miércoles, 17 de junio de 2015

Siresa



            En el presente post cambio de comarca para adentrarme en la siempre interesante Jacetania, y dentro de ella, me voy hasta su cabecera occidental donde se asienta un interesantísimo grupo de pueblos a cual más interesante. De entre todos ellos, esta vez me he fijado en Siresa, pueblo cargado tanto de historia como de valores arquitectónicos o ambientales. De sus variados rincones, mi memoria fotográfica se ha detenido en uno en particular en el que además de mostrarnos la actual Plaza Mayor del pueblo, también incorpora una visión cuasi completa de su magnífico Monasterio de San Pedro. De origen hispano-visigodo, las posteriores remodelaciones acabaron otorgando un estilo claramente románico que es como ha llegado hasta nuestros días, el cual ya fue declarado monumento nacional en 1931. Sobre él también ha sobrevolado el misterio del Santo Grial pues alguna leyenda de origen poco claro apunta a que el mismo fue hallado en algún hueco de su ábside principal.
Aspecto parcial del Barrio de San Pedro en Siresa hacia 1960 aproximadamente. Foto Sicilia

            Pero lo que en verdad me interesa contar se centra más en otras cuestiones ciertas y contrastables con tan sólo contemplar dos imágenes de un mismo escenario. La imagen antigua de Siresa data de 1960 aproximadamente y nos muestra un rincón del pueblo y el mentado monasterio. La amplia zona de calle llana antaño se la conocía como la Plaza de lo Puen d'a Regadera aunque desde hace ya un tiempo acabó convirtiéndose en la Plaza Mayor. El conjunto del Monasterio de San Pedro absorbe casi por completo el protagonismo en esta imagen. De él estacan la altura de sus muros y los contrafuertes de su fachada sur. También los amplios arcos de su torre-puerta y resto de su fachada principal.


          El conjunto urbano que muestra la imagen corresponde al Barrio de San Pedro y mantiene igualmente elementos de interés en los que merece la pena centrarse. La primera casa a mano derecha conforme nos adentramos en la Calle Reclusa es Casa Berdolé. A pesar de sus discretas dimensiones destaca sobremanera la gran chimenea troncocónica de su cubierta. También me llama la atención el encalado blanco inmaculado protector de todos los huecos de sus fachadas sur y oeste. Algo similar sucede con Casa Migalé la cual en aquellos tiempos también mantenía un aspecto muy similar. A mitad de trazado de la calle, levantada de forma transversal a la misma y casi cortando el paso, se yergue Casa Baltasar que presenta una gran balconada en su planta superior así como una chimenea troncocónica también de generosas dimensiones. Más al fondo aún, al otro lado del estrecho callejón, se insinúa a duras penas algo de la fachada de Casa Morera. La perspectiva no permite apreciarlo bien, pero en el flanco izquierdo de esta misma calle se levantan al menos dos casas más como son Casa lo Maestro y Casa Morán. Se aprecia algo mejor un nuevo volumen, más pequeño que los anteriores, que corresponde al Pallar de Catarecha. Presidiendo todo el escenario descrito, al fondo del todo, se observa la vegetación de la ladera Santidoro cuya pendiente asciende hasta la punta del mismo nombre. A su vez, en primer plano, nos encontramos con uno de esos fértiles huertos que siempre se ubican próximos a las casas y que en este caso es conocido como Campo Royo.
Alguno de los nombres propios de este rincón de Siresa. Foto: Archivo Cartagra

