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lunes, 18 de noviembre de 2013

El factor humano (III)


          Cualquier trabajo, sea el que sea, debe contar necesariamente además de con una o varias cabezas pensantes encargadas del diseño y contenido del mismo, de muchas manos para poderlo ejecutar. Además, el número de estas siempre será proporcional a la envergadura y dimensiones de la obra que se piensa realizar. Es decir, cuanto más voluminosa o más complicada técnicamente hablando sea, mayor número de trabajadores habrán de ser necesarios para sacarla adelante. Y esta cuestión que bien podría ser considerada como una máxima, es perfectamente aplicable también al ámbito de los trabajos forestales que se abordan en este blog. Muy pocos trabajos u obras forestales se hubieran conseguido sacar adelante si no se hubiera contado con un número mínimo de trabajadores que garantizara su ejecución dentro de los plazos previstos. Sin esa mano de obra ni los ingenieros hubieran podido concluir su obra por muy completo y preciso que fuera su proyecto, ni los guardas habrían podido ejecutar su tarea de control y fiscalización de esos hombres.

Obreros realizando desmontes para construir terrazas siguiendo las curvas de nivel en las laderas de la cabecera del Barranco Arratiecho, hacia 1910. Foto: Colección Tomás Ayerbe
          Cada vez que se ha escrito o hablado sobre las diferentes obras de corrección hidrológico-forestal, el conjunto de los obreros implicados en las mismas ha sido generalmente el gran olvidado. Bien porque apenas se ha hecho referencia al mismo o bien porque directamente no se les ha mencionado. La intención de este post es precisamente evitar una vez más esa omisión y rendir a través del mismo, mi modesto reconocimiento a todos esos trabajadores forestales que a lo largo de muchísimos años intervinieron en las obras abordadas en este blog. Aun a pesar de las grandes diferencias que pudiera haber entre los proyectos originales de cada una de esas obras, en todos ellos siempre hubo una cuestión común. Era el apartado dedicado al personal a contratar y los jornales que a cada una de las categorías se debería pagar. Además, ese numeroso colectivo de obreros casi siempre estuvo organizado de una forma muy similar en la mayoría de obras.

Buyol usado para transportar agua 
en los trabajos forestales.
Foto: Archivo Cartagra

          Cuando los trabajos eran de mucha envergadura solía contratarse más de una cuadrilla de obreros, si bien cada una de ellas era empleada en cometidos diferentes dentro de la misma obra. La composición de cada una de ellas solía variar en cuanto al número de integrantes pero debían oscilar entre seis y ocho personas. Mientras, las cuadrillas que trabajaron en las repoblaciones forestales solían ser más numerosas llegando hasta la docena de individuos. Volviendo a las primeras y aclarado el número que las solían conformar hay que decir que su composición en cuanto a las categorías casi siempre correspondió también a un mismo perfil. En el puesto más básico se encontraba generalmente el pinche que solía ser al más joven de toda la cuadrilla. Su cometido principal fue el de aprovisionar de agua de boca a los demás integrantes de la cuadrilla. Para ello se ayudaba de un buyol o incluso de algún botijo en el que poder trasportar el agua de boca con la que saciar la sed de unos y otros. En muchos casos se trataba del hijo de alguno de los integrantes de la misma cuadrilla o en su defecto provenía del mismo pueblo de donde eran la mayoría de sus integrantes.

          La siguiente categoría, la de los peones, era la que tradicionalmente se encargaba de realizar algunos de los cometidos más duros. Entre ellos pueden citarse el amasado manual del cemento y el hormigón, del transporte de piedras en los balluartes -también llamados parihuelas- hasta el lugar donde habían de ser colocadas o acercar a los oficiales cuanta herramienta u objetos les solicitaran. Eran también los principales responsables de acometer el montaje y desmontaje de sencillos andamios; de achicar con pozales el agua que inundaba los cimientos pues para entonces no había ningún tipo de bomba mecánica que supliera esta labor o tener la herramienta siempre limpia y lista para su uso. En algunos casos también fueron los encargados de ejecutar las perforaciones en la roca para su posterior voladura. El empleo de métodos manuales para el barrenado de la roca resultó ser siempre muy lento y penoso. La llegada de las primeras barrenadores mecánicas aún tardaría unos cuantos años. El empleo de esta técnica implicó a su vez que para la siguiente fase fuera necesario al menos una persona que supiera colocar la dinamita y los detonadores correctamente. La mayoría de las cuadrillas no contaban con dicha persona por lo que era habitual que se trajera a alguien de otro lado. En cualquier caso, esta categoría era la más abundante dentro de cada cuadrilla pues como ya ha quedado dicho, fue la que más cometidos y funciones solía tener asignados, suponiendo generalmente más de la mitad de los integrantes de la cuadrilla.
Obreros realizando diferentes fases del trabajo de construcción de un dique en el Barranco Arás. El empleo de balluartes para transportar piedras entre dos se convirtió en un útil imprescindible en estos trabajos.
Foto: Archivo Cartagra
Obrero, pala y carretillo, otra combinación muy
habitual en las obras de hidrología de los 
cauces de la provincia de Huesca.
Foto: Archivo Cartagra

          Como última categoría encontramos a los oficiales. Estos solían dominar varias facetas como eran la albañilería y la cantería. La mayoría de los diques se construyeron usando piedras procedentes de una formación conocida como flysh muy abundante en el Prepirineo cuyas piedras tenían una forma paralelepípeda casi perfecta. A pesar de lo dicho, era muy habitual tener que retocar parcialmente muchas de ellas para lo cual se requería una experiencia y un conocimiento previo que sólo se obtenía con los años. Durante el primer cuarto de siglo XX los canteros de Biescas llegaron a alcanzar un gran fama y reconocimiento siendo muy buscados incluso al otro lado de la frontera. Muchos años más tarde, en la década de los sesenta, los canteros de Biescas y alrededores fueron masivamente contratados para las obras que se realizaban en la construcción de las pistas de esquí de Formigal. En los hoteles y edificios de nueva construcción la piedra fue un elemento muy empleado. Aquella circunstancia obligó a buscarlos fuera lo que permitió la llegada hasta la zona de canteros gallegos. Además, también se hizo necesario que la administración forestal igualara el jornal que pagaban en las obras del Valle de Tena para garantizarse la consecución de los canteros necesarios.  

