domingo, 3 de abril de 2016

Y aún pudieron ser más pueblos


           La aparición en el escenario rural altoaragonés del Patrimonio Forestal del Estado (PFE) acabó convulsionando un medio donde tradicionalmente nunca se habían producido alteraciones dignas de mención. La vida de aquellos pueblos discurría dentro de la rutina diaria propia de una sociedad basada en una agricultura y una ganadería prácticamente de subsistencia. Gracias a la misma, año tras año, se repetía un ciclo en lo natural y en lo humano que, salvo la excepción de la guerra civil, se había venido repitiendo de forma casi idéntica durante los últimos siglos. La llegada del PFE a esta provincia a mediados de la década de los cuarenta del pasado siglo XX hizo posible, gracias al aval del estado dictatorial de ese momento, que aquél equilibro se rompiera de forma un tanto violenta. Aquella ruptura estuvo motivada en la decidida política forestal ya descrita someramente en varias entradas anteriores.
            Vista de la Pardina de Arraso hacia 1975. Foto: Archivo Pirenaico de Patrimonio Oral

           Aquél claro respaldo oficial hizo posible que la adquisición de pueblos en nuestra provincia se iniciara de forma rápida. Las instrucciones eran claras y los ingenieros de montes comenzaron a trabajar al respecto de forma decidida y eficiente. En poco tiempo ya tuvieron redactados sus primeros informes que afectaron principalmente a varios núcleos ubicados en la comarca de La Guarguera. Como consecuencia de los mismos, las primeras adquisiciones ya se pudieron firmar a finales de los años cuarenta del pasado siglo XX. Villacampa (A Guarguera) en 1946; Aineto y Pardina Trillo (A Guarguera) y Mancomún (Barluenga) en 1949 fueron los montes que estrenaron el listado de adquisiciones en nuestra provincia. A ellos le seguirían el resto de pueblos asentados principalmente en el Prepirineo y Sierras Exteriores oscenses. Poco a poco las ansias repobladoras estatales encabezadas por el PFE fueron enraizando simultáneamente en muchos pueblos de otras comarcas: La Garcipollera, La Solana Burgasé o Sobrepuerto entre otras.
           Hay que matizar también sobre este particular que las dificultades en las que se vivía desde hacía ya muchos años en aquellos pueblos, también facilitó enormemente la decisión de vender de aquellos propietarios. La falta de servicios básicos como luz o asistencia médica, el aislamiento geográfico debido a la falta de accesos rodados o una economía de subsistencia en la que apenas corría el dinero pues se suplía con el trueque, limitaban a diario cualquier perspectiva de futuro. Aquellas duras condiciones junto a la información que vía oral iba llegando a los pueblos respecto a gente que había emigrado a trabajar en empresas o talleres y las ventajas que suponía esa nueva vida, hicieron reflexionar a muchos hombres y mujeres de la mayoría de pueblos prepirenaicos. El ansia por cambiar aquellas condiciones y poder emprender una nueva etapa lejos del pueblo estuvo detrás de la mayoría de las decisiones de venta.

Pueblo de Botaya en 1975, pocos años después de ser ofrecido en venta al PFE. Foto: Archivo Cartagra
           La desaparición del PFE como tal debido a su sustitución por otro organismo forestal más moderno, el cual teóricamente debía responder a las nuevas necesidades de ese momento, no evitó nuevas adquisiciones. Ese nuevo ente se creó a finales de 1971 bajo la denominación de Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) y fue el encargado, entre otros muchos cometidos, también de concluir los numerosos expedientes de adquisición iniciados por el PFE. Después continuó con la apertura y conclusión de nuevos expedientes de adquisición que afectaron tanto a nuestra provincia como al resto del país. Según mis datos en la provincia de Huesca fueron en total 111 las adquisiciones que realizó el PFE entre el periodo que discurrió de 1944 a 1971. Incluyo en esta cifra también una media docena de adquisiciones cuyos trámites se iniciaron por parte de este organismo forestal aunque las mismas se concluyeran por parte del ICONA.