          El encuadre actual que ahora nos ocupa aparentemente ha cambiado muy poco, aunque si prestamos un mínimo de atención, aún conseguiremos encontrar unas cuantas diferencias evidentes. La primera la encontramos en el propio Monasterio de San Pedro donde observamos que en su nave central se ha levantado lo que seguramente es una gran cúpula central realizada durante alguna de las numerosas restauraciones que en este conjunto se realizaron en las últimas décadas. El resto de este conjunto se mantiene prácticamente igual. La siguiente diferencia la encontramos en Casa Berdolé cuya fachada de piedra cara vista aparece ya totalmente revocada y blanqueada. Sobre su fachada sur también se ha aumentado el número de huecos. Sigue manteniendo la misma altura y afortunadamente, aún conserva prácticamente intacta su hermosa chaminera. Sin embargo, Casa Migalé ha sufrido bastantes más cambios. Resulta evidente que sus dimensiones han sido aumentadas para ganar así una altura más. Su chimenea a pesar de no ser la misma, se ha reconstruido intentando seguir el patrón tradicional lo cual denota algo de sensibilidad por parte de quien planteó la reforma. La misma queda bien de manifiesto si contemplamos las otras dos chimeneas de nueva construcción de la otra caída de ese mismo tejado las cuales se recortan contra el cielo. En cambio, no sucedió lo mismo con la de Casa Baltasar pues en la actualidad es una chimenea mucho más pequeña y sin personalidad. El tejado de esta casa ha perdido inclinación y altura y a cambio la fachada sur ha aumentado su tamaño.
 
El mismo rincón de Siresa en la actualidad. Foto: Archivo Cartagra


          Por otra parte, las fachadas de Casa lo Maestro, Casa Morán y el Pallar de Catarecha apenas se pueden apreciar. Esto se debe al nuevo edificio que se construyó en su día sobre las Eras de Berdolé en las que actualmente se ubica el Bar Pirineo. Lugar de encuentro tanto de nativos como de forasteros. Forasteros alemanes como los que aparecen en la imagen quienes visitaban esta zona practicando un turismo ornitológico cada vez más frecuente en estos valles perinencos. Las calles perfectamente empedradas con piedras obtenidas de la abundante formación geológica conocida como flysh y que tanto abunda en la zona, es otra reforma acorde y en consonancia con el ambiente pétreo de Siresa. Quizás donde más se note el paso del tiempo sea en el Campo Royo, antaño siempre sembrado de patatas u otras hortalizas necesarias para la supervivencia de la familia, en la actualidad ya no se cultiva nada de lo antaño. Señal de que o bien no les hace ya falta en esa casa o quizás que ya no hay brazos ni ganas para cultivarlo.

            Y ya puestos, a continuación incluyo varias imágenes similares más que he recopilado de este mismo encuadre y correspondientes a distintas épocas:
Imágen de Siresa hacia 1920-30 de autor desconocido
Vista del Monasterio de San Pedro en agosto de 1963
Vista de Siresa a mediados de los años 60 del siglo pasado
Una nueva imágen de Siresa comercializada en su momento en forma de postal


Notas y Bibliografía

- Mi agradecimiento personal a José Manuel Lagrava de Casa Berdolé de Siresa, quien respondió mis preguntas y aclaró mis dudas hacien gala de toda la paciencia del mundo.

- www.romanicoaragones.com : Magnífico portal de Antonio García Omedes donde está toda la información posible sobre el románico aragonés y que bien merece una detenida visita.


martes, 26 de mayo de 2015

Basarán



          No sé por qué será pero el subconsciente, antes o después, me acaba traicionando y cuando me doy cuenta acabo nuevamente en la comarca de Sobrepuerto. No hace demasiadas fechas, en febrero de este año, mi memoria fotográfica me llevó hasta Escartín. En esa ocasión abordaba una foto de este pueblo en la que al fondo, de forma discreta, asomaba otro núcleo abandonado de esta zona, Basarán.

Vista de una calle de Basarán hacia 1980. Foto: Archivo Cartagra
         En el presente post me voy a centrar precisamente en este pueblo abandonado de Sobrepuerto cuyas ruinas hace ya muchos años que luchan contra la inexorable vegetación que amenaza con engullirlas de forma irremediable. Y lo hago de la mano de una fotografía, que aun sin ser demasiado antigua, resulta en cambio bastante representativa para ilustrar cual ha sido la evolución de este pueblo en los últimos treinta años aproximadamente. En esta foto, aun sin llegarse a ver, casi se intuye Escartín sobre una loma del fondo y a la derecha de la imagen.