          La única ayuda con la que contaron aquellos hombres en todo este tipo de obras, si es que así puede llamarse, fue la tracción animal. Es decir, gracias al uso de caballerías, bien fueran machos, caballos o burros, estos sirvieron para diferentes cometidos. En unos casos subieron cargados con sacos de cemento o bidones de agua hasta lugares de muy mal y largo acceso. En otros casos sirvieron para mediante el empleo de esturrazos arrastrar pesadas piedras que sería imposible moverlas ni a mano ni con la ayuda de balluartes. Hay que señalar también que no todo el mundo era capaz de desempeñar este trabajo. Unas veces era el caballo el que no obedecía al hombre mientras que otras veces era la persona quien no sabía dar las instrucciones correctas ni tampoco interpretar las reacciones del animal. Para evitar eso, siempre se contrataba juntos a la caballería y a su dueño pues de esa forma se garantizaba el buen funcionamiento de este binomio. A pesar del uso de estos animales de carga, las condiciones del trabajo siguieron siendo muy duras y exigentes para los hombres implicados en las mismas.
Caballerías provistas de esturrazos con los que conseguían arrastrar piedras de gran peso imposibles de mover a mano. Foto: Archivo Cartagra
          Donde verdaderamente se notaba si la cuadrilla contaba con unos buenos canteros era cuando el dique estaba a punto de ser concluido y mostraba ya acabados los diferentes mechinales. En estos amplios ventanales se requería el empleo de piedras trabajadas de forma muy diferente pues por un lado predominaban las terminadas en forma de esquina, y por otro, las semicurvas que conformaban el arco superior de cada mechinal que era el encargado de soportar y repartir el peso de la parte superior del dique. Tanto el ingeniero responsable del proyecto como el guarda encargado de esa obra sabían distinguir muy bien la calidad de esas piedras trabajadas por lo que enseguida comprobaban el grado de profesionalidad de los canteros. 
En la construcción de diques como este del Barranco Estiviellas es donde resultaban ser imprescindibles unos buenos canteros capaces de trabajar cualquier tipo de piedras. Foto: Fototeca DGB-INIA
          Al margen de las cuadrillas empleadas en la construcción de los diques, hubo también personal local que se empleó en otros cometidos como fue la construcción y mantenimiento de viveros forestales. Estas instalaciones resultaron ser básicas para poder ser autosuficientes y disponer de las plántulas necesarias para acometer las repoblaciones forestales. Estas fueron siempre el complemento imprescindible a la construcción de los diques pues eran la mejor forma de consolidar terrenos erosionados. Las tareas dentro de un vivero también fueron muy numerosas y variadas pues había que conseguir semillas de varias especies, sembrarlas en la época apropiada, atender a su riego, labores de escarda, de trasplantado, repicado, etc. Todas estas labores se realizaban de forma totalmente manual por lo que la mano de obra también resultó ser imprescindible.

Obreros en los trabajos de acondicionamiento del vivero de Arratiecho en Biescas, hacia 1910.
 Foto: Archivo Tomás Ayerbe

Guarda y obrero fueron las dos categorías que 
más interactuaron en los trabajos forestales. 
Foto: Colección Tomás Ayerbe.

            Por último me referiré a la persona que ejercía las funciones de responsable en cada una de las cuadrillas, independientemente que trabajara en la construcción de diques, en el mantenimiento de viveros o en las repoblaciones. En todas estas cuadrillas había un encargado que era quien respondía por todo el grupo a su cargo y que se constituía en el único interlocutor frente al guarda o al ingeniero. A él le correspondía comunicar el accidente o la baja de alguno de sus hombres, la supervisión del trabajo realizado diariamente o la reclamación laboral pertinente. En muchos casos era también a esta persona a quien se le pagaba semanalmente el importe total de los jornales correspondientes a los integrantes de su cuadrilla. Posteriormente, él se encargaba del reparto entre cada uno de los integrantes de su cuadrilla. En su relación con el Guarda Forestal no faltaron los roces y las desavenencias. En unos casos debió tener que soportar la arbitrariedad de la que pudiera hacer gala el Guarda Forestal. En otros, las disputas surgían sencillamente como consecuencia de unas condiciones laborales muy exigentes a cambio de unos jornales escasos que apenas permitían salir adelante a esos hombres y a sus respectivas familias.