           Debe destacarse en este punto que las fincas y pueblos adquiridos pudieron haber superado la anterior cifra pues hubo muchos más intentos, que por causas varias, no llegaron a prosperar. De todos ellos se llegó a abrir el correspondiente expediente en las dependencias de la Brigada Aragón del Patrimonio Forestal del Estado con sede en Zaragoza. Así es como he podido comprobar que hubo otra serie de casos en los que la falta de acuerdo entre las partes impidió que el expediente siguiera adelante. En muchos casos los propios informes elaborados por algún ingeniero del PFE ya llegaron a desaconsejar dicha compra desde un principio. Los motivos fueron desde el precio elevado que solicitaban los propietarios, la superficie total demasiado pequeña, de extensión total suficiente aunque muy dispersa sobre el terreno o el deficiente estado registral de las fincas en cuestión. También hay que añadir que, aunque fuera una circunstancia temporal, durante 1963 el PFE dio instrucciones de no adquirir nuevas fincas. Así se transmitió a los responsables de las diferentes brigadas regionales pues parece ser que durante ese año faltó la consiguiente partida presupuestaria para este menester. En Huesca durante ese año tan sólo se adquirieron cuatro montes y seguramente debió ser así porque los trámites ya se habían adelantado suficientemente durante los años anteriores. Lo que sí se hizo, al menos durante ese año de 1963, fue no iniciar ningún expediente nuevo y paralizar los que estuvieran más retrasados. Así pues, ambas circunstancias hicieron posible durante ese año que el número de adquisiciones en nuestra provincia fuera inferior al que en verdad pudo haber sido.

           Las fincas que finalmente no fueron compradas por el PFE, a pesar de su interés en las mismas y de las que ha quedado registro documental, fueron las siguientes (1):

Jacetania: Ara; Badaguás; Botaya; El Monte, en Araguás del Solano; Ena; Especiello, en Larués; Huértalo; Pardina Botayuela de Ena; Pardina Esporret de Bailo; Pardina Fosato de Javierregay; Pardina Segaral.
Alto Gállego: Anzánigo; Arguisal; Bara; Barbenuta; Pardina Baranguá, Cortillas; Pardina Albás de Secorún; Pardina de Arraso; Pardina Buesa, en La Guarguera; Pardina Cerceles de Jabarrella; Pardina Pardenilla; Pardina Pilón y Camparés; Pardina Rompesacos; Pardina Sta. María de Perula; Santa Quiteria; Susín; Pardina Monrepós de Caldearenas; Trasierra y Sierra de Larrés.

Sobrarbe: Aguilar; Ascaso; Atiart; Ayerbe de Broto; Collospins, Barón y San Cristóbal, en Muro de Roda; Escartín; Fuebla en monte de Sieste; La Serrana en Boltaña; La Selva de Albella y Jánovas; Murillo de Sampietro; Peñacuervo; Seto y Lusiarre en Burgasé; La Sierra de Sieste; Torruellola de la Plana; Valata y San Victorián de Abizanda; Yosa de Broto.
Vista de Escartín en 1975. Al fondo se aprecia Basarán y los pinos jóvenes plantados en su entorno.
Ribagorza: Bacamorta; Casa Costa y Casa Sino de Cajigar; Casa Figuera de Secastilla; Caserras del Castillo; El Llomá y La Obagueta en Pilzán y Caladrones; La Cuadra y Otros en monte de Gráus y Benabarre; La Selva en Secastilla; La Sierra de Secastilla; Mas d'Abaix en monte de Caserras, Fet y Viacamp; Mas de Mora en Benabarre; Mas de Gabarrella en Viacamp; Mongay en Viacamp; Montañana; Moli y Maset en Viacamp; Nocellas, Las Costeras y Otros en Merli; Obago, Farrera y Pocino en Foradada del Toscar; Ribera de La Salenca en Bono; San Lumbiarres en Gráus; Señes; Sierra Blanca y Curuñales en Viacamp; Tayó de Aulet en Santorens; Valfuró y Montirroy de Puente de Montañana.