        La imagen nos muestra un pueblo abandonado hace tiempo y a pesar de ello las casas todavía mantienen sus cubiertas medianamente bien conservadas. Tan sólo falta la porción derecha del tejado de Casa Tapia el cual ya aparece derrumbado, caído seguramente en el interior del solar de dicha casa. Si prestamos un poco más de atención nos percataremos también que las balconadas de hierro de su fachada han desaparecido. Hurto, expolio? pues no lo sé muy bien pero es más probable que se tratara de algo de esto antes de que fueran llevados por sus dueños en el momento de su marcha. También podemos apreciar que la chimenea de Casa Sampietro presenta una fisonomía incompleta pues carece de su remate superior, incluido el habitual espantabrujas. Llama también la atención que su planta sea cuadrangular y no la habitual circular y tronco cónica.
Mi interpretación particular de este rincón de Basarán.


          Si contemplamos las aperturas de la fachada de Casa Sampietro, estas nos acaban delatando la presencia de un volumen añadido en su extremo derecho. La prueba más clara nos la ofrece la cumbrera o cernillón de su cubierta, más elevado que el resto de tejado que queda a la izquierda de la casa. Si prestamos algo más de atención, la distribución de las piedras en su fachada también nos revelan que estamos ante un volumen nuevo pues así lo delata la línea vertical interrumpida que conforman algunas piedras esquineras. La vegetación herbácea que crece en las calles, aparentemente chordigas, muestran igualmente ausencia de personas y animales por las mismas. Esta vegetación también apunta al estado ruinoso del tejado de Casa Franco donde ya ha comenzado a crecer sobre el buro que antaño sirvió de asiento a las leras y losas de su tejado.


         Saltamos en el tiempo para centrarnos en la foto actual, y como en otros casos, nos quedamos casi sin aliento. Basarán en la actualidad es una ruina en el más amplio sentido de la palabra y esta instantánea da buena muestra de ello. En la imagen actual queda bien a las claras el referido avance de la vegetación. El pequeño arbusto a la izquierda de la puerta de entrada a Casa Sampietro se ha convertido en un magnífico ejemplar de sabuquero (Sambucus nigra) que obstaculiza buena parte de la misma así como la ventana del primer piso. Otros arbustos como las gabarderas (Rosa ssp) han conseguido medrar igualmente entre tanta ruina y tanto abandono.
Aspecto del mismo rincón de Basarán en la actualidad. Foto: Archivo Cartagra

        Y desde las alturas, las cotas de Punta Manchoya o la Punta Cotonal, calladas e impasibles, han sido y seguirán siendo, mudos testigos del paso de los años. Discurrir de un tiempo que a buen seguro conseguirá, más pronto que tarde, ocultar bajo un espeso manto vegetal, todas las ruinas de lo que antaño fue un importante núcleo de Sobrepuerto. En la actualidad todavía viven personas naturales de este pueblo que pueden aportar en primera persona el testimonio de cómo era este pueblo cuando todavía estaba habitado. En el momento que desaparezca la última de ellas, ya sólo nos quedará recurrir a las escasas fotografías que se conservan de este pueblo. Llegado ese día sólo recordaremos que a sus habitantes los llamaban picholos o que en sus mejores momentos llegó a contar con hasta 18 fuegos. En las páginas de Sobrepuerto: Naturaleza en Silencio encontraremos también información muy interesante que seguro nos ayudará a recordar con algo más de detalle lo que en su día llegó a ser este pueblo.



sábado, 25 de abril de 2015

Panticosa



               En este viaje la memoria fotográfica nos lleva, por primera vez, a la población de Panticosa. Junto con Sallent de Gállego, son los dos principales núcleos de la Bal de Tena. Tanto por sí solos como por separado, acaparan argumentos más que suficientes para realizar una visita a cualquiera de los dos núcleos sea cual sea la época del año en la que nos encontremos. Panticosa posee una personalidad propia que podremos comprobar nada más adentrarnos por sus calles y plazas. Y la foto de hoy se centra precisamente en una de sus plazas. Se trata de la Plaza Zuloaga aunque la mayoría de los vecinos la siguen conociendo como la Plaza Perorán. Este nombre lo toma de una de las casas cuya fachada principal da precisamente a esta plaza.
Plaza Perorán de Panticosa hacia 1910-20. Foto: Ediciones Arribas