          Fueron años de trabajos duros que requirieron un gran sacrificio por parte de aquella numerosa mano de obra y donde sus derechos debieron ser tan escasos como el de los jornales que cobraban. Donde la principal y única motivación de aquellos hombres, como siempre ha sucedido, no era otra que la de llevar un jornal a casa para intentar sacar la familia adelante. Por cierto, hubo trabajos en los que hasta los integrantes de la propia familia acabaron implicándose en el trabajo del cabeza de familia. Así quedó reflejado en una magnífica fotografía realizada a principios de siglo XX por Pedro Ayerbe en el Barranco de Arratiecho.
Familiares de los trabajadores en las obras del Barranco Arratiecho llevándoles la comida en cestas, hacia 1910.
 Foto: Archivo Tomás Ayerbe
          Sin duda alguna, sin la numerosa mano de obra, tanto local como foránea, todas las obras forestales acometidas en el norte de la pronvincia de Huesca no habrían podido ejecutarse. Sirvan estas líneas, como ya ha quedado dicho, para poner en valor y reconocer públicamente el papel jugado por este colectivo.








miércoles, 6 de noviembre de 2013

El factor humano (I)

          Todas las obras descritas hasta ahora son sólo una muestra del total de las que se llegaron a efectuar en el norte de la provincia de Huesca a lo largo del último siglo. Como ya ha quedado dicho, la mayoría de ellas fueron ejecutadas básicamente por la administración central a través de dos organismos autónomos, la 6ª División Hidrológico Forestal (6ª DHF) y el Patrimonio Forestal del Estado (PFE). Aún hubo otra serie de obras ejecutadas por otro nuevo organismo, el ICONA, sucesor del PFE. Durante los últimos años, algunas de estas obras fueron ejecutadas por el Gobierno de Aragón en colaboración con la administración central. Los beneficiosos efectos conseguidos por estas obras, tanto por sí solas dentro de su cuenca respectiva, en su conjunto dentro de un mismo cauce, como la totalidad de las ejecutadas entre todas las cuencas afectadas, son muy difíciles de valorar. A pesar de lo dicho hay interesantes iniciativas que buscan una método óptimo para conseguir una valoración eficaz y proporcionada, basada en unos criterios claros y bien definidos (1). Dejaré que sean otros quienes se encarguen de trabajar en esa línea pues debo reconocer que dicha cuestión queda fuera de mi alcance.

Portada de uno de los múltiples proyectos 
redactados por los ingenieros de montes.
Foto: Archivo Cartagra
            Mi intención aquí y ahora, mucho más modesta, se limitará a hablar algo sobre el imprescindible componente humano que hubo detrás de todos los trabajos referidos en anteriores posts. Se tratará de una valoración totalmente ajena a las cuestiones técnicas o ingenieriles contempladas en los proyectos de esas obras. Simplemente me planteo resaltar el papel desempeñado por los diferentes colectivos que participaron de una forma activa en los mismos. Creo que el cometido realizado por esos hombres siempre ha sido infravalorado y pocos han sido quienes les han dedicado un mínimo de tiempo a su recuerdo y por su puesto a su reconocimiento.

            Este personal al que hasta ahora me he referido se puede clasificar perfectamente en tres grandes grupos a tenor de sus cometidos, claramente definidos para todos ellos. En primer lugar encontramos a los ingenieros de montes quienes fueron siempre los máximos responsables de los diferentes proyectos. Le siguió el colectivo conformado por los guardas forestales que se constituyeron durante muchos años en los ojos de los ingenieros cuando estos estaban ausentes de las obras. En último lugar se encuentra el más numeroso en cuanto a individuos se refiere que fue el compuesto por los obreros y las diferentes categorías que entre ellos existieron. Sin la participación de todos ellos, de una forma jerarquizada, coordinada y con unos cometidos tan claramente definidos, podemos estar bien seguros que los resultaos obtenidos no hubieran sido para nada los mismos.
 
            Siguiendo el orden más lógico, comenzaré refiriéndome a los Ingenieros de Montes. Todos ellos estudiaron en la Escuela Especial de Ingenieros de Montes de Madrid, la única que existió en España durante muchos años. Años más tarde se creó, también en Madrid, la Escuela de Ingenieros Técnicos Forestales, los cuales también participaron de forma activa. Gracias a los conocimientos de unos y otros se llegaron a redactar infinidad de proyectos en los que se plasmaron las diferentes actuaciones a realizar con el objetivo último de corregir, hidrológicamente hablando, numerosos cauces.  En esos proyectos contemplaron también otra serie de obras y trabajos de vital importancia para conseguir el anterior fin, como fueron las repoblaciones forestales sobre laderas descarnadas o apertura de caminos.

Promoción de ingenieros de montes en 1887. Pedro Ayerbe es el primero sentado por la derecha. 
 Foto: Colección Tomás Ayerbe

             Pero sin lugar a dudas, quienes más difícil lo tuvieron fueron aquellos a los que les tocó abrir brecha. Y como no puede ser de otra manera, entre aquellos pioneros es obligado citar los nombres de los aragoneses Pedro Ayerbe y Benito Ayerbe. A ambos dos les tocó hacer frente a sendos proyectos, a cual más comprometido. Al primero se le encomendaron los trabajos de corrección hidrológico forestal de la Cuenca del Río Gállego. Los cauces del Barranco Arratiecho y el Barranco Arás son los dos mejores ejemplos de su buen hacer. A su primo Benito le tocó garantizar la integridad de la estación internacional de ferrocarril que se había de construir en el llano de Los Arañones, cerca del pueblo de Canfranc. Los diferentes barrancos que rodeaban esa zona durante el invierno se convertían en verdaderas lanzaderas por donde descendían ingentes cantidades de nieve en forma de aludes muy destructivos. Fruto de su gran capacidad observadora sobre los fenómenos naturales, Benito diseñó un nuevo tipo de dique hasta entonces desconocido. Fue él quien inventó el dique vacío y que tan buenos resultados dio en la contención de aludes.