Somontano: Asque; Bastarás; Los Rasos en El Grado; La Sierra de Salinas de Hoz; Otín.

           Como se puede comprobar fueron muchísimas fincas sobre las que el PFE llegó a colocar sus ojos y que al final no adquirió. Sin embargo, en algunos casos aquellos planes del PFE, aunque fuera a medias, pudieron llevarse a la práctica. Me explicaré. Finalmente algunos de los montes del anterior listado sí que acabaron siendo repobladas por el propio PFE. Esto fue posible gracias a otra fórmula muy usada durante ese tiempo por el PFE conocido como Consorcio. Este fue el caso Tayó de Aulet, Arguisal, Trasierra y Sierra de Larrés. Pero sobre los consorcios hablaré largo y tendido en otro post más adelante.

           Hay que recordar aquí que a pesar de que finalmente no se produjeran las operaciones de compra y venta, el PFE dedicó importantes recursos a estos casos. Digo esto porque en la mayoría de los casos personal de este organismo recorrió y pateó esas fincas pues llegaron a redactar los perceptivos informes previos de la mayoría de esas fincas. Eso suponía que se desplazaran al terreno, al menos varias veces, un ingeniero de montes o ingeniero técnico forestal para proceder al levantamiento topográfico de las fincas y montes de su interés. Este técnico casi siempre fue acompañado de su trípode de madera y su equipo topográfico con el cual tomar medidas, triangular puntos y levantar el imprescindible mapa del monte en cuestión. Además, siempre se hizo acompañar por un guarda forestal de PFE para que le ayudara en sus trabajos. Los cometidos de los guardas eran además de acompañarle por los caminos de herradura que ellos conocían muy bien, presentarle a vecinos de esos pueblos que además de ser propietarios afectados conocían a la perfección los límites de los montes a medir. El guarda forestal era también el encargado de buscar un alojamiento al ingeniero a la altura de las circunstancias, y cuando hacía falta mano de obra para colocar estacas sobre el monte, contratar peones de confianza en la zona y alguna caballería. A este respecto he podido constatar que se realizaron numerosos trabajos de campo que no sirvieron para nada en más de un caso. Así, en la comarca de Sobrepuerto el PFE llegó a medir completamente el monte de Bergua para lo cual emplearon nada menos que quince jornadas de campo. Algo similar sucedería en otros pueblos de la zona que también llegaron a medir en balde como Cortillas y Escartín (2).



Fuentes y Bibliografía:

- (1): Archivo Fondo Documental del Monte; Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, Madrid.

- (2): Pinos y Penas en tiempos del Patrimonio; Carlos Tarazona Grasa, 2006.


miércoles, 16 de marzo de 2016

Los Viveros




            Se trata quizás de la instalación forestal por excelencia pues su asociación directa con la causa forestal siempre ha resultado ser más que evidente. Habitualmente se ha tenido claro que los viveros eran el lugar destinado a la obtención de plántulas de diferentes especies que posteriormente se destinaban a la repoblación forestal. Pero cabe también señalar a continuación, que la existencia de los mismos siempre ha estado y estará condicionada, a la necesaria presencia de otras instalaciones forestales referidas en anteriores entradas de la Memoria Forestal de este blog. Me estoy refiriendo a los semilleros y a los sequeros, sin cuya intervención, los viveros no podrían en ningún caso alcanzar su objetivo principal: la producción del mayor número posible de plantas.
Vivero instalado en el monte de Canfranc a principios del siglo XX a cuyo cargo estaban los propios Guardas Forestales.               Foto: Archivo Cartagra

            En nuestra provincia siempre había existido un número escaso de viveros pues las repoblaciones realizadas dentro de sus límites nunca llegaron a ser numerosas. En esos casos se recurrió a pequeños viveros que funcionaron prácticamente solo para suministrar planta a dichas repoblaciones tras las cuales dejarían de funcionar como tales. Algo similar sucedió con las repoblaciones forestales acometidas en esas fechas por la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), quien también echó mano de viveros temporales y/o volantes durante sus repoblaciones.


