia de Huesca fue más que considerable tanto por la envergadura de los trabajos acometidos como por la prolongación en el tiempo de los mismos.

Portada del proyecto redactado por Genaro Brun.
en 1935. Foto: Archivo Cartagra
 Todos los cauces citados en anteriores entradas más otros que se incluirán próximos post,  quedaron incluidos en un completo estudio que abarcó toda la cuenca del Río Gállego. Ese documento fue redactado por Pedro Ayerbe y fechado un 25 de noviembre de 1902. El conjunto de esta cuenca según sus cálculos abarcaba unos 1.700 km² los cuales dividió en 12 Secciones compuestas a su vez de un número variable de Perímetros (1). Aunque no sería hasta 1935 cuado este cauce dispusiera de un proyecto específico para el Barranco de Escuer el cual fue redactado por el ingeniero Genaro Brun Arqué. Si bien, aquél proyecto no fue aprobado por el Ministerio de Agricultura hasta el 1 de marzo de 1940. Hasta ese momento, la 6ª División Hidrológico Forestal trabajó en este cauce a base de propuestas anuales. 


 Su cauce tiene 2.750 m de longitud mientras que su cuenca abarca 357 Ha y según una publicación de la época “Es uno de los torrentes que muestra de manera más patente los desastrosos efectos que produce la denudación en los terrenos margosos. Únicamente la lucha por la existencia, la satisfacción de la primera necesidad y la ignorancia, por no llamarla egoísmo, del presente, pudo inducir a los vecinos del citado pueblo a roturar casi totalmente la cuenca de recepción del torrente”. Debido a aquella situación, este cauce fue en su momento tan activo como cualquier otro de la zona. De las consecuencias de la falta de vegetación en su cabecera habla una nueva cita: “El cono de deyección, no menos importante que el del Torrente Arás, ocasiona análogos accidentes en la carretera, que queda destruida e intransitable en cada avenida. Y como ambos conos distan entre sí pocos metros, se ha dado repetidas veces el caso de que, después de atravesar con dificultades el cono del Escuer, esté infranqueable el Torrente Arás, y, al tratar de retroceder, no haber posibilidad de atravesar nuevamente el Escuer, por haber aumentado la crecida.” (1).

Ubicación prevista para el nuevo. Foto: Cartagra


El lamentable estado de su cabecera permitió que la erosión actuara de forma intensa sobre ella. Parece ser que los arrastres derivados de la misma favorecieron que en varios puntos de su cabecera, el lecho de desagüe quedara soterrado. Eso permitió que la corriente principal buscara un nuevo paso y lo hiciera más hacia la ladera izquierda y bastante próxima al pueblo de Escuer (2). El propio Tomás Ayerbe describió aquella situación en las páginas de la Revista Montes en los siguientes términos: “Resultado de tal proceso de destrucción: desaparición de casi la totalidad del arbolado del monte y de los cultivos, que han tenido que ser abandonados; aterramiento de la mayor parte de la vega, y amenazado tan seriamente el poblado, que, en evitación de una catástrofe, se dispone el vecindario en masa a abandonarlo y a emplazarlo de nuevo en una parte del lecho de deyección, garantizado de todo peligro por los trabajos de corrección a realizar… De no existir el servicio hidrológico-forestal, que bien merece el calificativo de providencial, el pueblo de Escuer desaparecería y sus moradores tendrían que buscar en la emigración su necesario sustento” (3).

Durante la primera fase de los trabajos que se ejecutaron en este cauce fue cuando el ingeniero Ayerbe consideró necesario disponer de una infraestructura mínima para poder acometer con más garantías los trabajos de corrección de este cauce. Eso supuso según su criterio la necesidad de contar con un vivero en las proximidades así como una casa forestal en la que viviera al menos un guarda. Él habría de ser el encargado de la vigilancia y control tanto de las obras como del monte, y así mismo, también del funcionamiento del vivero que fue dedicado a San Francisco de Asís, patrono de los forestales.
 Construcción de la casa forestal de Escuer y del vivero de San Francisco hacia 1910. Colección Tomás Ayerbe
La casa forestal de Escuer en la actualidad está cerrada y en su vivero hace años que no se produce planta. 
     Foto: Archivo Cartagra




Según continuó relatando el propio Ayerbe, todos los vecinos de Escuer estaban convencidos de la peligrosa situación en la que se encontraban un buen número de casas de este pueblo. Parece ser que ante la inminencia de algún derrumbe, los vecinos estaban dispuestos a que tanto los terrenos sobre los que se asentaba el pueblo como los escasos campos de cultivo que poseían, fueran declarados como “patrimonio comunal”, lo cual habría de facilitar sobremanera la ejecución de los trabajos hidrológicos, especialmente los de la repoblación forestal de su cuenca. Como contrapartida, la 6ª DHF se comprometió a elaborar los planos del nuevo pueblo de Escuer que se pensaba construir cauce abajo y no muy lejos de la orilla del Río Gállego. Los vecinos solicitaron más ayudas a la administración forestal pues parece que no contaban con suficientes recursos: “La mayor dificultad que para la solución del problema se presentaba al vecindario era la de lograr siquiera fuera un pequeño auxilio para la construcción de sus nuevas viviendas; pero esta incógnita también ha sido despejada con alguna aproximación, dado que no se trata de construir palacios, sino humildísimas casas, con notorio beneficio para los vecinos y para el Estado” (3). Una nueva referencia a aquella situación nos cuenta que para finales de 1923 ya había varias casas abandonadas en Escuer y otras “agrietadas y desmoronándose” (4).