Ingeniero desconocido tomando notas de 
campo para redactar el posterior proyecto.  
Foto: Archivo Cartagra  


           Aún hay que señalar un nuevo miembro de la saga de los Ayerbe. Se trató de José María Ayerbe Vallés, hijo de Pedro Ayerbe. Este fue en gran medida el encargado de continuar con la labor realizada tanto por su padre  como por Benito Ayerbe. Él se encargó del diseño, proyección y ejecución de obras de contención de aludes tanto en el entorno del Balneario de Panticosa como de la estación internacional de Canfranc. De su puño salieron proyectos como el de la defensa contra aludes del Balneario de Panticosa, en 1955, o el de la mentada estación de ferrocarril años atrás, en 1947.
 
            Pero hubo muchos más ingenieros de montes que desempeñaron su labor en esta provincia de forma discreta a la vez que constante. Mariano Borderas, quien tomó el relevo de Pedro Ayerbe en los trabajos del Barranco de Arás, o Genaro Brun quien hizo lo propio cuando en 1938 murió Borderas. Algo similar sucedió en 1917 a raíz de la muerte de repentina de Benito Ayerbe y fue un joven ingeniero llamada Florentino Azpeitia quien continuó con su labor. Tampoco hay que olvidar a otro abnegado ingeniero a quien le cediera el testigo José María Ayerbe. Me estoy refiriendo a José María Ruiz Tapiador quien años más tarde sería nombrado responsable de la Brigada de Hidrología de Huesca. De esta misma época, década de los sesenta del pasado siglo XX, también hay que recordar otros nombres como los hermanos Carlos y Antonio Revuelta Salinas o Jaime Jordán de Urriés y Azara. Por lo que se desprende de la documentación consultada hasta la fecha en diferentes archivos (2), mención especial merecen otros dos hombres pues durante los años de máximo apogeo del Patrimonio Forestal del Estado, se mostraron como unos de los ingenieros más activos y prolíficos de su momento. Me estoy refiriendo a Miguel Navarro Garnica y a Alfonso Villuendas Díaz.

 






 
















 
A la izquierda y de arriba a abajo, las firmas de los tres Ayerbe: José María, Benito y Pedro. Arriba a la derecha la de Mariano Borderas y abajo a la derecha la de José María Ruiz Tapiador. Fotos: Archivo Cartagra
         A buen seguro que se me quedan un buen número de ingenieros de montes y ayudantes en el tintero pero debo matizar que tampoco aspiro a enumerar a todos cuantos trabajaron a lo largo de tantos años en esta provincia. Simplemente pretendo rendir un homenaje a este colectivo de la misma manera que en los próximos posts lo haré con los otros citados al principio del presente.
Los Ayerbe en el centro, junto al Director General de Agricultura del momento, D. Texifonte Gallego (a la izda.), durante la visita realizada al dique nº 3 del Torrente Epifanio, dentro de las obras de correción de la estación de Canfranc. Foto: Archivo Tomás Ayerbe 

 
 
Fuentes y bibliografía:

- (1): Criterios cuantificadores para evaluar los efectos de las restauraciones efectuadas en las cuencas de montaña del Pirineo Aragonés en la primera mitad del siglo XX; Fábregas Reigosa, S., Mintegui Aguirre, J.A., Fábregas Reigosa, J.I., Hurtado Roa, R., Robredo Sánchez, J.C. y  Huelín Rueda, P.
 
- (2): Archivo Histórico Provincial de Huesca y Archivo del Servicio Provincial de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón en Huesca.


domingo, 29 de septiembre de 2013

Los barrancos de Arguisal

  En este nuevo post sobre los trabajos de hidrología realizados en la ribera del Río Gállego abordaremos los diferentes cauces existentes en el entorno del pueblo de Arguisal, aguas abajo del pueblo de Escuer. La necesidad de la realización de estos trabajos hay que buscarla, al igual que para los cauces ya descritos hasta ahora, en el fuerte carácter torrencial de los mismos debido principalmente a los avanzados procesos erosivos existentes en distintos puntos de sus cabeceras o tramos intermedios. También, en las consecuencias negativas que dicha erosión producía sobre alguna infraestructura pública como era en este caso la carretera que llevaba a Biescas y al Valle de Tena o incluso el riesgo para alguna casa de Arguisal.
   La primera reseña sobre estos trabajos se remonta a 1923. Se trata de una nota muy escueta dentro de un artículo aparecido en la Revista Montes que decía lo siguiente: “Aparte de la defensa del pueblo, el Arguisal amenaza una parte importante de la vega del Gállego y la misma carretera que interrumpía el Arás. Los daños que en esta vía pública causó hasta el día este torrente han sido menores, en apariencia al menos, que los causados por el Arás, porque es torrente de menos cuenca y de más reciente formación” (1). Poca información nos aporta esta cita aunque ya deja entrever que el pueblo de Arguisal corría peligro y debía ser defendido. A pesar de la reducida cuenca de captación de este cauce, su trazado discurría muy próximo al pueblo por lo que los vecinos ya habían dado la voz de alarma tras comprobar la capacidad erosiva en diferentes crecidas. De hecho las fotos antiguas localizadas (2) nos demuestran que para 1913 ya habían comenzado los trabajos de hidrología en este cauce, los cuales consistieron en la canalización de un corto tramo del mismo. Esos trabajos continuaron en 1914 con la canalización de un nuevo tramo que incluyó la construcción de al menos dos pequeños diques. En 1916 los trabajos afectaron a otro tramo y consistieron en la construcción de otros dos diques de unos tres metros de altura cada uno.  
Aspecto de las obras en el cauce del Bco. Arguisal hacia 1913. Foto: Archivo Cartagra