              La fotografía más antigua de las que incluyo en el presente post, muestra el mismo escenario que las demás aunque esta lo hace con un encuadre más cerrado y algo más próximo a la fuente. Tras una primera visualización de la misma, rápidamente nos llama la atención que todas las personas que aparecen en esta instantánea estás pendientes del fotógrafo. Seguramente que por esa época, calculo que la foto está tomada entre 1910-20, no debían ser muy abundantes en Panticosa aun a pesar de que históricamente este pueblo siempre contó con muchísimos visitantes forasteros. La mayoría de ellos iban seguramente camino del proximo Balneario de Panticosa a tomar las aguas sulfurosas de renombre internacional que se remonta nada menos que a finales del siglo XIX. Llama también la atención el número de niños presentes en la plaza, repartidos junto a las fachadas de Casa Perorán y Casa Pedromiguel. La siguiente casa que se levanta en la misma alineación es Casa Fanlo en cuya entrada aparece una persona. Merece destacar también el macho que aparece junto a su amo al lado de la fuente. Hasta el macho parece más interesado en la figura del fotógrafo que en abrevarse. O igual es que ya había saciado su sed... Esta fuente se apoya sobre la fachada oeste de una borda propiedad de Casa Miñón.
Aspecto del mismo rincón de Panticosa a principios de los años 70 del siglo XX. Foto: Ed. Sicilia

              En la siguiente instantánea ya vemos un Panticosa en color pues ya estamos a principios de 1970. El encuadre abarca un ángulo ás abierto lo cual permite hacernos una mejor idea de este rincón en su conjunto. Las fachadas de las dos casas ya han sufrido modificaciones, sobre todo la de Casa Pedromiguel que ha sido recrecida en al menos una altura.A esta casa también se la conocío posteriormente como Casa Celestino. En su planta baja, tal cual anuncia la rotulación pintada en su fachada, se ubicaba el Bar Sabocos, abierto para cubrir la demanda de un turismo que ya por esas fechas iría seguramente en aumento. Si no se había puesto en funcionamiento para esas fechas la estación de esquí de Panticosa bien poco le faltaría. A su vez, esta toma nos muestra una nueva casa. Se trata de Casa Cosme de cuya fachada sobresale el volumen de una galería cerrada. A falta de tantas personas como en la anterior, esta nos muestra varias hileras de coloridas banderolas colgadas que delatan muy posiblemente la celebración de las fiestas patronales de Panticosa. Estas se llevan a cabo para la Virgen de la Asunción, el 15 de agosto.
 La Plaza Perorán y su entorno con alguno de sus nombres propios. Foto: Archivo Cartagra

              En la toma actual seguimos observando nuevas diferencias. Quizás la más evidente sea la alteración en la volumetría de Casa Perorán. Su fachada ha ganado una altura habitable y en su tejado aparecen dos ventanas en forma de lucanas. Además, el Bar Sabocos ha sido sustituido por una entidad financiera. La antigua cuadra de Casa Perorán en la actualidad ha sido convertida en vivienda habitual habiendo sufrido la pertienente remodelación que incluyó el levantamiento de una nueva altura. Los contenedores soterrados del primer plano se constituyen en un elemento evidente de la continua evolución de este núcleo pirenaico. Otros que también han evolucionado de forma clara son los vehículos pues el Renault 4 y otros modelos coetáneos han sido sustituidos por el Seat Ibiza. La irrupción de vechículos en la actualidad ha obligado también a cerrar el acceso de vehículos a la Plaza Perorán por medio de jardineras volantes. La Punta de Piniecho ha sido testigo mudo desde las alturas de la evolución ya no sólo del rincón que ahora nos ocupa, si no también de todo el pueblo de Panticosa.
Aspecto de este rincón de Panticosa en la actualidad. Foto: Archivo Cartagra


viernes, 10 de abril de 2015

El Proceso de compra-venta de los montes de Huesca (1)



      Una vez publicadas en el BOE las disposiciones mentadas en las anteriores entradas ya puede decirse que la suerte estaba echada para un buen número de pueblos del Prepirineo oscense. Pero aún habrían de aparecer nuevas publicaciones en este diario oficial que servirían para dejar bien atados los planes forestales de aquél gobierno autoritario. En previsión del posible rechazo a aquellos planes por parte de un número de vecinos que entonces no se conocía muy bien, se decidió declarar el interés público de los trabajos de repoblación así como la necesidad y urgencia de su ocupación. A lo largo de los años de máximo apogeo del PFE en nuestra provincia se publicaron un buen número de ellos. A continuación se relacionan algunos de ellos (1):
      - Decreto 11- Enero-1952: Afectó a montes de las Sierras de Alcubierre y Lanaja.
      - Decreto 5-Septiembre-1952: afectó a montes de la comarca del Río Guarga.