            La ausencia de viveros forestales fijos en nuestra provincia queda confirmada con la falta de datos oficiales sobre este particular. El Patrimonio Forestal del Estado (PFE) elaboró para 1940 un listado con los viveros permanentes existentes en España para esas fechas en el cual no aparece ninguna provincia aragonesa. Pero aquella situación, dadas la intenciones del PFE de comenzar a repoblar en nuestro país de forma generalizada, pronto comenzaría a cambiar. Así, en el listado de 1945 la provincia de Huesca ya figura con tres viveros, la de Zaragoza con catorce mientras que la de Teruel siguió sin contar con ninguno. Los tres viveros oscenses contaban con una superficie conjunta de 335 áreas útiles y en 1945 produjeron tres millones de plantas. Este mismo listado nos cuenta que a partir de 1948 en nuestra provincia ya había cuatro viveros con una superficie útil de más de mil áreas y una producción que, puntualmente ese año, superó los treinta y seis millones de plantas. En 1949 la superficie se redujo y la producción fue de casi siete millones de plantas. Según los datos del PFE para el periodo comprendido entre los años 1945 y 1949, ambos inclusive, en la provincia de Huesca se produjeron más de sesenta y cinco millones de plantas, correspondientes básicamente a varias clases de pinos. El número de viveros y las cifras anuales de producción de planta en los años posteriores superó con creces las cifras del periodo referido ahora pues la actividad repobladora en nuestra provincia fue más bien escasa durante esos años.
Placa existente en el vivero de Plasencia del Monte (Huesca) uno de los más importantes de nuestra provincia durante mucho tiempo por su superficie y por su producción. Foto: Archivo Cartagra

            Para mediados del siglo pasado en nuestra provincia habían funcionando hasta seis viveros diferentes, todos ellos adscritos a la 6ª División Hidrológico-Forestal. En 1944 su ubicación y nombre eran los siguientes: En la Sección 1ª del río Aragón estaban el vivero Nuevo y el de San Rafaél en Villanúa, el de Valdespán, el de las Casa Forestales de Arañones y el del Besqué también en Arañones (Canfranc). No aparecen en esta sección los viveros de Secrás y la Casita Blanca de Canfranc ni los de Leserín, Valdespán, Chicovil, Labayo o Lañaza. En la Sección 10ª de este mismo río había otro vivero, el de La Victoria en Jaca. Tampoco aparecen reflejados los de Rioseta y Picaubé de la 9ª Sección del río Aragón. Dentro de la Sección 1ª del río Gállego estaban el vivero de El Salvador, junto al Bco. Arratiecho en Biescas y el de San Francisco, anexo a la Casa Forestal de Escuer. En la Sección 1ª del río Ésera estaban el vivero de Benasque. Entre todos ellos para septiembre de 1944 se llegó a disponer de casi 2,5 millones de platas de diferentes resinosas. A pesar de ello, y según los cálculos del ingeniero responsable, aún faltaban más de un millón de plantas de pino laricio.  
Aspecto del vivero de San Rafaél, en Villanúa, hacia 1915. Foto: Archivo Cartagra

             Hay que señalar también que la creación de nuevos viveros tanto en nuestro provincia como en otras no resultó ser una iniciativa puntual de los responsables provinciales del PFE. Fue más bien al contrario pues su creación ya quedó contemplada, junto a innumerables cuestiones más, dentro del ambicioso Plan de Repoblación de España. Durante esos primeros años la práctica totalidad de las plantas obtenidas en estas instalaciones correspondieron a resinosas. Tan sólo las provincias de Santander y Huelva se destacaron en la obtención de frondosas, eucaliptus principalmente. Años más tarde comenzaría de forma progresiva la producción de diferentes especies de chopos destinados a repoblar las riberas de infinidad de ríos españoles. 