Otra vista de las obras sobre seguramente el Barranco Arguisal en 1914. Foto: Archivo Cartagra
  A falta de documentos que nos describan con más detalle la ubicación y el tipo de obras, deberemos una vez más guiarnos por las fotografías localizadas. Así sabemos que para 1926 se construyó otro dique de mampostería hidráulica y que por encima del mismo se canalizó un tramo de unos cien metros escasos. Al año siguiente, en 1927, se construyó un nuevo dique cauce arriba del anterior.
 Trabajos de corrección realizados en diferentes años sobre el cauce del Bco. Arguisal. El dique nº 3 fue construído en 1926 mientras que el marcado con el nº 4 se construyó en 1927. Foto: Archivo Cartagra
  Tampoco se ha podido concretar la fecha, pero aproximadamente entre 1930-35 se intervino en un nuevo tramo de su cauce. Así fue como se realizó una nueva canalización justo por encima de la carretera que comunica Sabiñánigo con Biescas. Esta fue una obra vital pues con su ejecución se evitaron los habituales cortes de esta vía debido a los desbordamientos del Bco. Arguisal y a los numerosos arrastres de áridos que traían consigo. Estos, al igual que sucedía con el Barranco Arás, en más de una ocasión implicaban el corte al tráfico rodado de esa carretera.

            Canalización del tramo final del Bco. Arguisal para evitar aportes de áridos a la carretera que une Sabiñánigo con Biescas, hacia 1935.
                                                                                          Foto: Archivo Cartagra
A la izquierda de la imagen y semioculta por la vegetación se encuentra la canalización que se muestra en la anterior imagen. Foto: Archivo Cartagra
    Antes de concluir con este cauce es obligatorio hacer varias consideraciones importantes. El pueblo de Arguisal se encuentra flanqueado por dos barrancos diferentes y sobre ambos se efectuaron trabajos de corrección hidrológico forestal. El situado al sur del pueblo es el conocido como Barranco de Arguisal mientras que el situado al norte se denomina como Barraco de la Fuente. Sólo se han podido que localizar las fotografías sueltas que acompañan este post (2) y hasta ahora no se ha encontrado ningún documento escrito o proyecto que permita aclarar qué diques se construyeron en uno u otro cauce. Las fotografías datadas en 1913 y 1914 no permiten distinguir sobre cual de los dos cauces se asientan. La de 1916 muestra casi con toda seguridad el Barranco Arguisal. Según la dumentación antigua consultada para otros barrancos de la zona se sabe que sobre este cauce se actuó unos años después de comenzar las obras en el Bco. Arás. Así pues, en función de las fechas señaladas, es muy posible que estas dos fotos representen obras realizadas en esos momentos sobre el Barranco Arguisal. Hay que señalar además la dificultad añadida que supone intentar identificar estos diques fotografía en mano. Resulta que todos estos diques fueron reconstruidos o bien recrecidos en fechas indeterminadas por lo que su morfología cambió considerablemente.
                      Trabajadores en plena faena durante las obras de corrección del Bco. Arguisal en 1916.                                 Foto: Archivo Cartagra
      De los diques contruídos en el Barranco de la Fuente es muy posible que no aparezcan en ninguna de las fotografías localizadas. En él hay al menos un par de diques que confirman lo dicho hasta ahora pues presentan también signos evidentes de haber sido recrecidos en algún momento. No hay unanimidad entra los vecinos de Arguisal a la hora de fijar la fecha de los recrecimientos si bien esta puede fijarse de 1971 en adelante. De la numerosa documentación que he consultado sobre el Patrimonio Forestal del Estado (PFE) no he encontrado ningún expediente sobre tales obras de recrecimiento. Esto me invita a pensar que esos trabajos se realizaran durante los primeros años de existencia del organismo que sustituyó al anterior y que se denominó ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza).
Dique y contradique en el Bco. de la Fuente. Foto: Archivo Cartagra

      Pero aún nos queda otro barranco sobre el que hablar. Entre los pueblos de Arguisal y Escuer hay otro cauce sobre el que también se ralizaron obras de corrección hidrológico forestal. Este hace a su vez de huega entre los dos pueblos anteriores, se le conoce como Barranco Millarones aunque algún mapa de la époco también lo denomina Bco. de la Huega. En él podemos observar hasta tres diques consecutivos. El más grande de ellos también presenta rasgos evidentes de haber sido recrecido en su momento. 
        Dique y contradique en el Bco. Millarones.
Foto: Archivo Cartagra
Dique en el Bco. Arguisal junto a la carretera de
acceso a Arguisal. Foto: Archivo Cartagra
      En la actualidad los diques existentes tanto en el Barranco Arguisal, en el Barranco de la Fuente como en el Barraco Millarones, están totalmente integrados sobre el terreno y permanecen semiocultos por la vegetación que ha crecido de forma inexorable estos años. Muchos de los muretes y canalizaciones apenas se pueden distinguir entre la maraña de barzas, gabarderas y otras matas. Desde el mismo momento de su construcción, todos estos diques han cumplido de forma impecable con la función para la que en su día fueron diseñados y han contenido de forma eficaz cuantos arrastres les han llegado. La mejor forma se confirmar esta eficacia ha sido la comprobación de que casi todos ellos fueron recrecidos años después tras quedar colmatados por los áridos retenidos. Hay que señalar por último que una gran parte de la culpa del buen comportamiento de estos diques hay que buscarlo también en las repoblaciones forestales que en su día realizó el PFE sobre la cabecera de estos barrancos. Así es como el paraje de Lacunas se presenta en la actualidad totalmente cubierto por un espeso bosque de pino silvestre. Si comparamos la foto inferior con la incluida a mitad de este post, datada hacia 1935, podremos comprobar el aspecto de este paraje antes y después.
Ubicación espacial de dos de los tres barrancos aquí tratados con respecto al pueblo de Arguisal. Foto: Archivo Cartagra