      - Decreto 6-Noviembre-1953: afectó a montes de la finca "Solanilla" en Gésera.

      - Decreto 8-Julio1955: Afectó a la "Pardina Isábal" en término municipal de  Barbenuta

      - Decreto 21-Julio-1955: Montes en la zona de Güé, en el término de Larrés.

      - Decreto 13-Mayo-1955: afectó a montes dentro de los términos de Bescós de la
        Garcipollera, Acín y Castiello de Jaca.

      - Decreto 22-Septiembre-1955: Afectó a montes del término municipal de Latre.

      - Decreto 18-Noviembre-1955: Afectó a montes en los términos de Guasa, Espuéndolas y
        Cartirana.

      - Decreto 25-Noviembre-1955: Afectó a montes de Tierra de Biescas incluídos dentro de
        los términos municipales de Escuer, Senegüé y Oliván.

      - Decreto 9 de diciembre de 1955: Afectó a montes situados en los términos de Boráu y
        Castiello de Jaca.

      - Decreto 22-Enero-1956: Afectó a los montes "Castillo de Orús", "San Juan Bajo" y "La
        Galocha", en el término de Cuarte, Huesca y Almudévar.

      - Decreto 14-Mayo-1956: Afectó a montes en los términos de Guasillo, Caniás y Araguás
        del Solano.

      - Decreto 8-Febrero-1957: Afectó a los montes ubicados en los términos municipales de
        Javierrelatre, Latre y Latrás de Orna de Gállego.

      - Decreto 21-Marzo-1958: afectó a montes en los términos de Ayerbe, Sarsamarcuello y
        Riglos.

      - Decreto 11-Abril-1958: Afectó a montes del término de Aquilué.

      - Decreto 5-Septiembre-1958: Afectó a montes en los términos de Mediano, Coscojuela de
        Sobrarbe, Castejón de Sobrarbe, Sta. María de Buil, Arcusa, Ainsa y Guaso.
Encabezado de uno de los numerosos decretos publicados en el BOE por el régimen franquista. 
Foto: Archivo Cartaga

      A partir de ese momento bien podría decirse que todo cuando sucediera en los mismos podría enmarcarse perfectamente dentro de una crónica de muerte ya anunciada. Sin embargo, me da la sensación que la gran mayoría de los vecinos afectados no fueron conscientes de la gravedad de aquella situación y sólo el paso del tiempo y los acontecimientos se encargarían de mostrarles aquella realidad. Lo cierto es que de esta situación tampoco he podido recabar ni testimonios directos ni escritos que ayuden a interpretar en detalle cómo se recibieron aquellas noticias, cómo se interpretaron o cómo las encajaron. Pero llegaría un día en el que lo que hasta entonces habían sido rumores comenzaría a hacerse realidad. Seguramente serían noticias llegadas desde un ayuntamiento o la visita a la zona de algún ingeniero de montes con las novedades en cuestión. Había llegado el momento que seguramente una gran mayoría no debía querer que llegara. Pero también hay que señalar aquí, que también fueron numerosos vecinos los que veían con buenos ojos la posibilidad de dejar el pueblo para ir a vivir a otro lado. 

      No resulta difícil ponerse en lugar de cualquiera de los cabeza de familia de aquellas casas en aquél momento tan crucial. Por su cabeza debieron pasar mil y un recuerdos que se remontarían varias generaciones atrás, recuerdos que les fueron transmitidos por sus padres y por su abuelos. La trayectoria seguida desde hacía décadas hasta llegar a ese momento prácticamente había sido idéntica para todas las familias de los pueblos afectados: trabajo duro y sacrificado en un contexto de autosuficiencia, pelea constante para sacar la familia adelante, escasez cuando no falta de dinero, obtención del máximo provecho de los campos de cultivo y de las reses, etc. A partir del punto de inflexión que supuso la aprobación de aquellas disposiciones, las perspectivas y los planteamientos resultaron ser variados. Los planes de futuro para aquellos amos comenzaron a tomar derroteros que acabaron resultando prácticamente opuestos si bien los mismos quedarían reducidos básicamente a dos clases.