Algunos ejemplos


            Varios de los viveros oscenses se encargaron de la producción de planta de especies difíciles de obtener como es el pino negro. El vivero de Benasque se encargó principalmente de obtener esta especie durante la mayor parte del tiempo que estuvo en funcionamiento. Así, a mediados de 1945 un documento consultado (1) muestra que en él se sembraron 598 m² en los que se sembraron 25 kg de semilla de pino negro. La mayoría de sus 15.000 m² de superficie estaban destinados a la obtención de esta planta. Por su parte, el vivero de San Salvador de Biescas había sembrado 24 kg de semilla de pino negro y contaba con más de 175.000 plántulas de esta especie.
Vista parcial del listado de plantas producidas por algunos viveros de Huesca en 1943. Foto: Archivo Cartagra

            Otro documento consultado nos ofrece un listado de las plantas obtenidas por los diferentes viveros de la provincia en 1943: vivero Nuevo de Villanúa: 75.000 de pino silvestre; vivero de las Casas Forestales de Los Arañones: 16.000 Plantas de pino silvestre y 800 de pino negro; vivero de La Victoria 996.000 plantas de pino silvestre; vivero de El Salvador, 75.000 de pino silvestre; vivero de Benasque: 332.020 de pino negro. En total fueron casi 1,5 millones de plantas de pinos además de 25.000 plantas de diferentes especies frondosas.
Plano de uno de los viveros de Huesca con la distribución de su superficie en función de las semillas sembradas.                                            Foto: Archivo Cartagra
           A modo de conclusión señalar que cuando el Patrimonio Forestal del Estado (PFE) inició sus trabajos de repoblación forestal en la provincia oscense, este dependió basicamente de los únicos viveros existentes en esos momentos en la provincia los cuales pertenecían al Distrito Forestal de Huesca. Poco a poco, el PFE fué construyendo una red de viveros propios que serían los que le suministrarían toda la planta empleada durante los años de máximo esfuerzo repoblador. Debió dotarse de esta red propia de viveros, entre otras cosas, porque el volúmen de planta que necesitaba resultaba imposible producirla solamente en los viveros del Distrito Forestal de Huesca. Otro aspecto que infuyó en esa decisión fue el hecho de que la ubicación de los viveros ya existentes no siempre se ajustó a las necesidades y requerimientos del PFE.






Fuentes y Bibliografía


(1): Archivo Servicio Provincial Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Huesca


domingo, 13 de marzo de 2016

Reportaje de Ansó en 1958

          El Noticiario Documentado, más conocido como No-Do siempre ha resultado ser un fondo documental que, como los buenos vinos rancios en las bodegas de antaño, también va ganando con los años. Y lo mejor de todo es que hoy en día podemos acceder a dichos fondos con una facilidad impensable hasta hace no mucho. En la actualidad todo está colgado en ese foráu ilimitado en el que, si se sabe buscar, es posible encontrar casi de todo. Aunque otras veces, encontrar estas joyas resulta tan fácil como consultar tu muro de Facebook o simplemente tu correo electrónico.  

           Así es como en esta ocasión he tenido noticia de un reportaje del antiguo No-Do y que forma parte de la Filmoteca Española, Este nos muestra personajes y rincones del pueblo de Ansó y parajes de sus montes que llamarán la atención a más de uno, sobre todo si tiene vínculos con este precioso pueblo y valle altoaragonés. A mi me ha resultado muy grata su visualización y por eso lo pongo a vuestra disposición a través de mi blog.

          
              Hay muchos detalles que son imposibles de contemplar desde hace ya muchos años y que bien merecen la pena ser recordados a través de estas imágenes. Son más de 15 minutos de grabación que requieren ser vistos con atención para no perderse ni un detalle.