Aspecto actual del conjunto de la cuenca del Bco. Escuer en el que se aprecia perfectamente el cono de deyección (delimitado por líneas rojas) y la ubicación de los dos núcleos. Foto: Archivo Cartagra
 La aproximación a la que se refirió Ayerbe será explicada a continuación. Los ingenieros de la 6ª DHF se dieron cuenta que en la cabecera de la cuenca no había canteras de las que extraer buenas piedras para emplearlas en la construcción de los diques previstos. Parece ser que con la acumulada en el propio lecho del Bco. Escuer era insuficiente por lo que la única solución pasaba por subirla con caballerías nada menos que desde el cono de deyección de este cauce. El propio Ayerbe tuvo clara la inviabilidad de aquella opción: “…y subida a los emplazamientos -de los diques- a lomo, por no existir camino carretero ni ser económicamente práctico el construirlo. El transporte en tales condiciones sería costosísimo y poco menos que imposible de realizar” (3). Al mismo tiempo, los vecinos de Escuer se encontraron con otro problema para construir sus nuevas casas. En un primer momento se habían planteado deshacer sus casas originales y bajarse la piedra hasta el nuevo emplazamiento del pueblo y usarla para las nuevas casas. Aquel planteamiento suponía también un esfuerzo en tiempo y esfuerzo que se antojaba inviable.

Dique de cierre original construído hacia 1920. Foto: Archivo Cartagra
El mismo dique en la actualidad. Obsérvese como en su día fue recrecido a partir de la cota del vertedero de aguas debido muy posiblemente a la colmatación del mismo. Foto: Archivo Cartagra
Debió ser el propio Tomás Ayerbe quien propuso a los vecinos una opción que podría beneficiar a todas las partes. En vez de describirla recuperaré textualmente el párrafo donde quedó expuesta “La solución, por consiguiente, está en adquirir para los trabajos de corrección en la cuenca la piedra de las casas del actual pueblo, de las que los vecinos no utilizarán más que las maderas y material de las cubiertas aprovechable; piedra que están dispuestos a ceder a muy bajo precio. El importe de ellas les suministra recursos para sus obras, y el Estado economizará una respetable cantidad, por el notablemente menor coste del repetido material al pie de los emplazamientos de las correcciones a construir… Véase con qué relativa facilidad un pueblo llamado a desaparecer se erguirá de nueva planta y contará con monte y vega suficiente a llenar sus necesidades” (3). Aquella propuesta fue finalmente aceptada y los vecinos comenzaron a extraer toda la piedra necesaria del mismo cono de deyección del Bco. Escuer, muy cerca del emplazamiento escogido para el nuevo pueblo. Cabe señalar aquí también que el Estado, tal y como reconociño este ingeniero, ya tenía calcula la forma de resarcirse de parte de esos gastos, mediante los impuestos de contribución que aplicaría a las 800 Ha que suponía la totalidad del monte de Escuer así como otras 100 Ha de campos de cultivo.

Aspecto de los trabajos de corrección poco después de su conclusión. Foto: Archivo Cartagra
Vista actual del mismo lugar de la anterior foto donde se aprecia como la vegetación cubre la mayoría de los muros y hasta el dique de consolidación del fondo del barranco. Foto: Archivo Cartagra
Pero como ya se dijo al principio de este post, el proyecto definitivo y específico para este barranco no se aprobó hasta marzo de 1940. El ingeniero Genaro Brun calculó para su ejecución un montante total que ascendió a 1.460.882,86 Pts. Esa cifra la desglosó del siguiente modo: trabajos de repoblación: 96.931,96 Pts; trabajos de corrección: 1.219.566,18 Pts; trabajos auxiliares: 12.750 Pts y gastos generales: 131.634,72 Pts.

Dame coiffe o señorita en formación en el tramo 
medio del Bco. Escuer. Foto: Archivo Cartagra
Los trabajos forestales consistieron en la plantación de resinosas en unas 195 Ha de su cuenca. Otras 100 Ha estaban ocupadas por pastizales, zonas aisladas de arbolado, el pueblo y caminos. La plantación, según el proyecto, debía hacerse con una densidad de 2.500 hoyas por hectárea. Además el proyecto decía que: "Las 13,43 hectáreas de laderas erosionadas y el cono de deyección de 53,48 hectáreas, se consolidarán con especies rústicas de gran raigambre y rápido crecimiento tales como salix, abedul, acacias, etc. Los trabajos de corrección contemplados fueron la construcción de muretes de mampostería siguiendo las curvas de nivel y gaviones, intercalando entre ellos enfaginados nada menos que hasta 35 km. En la zona de la garganta se consideró que lo más conveniente era construir varios diques de consolidación. Entre los 9 diques de primer órden y un número indeterminado de diques secundarios sumaban un total de 28.000 metros cúbicos de mampostería hidráulica. A esa cifra había que añadir otros 18.000 más entre gaviones y muros. Dentro de los trabajos auxiliares se contempló la construcción de hasta 6 km de sendas de un metro de anchura así como un albergue donde guardar herramientas, material o poderse guarecer los propios obreros. Dejó para último momento, una vez construidos los diques y comprobada su efectividad, la necesidad de llegar aconstruir una canalización de este cauce dentro de su cono de deyección (5).