      Por un lado estarían aquellos que veían con buenos ojos la opción de vender sus propiedades al PFE. Para todos ellos la primera duda a aclarar era la cuestión económica. Es decir, necesitaban saber cuánto dinero iban a percibir por la venta de sus fincas tanto de cultivo como de monte. Deseaban que la cantidad que pudieran obtener habría de ser suficiente como para poder emprender una nueva vida en otro lado. En el objetivo inmediato de muchos de los que se posicionaron a favor de vender yacía la posibilidad de irse a vivir a alguno de los incipientes núcleos industriales que habían aparecido en la provincia oscense desde principios del siglo XX como eran Sabiñánigo o Monzón. Otros tampoco tuvieron ningún reparo en fijar su objetivo en ciudades más alejadas como Huesca, Lérida, Zaragoza o incluso Barcelona. Alguno de aquellos amos tenía la referencia cercana de algún soltero o tión que ya había abandonado la unidad familiar hacía un tiempo quien se había instalado en alguna de esas ciudades. Por este motivo veían muy atractiva la oportunidad de dejarlo todo atrás, cambiar por completo el esquema y pasar a ganarse la vida cobrando un jornal fijo cada mes. Un jornal que obtendrían a cambio de una jornada de trabajo que tenía hora de inicio y de finalización y no jornadas interminables de sol a sol que era lo único que ellos conocían hasta entonces (2).   

      Con el dinero obtenido por la venta de sus terrenos podrían adquirir en propiedad o bien en alquiler -de patrona- una casa que seguramente reuniría unas condiciones de habitabilidad muy superiores a las de sus casas del pueblo. Pero además de esa capitalización a costa de su patrimonio, también tendrían garantizado un acceso rápido al médico en caso de enfermedad y dejarían atrás aquellas largas y penosas esperas hasta que el médico llegaba a lomos de un burro tras varias horas de camino. Y no menos importante para aquellos cabezas de familia sería la cuestión de la educación de sus hijos pues podrían garantizarles su asistencia al colegio y completar cada curso escolar sin interrupciones. Hasta entonces la escolarización habría sido seguramente muy precaria. O bien tenían que desplazarse los niños caminando hasta la escuela del pueblo vecino, o bien durante varios meses del curso no habría escuela por falta de maestra debido a causas varias. En otros muchos casos, aun habiendo maestra, los hijos de aquellos amos debían ayudar en las tareas de casa las cuales solían ser prioritarias frente a la asistencia a la escuela.

      En el otro lado de la balanza estarían todos aquellos que no querían abandonar el pueblo y defendían a ultranza continuar viviendo del mismo modo que lo habían realizado las últimas generaciones de sus casas. Era lo que siempre habían venido haciendo, y al mismo tiempo, lo único que sabían hacer por lo que ellos querían seguir ganándose la vida gracias a la agricultura y a la ganadería. No veían con buenos ojos la posibilidad de abandonar el pueblo y vivir en un nuevo sitio ganando un jornal en la industria, en la construcción o cualquier otro sector. No concebían de ningún modo la idea de cerrar definitivamente la casa que les había visto nacer y crecer pues era donde querían seguir criando a sus hijos. Deseaban seguir haciéndose cargo de unas casas que tanto esfuerzo les había costado mantener e incluso ampliar conforme lo habían requerido las necesidades. Seguramente que los amos de esas casas también estarían condicionados en buena medida por la opinión de sus padres quienes posiblemente, debido a su edad, tampoco debían ser partidarios a sus años de abandonar del pueblo y marchar vete tú a saber dónde.





Fuentes y Bibliografía:

 (1): Fondo Documental del Monte; Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, Madrid.

(2): Pinos y Penas en tiempos del Patrimonio; Carlos Tarazona Grasa, 2006.