            Seguro que no te defraudará...













martes, 8 de marzo de 2016

El proceso de compra-venta de los montes en Huesca (II)



      Pero junto a los dos claros planteamientos a los que me referí en el anterior post aún hay que indicar, aunque sea con carácter temporal, la existencia de otro nuevo grupo. Se trata de aquellos amos que tras escuchar los argumentos de unos y otros siguieron sin definir su postura. Debe señalarse que llegó a existir un buen número de indecisos, los cuales en más de un caso, acabaron siendo los que en última instancia podían permitir que la balanza se inclinara hacia un lado u otro. Por este motivo fue el colectivo que más preocupó a los ingenieros de montes de la Brigada Aragón del PFE. Estos fueron conscientes desde el primer momento que si les conseguían convencer, acabarían logrando la adquisición completa de más de un pueblo nuevo. Así es como no dudaron en desplazarse las ocasiones que fueran necesarias a alguna de las reuniones informativas convocadas por los ayuntamientos respectivos o incluso a instancias de los mismos propietarios. Quien primero supo jugar aquél trascendental papel fue el ingeniero de montes Miguel Navarro Garnica y por ello no dudó en viajar y reunirse en cuantos pueblos hizo falta, en más de una ocasión directamente a instancia suya. Uno de los primeros desplazamientos que he podido constatar fue al pueblo de Casbas (Alto Gállego) en la primavera de 1952 pues allí se dio una de estas situaciones (1). Varias de las personas con las que en su día pude hablar sobre las repoblaciones forestales han coincidido en señalar, al contrario de lo que inicialmente pudiera pensarse, en el talante abierto y dialogante de este hombre. Hay que decir que en aquellos años Navarro Garnica era el responsable de la Brigada Aragón del PFE en esta región y estaba destinado en Zaragoza, lugar donde radicaban las oficinas de este organismo forestal. Su gran labor acabó viéndose compensada años más tarde con su nombramiento con director del mismísimo PFE y su traslado a Madrid. 
Ontinar de Salz, pueblo construído por el Instituto Nacional de Colonización a donde llegaron colonos provenientes de pueblos comprados por el Patrimonio Forestal del Estado. Foto: Archivo Cartagra

      Tras agotarse todas las vías de negociación sin haber conseguido cambiar la opinión de los escépticos, al PFE aún le quedó una carta por jugar. Esta estrategia fue aplicada ya no sólo por los ingenieros del PFE sino también por los de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) en su política de expropiaciones de pueblos para la construcción de al menos el embalse de Mediano (2). Su carta en la manga para convencer a aquellos propietarios más reticentes fue, como última opción insisto, ofrecerles una plaza como colonos en alguno de los nuevos pueblos de colonización que el Instituto Nacional de colonización (INC) estaba construyendo en varios puntos del sur de la provincia oscense. Esta opción sólo fue empleada en las adquisiciones de una minoría de pueblos que bien debe calificarse, si no excepcional, sí atípica. Esta situación se ha podido constatar en la compra de al menos Basarán en 1954, Berbusa en 1955 y Cillas en 1961 (3).

      Una vez que se hubieron despejado las posibles dudas de algunos de los propietarios, las posiciones entre todos ellos ya quedaron bien clarificadas. Lo cierto es que es muy difícil resumir cual fue la reacción de los pueblos ante aquella situación impuesta. No todos los pueblos y sus respectivos propietarios respondieron de igual forma pues en esa respuesta intervinieron en gran medida las particularidades propias de cada uno de los pueblos. En esencia puede decirse que llegados a este punto se presentaron hasta tres situaciones diferentes aunque a continuación hay que decir que finalmente todas ellas terminaron reduciéndose a una única postura final que fue la que se decantó por la venta. Cabe recordar en ese punto nuevamente que la legislación vigente al respecto en esos momentos, como ya se apuntó en algún post anterior, apostó claramente por defender los intereses de la administración forestal y del gobierno a costa de sacrificar, como no podía esperarse otra cosa dado el régimen dictatorial del momento, los de los habitantes de los pueblos afectados.­­
Carátula de uno de los expedientes del Instituto Nacional de Colonización consultados.  
Foto: Archivo Cartagra