Dique de consolidación en el tramo rmedio 
del Bco. Escuer. Foto: Archivo Cartagra

Una nueva justificación de la necesidad de intervenir sobre este cauce la encontramos en la propia memoria de este proyecto: “Es por tanto tan necesaria la corrección del Escuer como la del Arás que deben llevarse conjunta y rápidamente a fin de evitar se prolongue la situación actual de abandono y de peligro en la circulación de una vía tan importante como el camino a Francia”. Parece ser que los cortes en aquella carretera habían ocasionado numerosas quejas por parte de diferentes ayuntamientos y de la Sociedad de Turismo. Como consecuencia de lo descrito hasta ahora, sobre este cauce ya se había intervenido aun sin contar con un proyecto que abarcara toda su cuenca. Esto se hizo necesario pues según este ingeniero la erosión afectaba a  nada menos que 13,43 Ha, principalmente en su tramo medio más estrecho. Por este motivo se construyeron dos diques diferentes en su cauce hacia 1925 y unos años más tarde fue necesario recrecerlos y consolidarlos pues presentaban deterioros importantes (5). Llama la atención que en ningún punto de este proyecto se vuelve a hacer referencia sobre el riesgo de derrumbe de algunas construcciones del pueblo original de Escuer. Cabe interpretar pues que los primeros trabajos realizados hacia 1920-25 debieron servir al menos para contener la situación. Es muy posible también que las casas que más riesgo de desmoronamiento corrían fueran las primeras que se echaran abajo para aprovechar su piedra en la construcción de esos dos primeros diques.

 Ubicación de Escuer Alto con respecto a las 
zonas erosionadas. Foto: Archivo Cartagra


Tras la construcción sobre su cauce del primer dique con su respectivo contradique, el cual se ubicó a la salida del tramo más angosto de este barranco, el problema de los desbordamientos y el consecuente corte de la carretera que subía a Biescas y Valle de Tena debió quedar corregido definitivamente. Además de este dique de cierre, la 6ª DHF construyó algún dique más de primer orden aunque no se ha podido concretar su ubicación en la documentación consultada. Debieron ser seguramente restricciones presupuestarias las que acabaron imposibilitado la construcción de todas las obras previstas. Al final el número de diques previstos se redujo al igual que los muros, gaviones y enfaginados que se redujeron significativamente.
 
 La labor emprendida por ese organismo fue continuada por el Patrimonio Forestal del Estado y posteriormente por el ICONA. Entre todos ellos construyeron hasta diez diques de diferentes dimensiones y en distintas ubicaciones gracias a los cuales este cauce en la actualidad está totalmente corregido. Alguno de esos diques está prácticamente colmatado por los áridos que ha ido reteniendo en sucesivas avenidas. Otros todavía tienen capacidad suficiente antes de ser rellenados.

Hoy en día, transcurridos más de setenta y cinco años desde que el antiguo pueblo de Escuer fuera abandonado, este asiste desde hace no mucho tiempo a un proceso de rejuvenecimiento pues en los últimos años se han rehabilitado varias construcciones antiguas a modo de segunda residencia. Si alguien se anima a visitar el emplazamiento de Escuer Alto que es como se le conoce en la actualidad, le recomiendo que preste especial atención a una cosa. Debe mirar con detenimiento sobre la orilla izquierda el gran corte que presenta la ladera compuesta de flysh, un material que se disgrega muy fácilmente por la acción del agua. Así pues, viendo in situ la ladera erosionada y la estrecha garganta, uno puede hacerse un poco mejor idea de lo que es capaz el agua y como esta ha ido horadando poco a poco en busca del cauce al cual tributa su caudal, el Río Gállego.

Aspecto de los últimos diques construídos en la cabecera con hormigón armado por el ICONA.     
               Foto: Archivo Cartagra



(1): Reseña de los trabajos realizados por la División Hidrológico-Forestal de la Cuenca Inferior del Ebro y Pirineos Orientales en 1902, 1903 y 1904; Javier de Ferrer Lloret y José Reig Paláu; Madrid, 1905.

(2): Me estoy refiriendo al que actualmente se conoce como Escuer Alto el cual fue abandonado.

(3): Revista Montes, nº 1.077; Madrid, 1922.

(4): Revista Montes, nº 1.088; Madrid 1923.

(5): Archivo del Servicio Provincial de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Huesca