Bibliografía y fuentes:
(1)  Revista Montes, nº 1088; Madrid, 1923.
(2)  Archivo Servicio Provincial Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Huesca.





















lunes, 23 de septiembre de 2013

El Barranco Escuer



Hasta ahora hemos descrito los trabajos de hidrología más importantes realizados en la ribera del río Gállego, los cuales coincidieron con los cauces del Bco. Arás y del Bco. Arratiecho. Aunque de menor entidad, hay otros afluentes del Gállego sobre los que también se ejecutaron trabajos de corrección. Algunos de estos trabajos se realizaron durante la existencia de la ya mentada 6ª División Hidrológico-Forestal. Otros realizados unos cuantos años más tarde corrieron ya a cargo de un nuevo organismo. Me estoy refiriendo al Patrimonio Forestal del Estado (PFE), creado en marzo de 1941, el cual vino a sustituir a la 6ª DHF. En una futura entrada hablaré largo y tendido de este nuevo organismo pues su labor en la provincia de Huesca fue más que considerable tanto por la envergadura de los trabajos acometidos como por la prolongación en el tiempo de los mismos.

Portada del proyecto redactado por Genaro Brun.
en 1935. Foto: Archivo Cartagra
 Todos los cauces citados en anteriores entradas más otros que se incluirán próximos post,  quedaron incluidos en un completo estudio que abarcó toda la cuenca del Río Gállego. Ese documento fue redactado por Pedro Ayerbe y fechado un 25 de noviembre de 1902. El conjunto de esta cuenca según sus cálculos abarcaba unos 1.700 km² los cuales dividió en 12 Secciones compuestas a su vez de un número variable de Perímetros (1). Aunque no sería hasta 1935 cuado este cauce dispusiera de un proyecto específico para el Barranco de Escuer el cual fue redactado por el ingeniero Genaro Brun Arqué. Si bien, aquél proyecto no fue aprobado por el Ministerio de Agricultura hasta el 1 de marzo de 1940. Hasta ese momento, la 6ª División Hidrológico Forestal trabajó en este cauce a base de propuestas anuales. 


 Su cauce tiene 2.750 m de longitud mientras que su cuenca abarca 357 Ha y según una publicación de la época “Es uno de los torrentes que muestra de manera más patente los desastrosos efectos que produce la denudación en los terrenos margosos. Únicamente la lucha por la existencia, la satisfacción de la primera necesidad y la ignorancia, por no llamarla egoísmo, del presente, pudo inducir a los vecinos del citado pueblo a roturar casi totalmente la cuenca de recepción del torrente”. Debido a aquella situación, este cauce fue en su momento tan activo como cualquier otro de la zona. De las consecuencias de la falta de vegetación en su cabecera habla una nueva cita: “El cono de deyección, no menos importante que el del Torrente Arás, ocasiona análogos accidentes en la carretera, que queda destruida e intransitable en cada avenida. Y como ambos conos distan entre sí pocos metros, se ha dado repetidas veces el caso de que, después de atravesar con dificultades el cono del Escuer, esté infranqueable el Torrente Arás, y, al tratar de retroceder, no haber posibilidad de atravesar nuevamente el Escuer, por haber aumentado la crecida.” (1).

Ubicación prevista para el nuevo. Foto: Cartagra


El lamentable estado de su cabecera permitió que la erosión actuara de forma intensa sobre ella. Parece ser que los arrastres derivados de la misma favorecieron que en varios puntos de su cabecera, el lecho de desagüe quedara soterrado. Eso permitió que la corriente principal buscara un nuevo paso y lo hiciera más hacia la ladera izquierda y bastante próxima al pueblo de Escuer (2). El propio Tomás Ayerbe describió aquella situación en las páginas de la Revista Montes en los siguientes términos: “Resultado de tal proceso de destrucción: desaparición de casi la totalidad del arbolado del monte y de los cultivos, que han tenido que ser abandonados; aterramiento de la mayor parte de la vega, y amenazado tan seriamente el poblado, que, en evitación de una catástrofe, se dispone el vecindario en masa a abandonarlo y a emplazarlo de nuevo en una parte del lecho de deyección, garantizado de todo peligro por los trabajos de corrección a realizar… De no existir el servicio hidrológico-forestal, que bien merece el calificativo de providencial, el pueblo de Escuer desaparecería y sus moradores tendrían que buscar en la emigración su necesario sustento” (3).