      La primera de ellas y quizás la más habitual, fue la situación que resultaba más favorable para los intereses del PFE. Es decir, todos los vecinos del pueblo acabaron manifestándose a favor de vender sus propiedades y en esta tesitura se encontraron inicialmente la mayoría de los pueblos. En tal situación el siguiente paso a dar por parte el PFE era sencillamente acordar los detalles de la venta y las condiciones del pago que debían reflejarse en la correspondiente escritura de compra-venta. Otra situación diferente, la segunda, fue aquella en la que quienes se negaban a vender supusieron una mayoría de vecinos respecto a los que sí querían vender. Aquí fue cuando los ingenieros del PFE tuvieron que emplearse a fondo, tanto echando mano de las seductoras plazas de colonos como recurriendo incluso a amenazas más o menos veladas y de diferente calado, siempre en función de la situación y la tensión existente en cada momento. La tercera posibilidad se dio cuando los que querían vender eran numéricamente inferiores a los que se negaban a la venta. Sin embargo y hablando porcentualmente, si esa minoría unida representaba más del 51% del total de la superficie del pueblo en cuestión, el proceso de venta continuaba adelante. Esta situación tiene una fácil explicación pues se dio cuando varias casas fuertes de un mismo pueblo se aliaban y decidían apostar por la venta. Llegados a ese escenario quienes no querían vender acabaron teniendo que ceder, seguramente a regañadientes, a los intereses de la otra postura pues porcentualmente representaban mayor superficie. En este tipo de casos se presentaron tensas situaciones sociales que dieron mucho que hablar en más de un pueblo y de una comarca. Con ello se extendió la sensación, no sin motivo, de que las casas pudientes se vieron una vez más favorecidas por aquella situación de dictadura pues acabaron imponiendo su criterio sobre las casas más humildes. 

Instrucciones del PFE sobre su organización 
interna. Foto: Archivo Cartagra
       Tras ese proceso previo y una vez que todos los propietarios, de una forma voluntaria o bien impuesta en mayor o menor medida acordaron vender al PFE, se inició la fase de compra-venta propiamente dicha. Tal cual dejó estipulado el Art. 61 del Reglamento del PFE, los propietarios debían presentar una oferta de venta por escrito. Esta debía de incluir además del importe total que solicitaban, la firma de todos los propietarios de fincas. Tras revisar las ofertas escritas de prácticamente la totalidad de pueblos comprados por el PFE en esta provincia llama la atención una cuestión. Me refiero al relativamente elevado número de propietarios analfabetos que existían en esas fechas pues las firmas caligráficas debieron ser sustituidas por una sencilla huella digital y su correspondiente aclara firma en la parte inferior. En este punto del procedimiento también se presentaron otras situaciones atípicas como cuando alguno de los propietarios llevaban tiempo viviendo fuera del pueblo. En algunos casos hacía ya años que habían emigrado incluso al extrangero. En más de un caso conocido marcharon a Francia por lo que fue necesario contactar con sus parientes conocidos más próximos. Estas situaciones acabaron solucionándose y simplemente lograron retrasar temporalmente la firma final de la venta. En más de un caso hasta fue necesario recurrir al Ministerio de Asuntos Exteriores para que el Cónsul español en Francia hiciera gestiones para localizar a los propietarios con paradero desconocido (4).





Fuentes y Bibliografía:


- (1): Pinos y Penas en tiempos del Patrimonio; Carlos Tarazona Grasa 2006.
- (2): Este fue el caso de pueblos como Coscojuela de Sobrarbe, Griébal, Gerbe, Mediano o Murillo de Tou

- (3): Archivo Histórico Provincial de Zaragoza.

- (4): Archivo Fondo Documental del Monte; Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, Madrid.