Durante la primera fase de los trabajos que se ejecutaron en este cauce fue cuando el ingeniero Ayerbe consideró necesario disponer de una infraestructura mínima para poder acometer con más garantías los trabajos de corrección de este cauce. Eso supuso según su criterio la necesidad de contar con un vivero en las proximidades así como una casa forestal en la que viviera al menos un guarda. Él habría de ser el encargado de la vigilancia y control tanto de las obras como del monte, y así mismo, también del funcionamiento del vivero que fue dedicado a San Francisco de Asís, patrono de los forestales.
 Construcción de la casa forestal de Escuer y del vivero de San Francisco hacia 1910. Colección Tomás Ayerbe
La casa forestal de Escuer en la actualidad está cerrada y en su vivero hace años que no se produce planta. 
     Foto: Archivo Cartagra




Según continuó relatando el propio Ayerbe, todos los vecinos de Escuer estaban convencidos de la peligrosa situación en la que se encontraban un buen número de casas de este pueblo. Parece ser que ante la inminencia de algún derrumbe, los vecinos estaban dispuestos a que tanto los terrenos sobre los que se asentaba el pueblo como los escasos campos de cultivo que poseían, fueran declarados como “patrimonio comunal”, lo cual habría de facilitar sobremanera la ejecución de los trabajos hidrológicos, especialmente los de la repoblación forestal de su cuenca. Como contrapartida, la 6ª DHF se comprometió a elaborar los planos del nuevo pueblo de Escuer que se pensaba construir cauce abajo y no muy lejos de la orilla del Río Gállego. Los vecinos solicitaron más ayudas a la administración forestal pues parece que no contaban con suficientes recursos: “La mayor dificultad que para la solución del problema se presentaba al vecindario era la de lograr siquiera fuera un pequeño auxilio para la construcción de sus nuevas viviendas; pero esta incógnita también ha sido despejada con alguna aproximación, dado que no se trata de construir palacios, sino humildísimas casas, con notorio beneficio para los vecinos y para el Estado” (3). Una nueva referencia a aquella situación nos cuenta que para finales de 1923 ya había varias casas abandonadas en Escuer y otras “agrietadas y desmoronándose” (4).

Aspecto actual del conjunto de la cuenca del Bco. Escuer en el que se aprecia perfectamente el cono de deyección (delimitado por líneas rojas) y la ubicación de los dos núcleos. Foto: Archivo Cartagra
 La aproximación a la que se refirió Ayerbe será explicada a continuación. Los ingenieros de la 6ª DHF se dieron cuenta que en la cabecera de la cuenca no había canteras de las que extraer buenas piedras para emplearlas en la construcción de los diques previstos. Parece ser que con la acumulada en el propio lecho del Bco. Escuer era insuficiente por lo que la única solución pasaba por subirla con caballerías nada menos que desde el cono de deyección de este cauce. El propio Ayerbe tuvo clara la inviabilidad de aquella opción: “…y subida a los emplazamientos -de los diques- a lomo, por no existir camino carretero ni ser económicamente práctico el construirlo. El transporte en tales condiciones sería costosísimo y poco menos que imposible de realizar” (3). Al mismo tiempo, los vecinos de Escuer se encontraron con otro problema para construir sus nuevas casas. En un primer momento se habían planteado deshacer sus casas originales y bajarse la piedra hasta el nuevo emplazamiento del pueblo y usarla para las nuevas casas. Aquel planteamiento suponía también un esfuerzo en tiempo y esfuerzo que se antojaba inviable.

Dique de cierre original construído hacia 1920. Foto: Archivo Cartagra
El mismo dique en la actualidad. Obsérvese como en su día fue recrecido a partir de la cota del vertedero de aguas debido muy posiblemente a la colmatación del mismo. Foto: Archivo Cartagra
Debió ser el propio Tomás Ayerbe quien propuso a los vecinos una opción que podría beneficiar a todas las partes. En vez de describirla recuperaré textualmente el párrafo donde quedó expuesta “La solución, por consiguiente, está en adquirir para los trabajos de corrección en la cuenca la piedra de las casas del actual pueblo, de las que los vecinos no utilizarán más que las maderas y material de las cubiertas aprovechable; piedra que están dispuestos a ceder a muy bajo precio. El importe de ellas les suministra recursos para sus obras, y el Estado economizará una respetable cantidad, por el notablemente menor coste del repetido material al pie de los emplazamientos de las correcciones a construir… Véase con qué relativa facilidad un pueblo llamado a desaparecer se erguirá de nueva planta y contará con monte y vega suficiente a llenar sus necesidades” (3). Aquella propuesta fue finalmente aceptada y los vecinos comenzaron a extraer toda la piedra necesaria del mismo cono de deyección del Bco. Escuer, muy cerca del emplazamiento escogido para el nuevo pueblo. Cabe señalar aquí también que el Estado, tal y como reconociño este ingeniero, ya tenía calcula la forma de resarcirse de parte de esos gastos, mediante los impuestos de contribución que aplicaría a las 800 Ha que suponía la totalidad del monte de Escuer así como otras 100 Ha de campos de cultivo.

Aspecto de los trabajos de corrección poco después de su conclusión. Foto: Archivo Cartagra
Vista actual del mismo lugar de la anterior foto donde se aprecia como la vegetación cubre la mayoría de los muros y hasta el dique de consolidación del fondo del barranco. Foto: Archivo Cartagra
Pero como ya se dijo al principio de este post, el proyecto definitivo y específico para este barranco no se aprobó hasta marzo de 1940. El ingeniero Genaro Brun calculó para su ejecución un montante total que ascendió a 1.460.882,86 Pts. Esa cifra la desglosó del siguiente modo: trabajos de repoblación: 96.931,96 Pts; trabajos de corrección: 1.219.566,18 Pts; trabajos auxiliares: 12.750 Pts y gastos generales: 131.634,72 Pts.

Dame coiffe o señorita en formación en el tramo 
medio del Bco. Escuer. Foto: Archivo Cartagra
Los trabajos forestales consistieron en la plantación de resinosas en unas 195 Ha de su cuenca. Otras 100 Ha estaban ocupadas por pastizales, zonas aisladas de arbolado, el pueblo y caminos. La plantación, según el proyecto, debía hacerse con una densidad de 2.500 hoyas por hectárea. Además el proyecto decía que: "Las 13,43 hectáreas de laderas erosionadas y el cono de deyección de 53,48 hectáreas, se consolidarán con especies rústicas de gran raigambre y rápido crecimiento tales como salix, abedul, acacias, etc. Los trabajos de corrección contemplados fueron la construcción de muretes de mampostería siguiendo las curvas de nivel y gaviones, intercalando entre ellos enfaginados nada menos que hasta 35 km. En la zona de la garganta se consideró que lo más conveniente era construir varios diques de consolidación. Entre los 9 diques de primer órden y un número indeterminado de diques secundarios sumaban un total de 28.000 metros cúbicos de mampostería hidráulica. A esa cifra había que añadir otros 18.000 más entre gaviones y muros. Dentro de los trabajos auxiliares se contempló la construcción de hasta 6 km de sendas de un metro de anchura así como un albergue donde guardar herramientas, material o poderse guarecer los propios obreros. Dejó para último momento, una vez construidos los diques y comprobada su efectividad, la necesidad de llegar aconstruir una canalización de este cauce dentro de su cono de deyección (5).

Dique de consolidación en el tramo rmedio 
del Bco. Escuer. Foto: Archivo Cartagra

Una nueva justificación de la necesidad de intervenir sobre este cauce la encontramos en la propia memoria de este proyecto: “Es por tanto tan necesaria la corrección del Escuer como la del Arás que deben llevarse conjunta y rápidamente a fin de evitar se prolongue la situación actual de abandono y de peligro en la circulación de una vía tan importante como el camino a Francia”. Parece ser que los cortes en aquella carretera habían ocasionado numerosas quejas por parte de diferentes ayuntamientos y de la Sociedad de Turismo. Como consecuencia de lo descrito hasta ahora, sobre este cauce ya se había intervenido aun sin contar con un proyecto que abarcara toda su cuenca. Esto se hizo necesario pues según este ingeniero la erosión afectaba a  nada menos que 13,43 Ha, principalmente en su tramo medio más estrecho. Por este motivo se construyeron dos diques diferentes en su cauce hacia 1925 y unos años más tarde fue necesario recrecerlos y consolidarlos pues presentaban deterioros importantes (5). Llama la atención que en ningún punto de este proyecto se vuelve a hacer referencia sobre el riesgo de derrumbe de algunas construcciones del pueblo original de Escuer. Cabe interpretar pues que los primeros trabajos realizados hacia 1920-25 debieron servir al menos para contener la situación. Es muy posible también que las casas que más riesgo de desmoronamiento corrían fueran las primeras que se echaran abajo para aprovechar su piedra en la construcción de esos dos primeros diques.

 Ubicación de Escuer Alto con respecto a las 
zonas erosionadas. Foto: Archivo Cartagra


Tras la construcción sobre su cauce del primer dique con su respectivo contradique, el cual se ubicó a la salida del tramo más angosto de este barranco, el problema de los desbordamientos y el consecuente corte de la carretera que subía a Biescas y Valle de Tena debió quedar corregido definitivamente. Además de este dique de cierre, la 6ª DHF construyó algún dique más de primer orden aunque no se ha podido concretar su ubicación en la documentación consultada. Debieron ser seguramente restricciones presupuestarias las que acabaron imposibilitado la construcción de todas las obras previstas. Al final el número de diques previstos se redujo al igual que los muros, gaviones y enfaginados que se redujeron significativamente.
 
 La labor emprendida por ese organismo fue continuada por el Patrimonio Forestal del Estado y posteriormente por el ICONA. Entre todos ellos construyeron hasta diez diques de diferentes dimensiones y en distintas ubicaciones gracias a los cuales este cauce en la actualidad está totalmente corregido. Alguno de esos diques está prácticamente colmatado por los áridos que ha ido reteniendo en sucesivas avenidas. Otros todavía tienen capacidad suficiente antes de ser rellenados.

Hoy en día, transcurridos más de setenta y cinco años desde que el antiguo pueblo de Escuer fuera abandonado, este asiste desde hace no mucho tiempo a un proceso de rejuvenecimiento pues en los últimos años se han rehabilitado varias construcciones antiguas a modo de segunda residencia. Si alguien se anima a visitar el emplazamiento de Escuer Alto que es como se le conoce en la actualidad, le recomiendo que preste especial atención a una cosa. Debe mirar con detenimiento sobre la orilla izquierda el gran corte que presenta la ladera compuesta de flysh, un material que se disgrega muy fácilmente por la acción del agua. Así pues, viendo in situ la ladera erosionada y la estrecha garganta, uno puede hacerse un poco mejor idea de lo que es capaz el agua y como esta ha ido horadando poco a poco en busca del cauce al cual tributa su caudal, el Río Gállego.

Aspecto de los últimos diques construídos en la cabecera con hormigón armado por el ICONA.     
               Foto: Archivo Cartagra



(1): Reseña de los trabajos realizados por la División Hidrológico-Forestal de la Cuenca Inferior del Ebro y Pirineos Orientales en 1902, 1903 y 1904; Javier de Ferrer Lloret y José Reig Paláu; Madrid, 1905.

(2): Me estoy refiriendo al que actualmente se conoce como Escuer Alto el cual fue abandonado.

(3): Revista Montes, nº 1.077; Madrid, 1922.

(4): Revista Montes, nº 1.088; Madrid 1923.

(5): Archivo del Servicio Provincial de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Huesca