jueves, 20 de agosto de 2015

El proceso de compra-venta de los montes en Huesca (III)

      Llegados a este punto seguro que una rápida recapitulación de los anteriores post nos vendrá muy bien para situarnos en el contexto del momento. Tras superar todas las vicisitudes surgidas entre los propietarios, estos finalmente alcanzaron el quórum suficiente y necesario para poder dar el siguiente paso. Este consistió en presentar al máximo responsable del PFE la pertinente oferta de venta escrita. Además de las firmas de todos ellos, en esa oferta se especificó una cantidad concreta de dinero acordada seguramente en alguna reunión entre todos los particulares. En la mayoría de los casos las cantidades solicitadas inicialmente por los propietarios carecieron de una base ajustada a los valores mercantiles del  momento. Personalmente tengo la sensación que se concretaron en base una referencias poco contrastadas y se tendió a fijar cantidades por exceso con el convencimiento de que siempre habría ocasión para ser rebajadas. Por este motivo la inmensa mayoría de los expedientes que he estudiado demuestran que fueron excepcionales los casos en los que el PFE acabó dando por bueno el precio inicial solicitado por la parte vendedora. Hay de decir en este punto que también se dieron situaciones totalmente opuestas. En el caso del monte Las Torallas y El Vedado, ambos en Cornudella de Baliera (Ribagorza); la Pardina de Fanlo, Sandiás y Secorún (Alto Gállego) o Grustán (Ribagorza), el PFE acabó pagando a sus propietarios más dinero del solicitado inicialmente por ellos. En el resto de casos, salvo varios en los que el PFE igualó el precio solicitado, en todos los demás el PFE acabó pagando finalmente bastante menos de lo que pretendían los propietarios. Hubo casos en los que el precio final pagado por el PFE fue hasta menos de la mitad de lo solicitado inicialmente. Esto sucedió entre otros muchos casos en Bergosa (Jacetania); Ceresuela, Basarán y Berroy (Sobrarbe); Asún y Pardina San Esteban (Alto Gállego) (1).
Mapa donde se muestran las repoblaciones realizadas durante los primeros años de funcionamiento del PFE, desglosados por provincias. Foto: Archivo Cartagra
      Lo cierto es que las valoraciones elaboradas por los ingenieros de montes del PFE resultaron ser bastante exhaustivas y metódicas pues todas siguieron un guión y unas instrucciones idénticas establecidas por los responsables del PFE. En prácticamente todos los expedientes consultados lo primero que hicieron los ingenieros del PFE fue realizar levantamientos topográficos de los montes de interés para saber exactamente por donde discurrían los límites de la finca que querían comprar así como la superficie de la misma. Hubo muchos casos en los que la superficie señalada por los propietarios en su oferta de venta presentó una diferencia importante con la cifra obtenida tras los trabajos topográficos pertinentes. Una vez concluidas aquellas valoraciones cada responsable regional las revisaba individualmente y no faltaron casos en los que por no ajustarse a esas instrucciones previas o bien por incluir errores o carencias, acabaron siendo devueltas a sus autores para que fueran revisadas y corregidas. Ante esta tesitura es fácil imaginar que fueron muy pocos los casos en los que los propietarios se conformaran y admitieran a la primera las cantidades reflejadas en tales documentos oficiales. No faltaron las críticas, sobre todo de aquellos más escépticos, quienes llegaron a decir que por ese precio no merecía la pena vender ni desplazarse a ningún lado a firmar escrituras alguna. Finalmente y a la vista de la posición inamovible del PFE, amparado además como ya ha quedado dicho, en unos sólidos argumentos técnicos así como también en unas disposiciones ventajosas para sus intereses, los propietarios acabaron aceptando las cantidades propuestas por la administración forestal.

      Pero paradojas de la vida, el verdadero problema al que se tuvieron que enfrentar los propietarios acabaría siendo otro bien diferente. Este surgió como consecuencia de la deficiente inscripción en el Registro de la Propiedad de las fincas objeto de compra por parte del PFE. Sucedió que muy pocos propietarios tenían la totalidad de su fincas debidamente registradas lo que permitió que en realidad hubiera más fincas y de superficies mayores de las que constaban en las escrituras de cada propietario.  El objetivo último de estos era reducir al máximo el impuesto de la contribución rústica. Esta situación, que técnicamente se le denomina como exceso de cabida, implicó serios perjuicios para aquellos propietarios que no tuvieron las escrituras actualizadas. Eso suponía que en el momento de firmar la escritura de venta, el PFE sólo les pagaría por las fincas y superficies que aparecieran inscfritas en el Registro de la Propiedad. Para que pudieran cobrar el importe correspondiente a las fincas que no aparecían registradas, según las leyes del momento, deberían transcurrir nada menos que dos años. Ese era el plazo de tiempo establecido legalmente entonces por si aparecía alguna otra persona o entidad que pudiera reclamar la propiedad de esas fincas no escrituradas. Si transcurría ese tiempo sin que nadie presentara reclamación alguna, las fincas que constituían ese exceso de cabida ya podían inscribirse en el Registro de la Propiedad a nombre del nuevo propietario. Esta circunstancia supuso un duro golpe y un serio contratiempo para los planes de los propietarios afectados. Aunque no puede generalizarse, hubo infinidad de situaciones en las que me atrevería a decir que quienes se vieron perjudicados por este imprevisto cobraron a la firma hasta un 40% menos del total que les correspondía. Debo señalar que también hubo algunos casos en los que ese porcentaje fue incluso mayor. La práctica demostró también que esos dos años de espera en muchísimos casos acabaron convirtiéndose en tres o incluso más años. Así pues, muchos cobraron cantidades que habían sido calculadas y fijadas hasta cuatro años atrás. Eso supuso una merma importante en los capitales recibidos pues la pérdida del poder adquisitivo por parte de los vendedores acabó siendo muy significativo. Hubo casos extremos como el de un propietario de Cillas (Alto Gállego) emigrado a Monzón quien tardó en cobrar ese dinero retenido nada menos que siete años.
Carátula de la carpeta que contiene toda la documentación del proceso de compra del pueblo de Cillas perteneciente en ese momento al Ayuntamiento de Cortillas. Foto: Archivo Castagra
      Pero aquél imprevisto llegó incluso a poner en serio peligro la firma de la operación de compra-venta de más de un pueblo. De hecho, más de un expediente quedó temporalmente paralizado y hasta los propietarios en algunos casos se echaron atrás una vez constataron aquella circunstancia que, dicho sea de paso, nadie les llegó a explicar en detalle. Si hubo un lugar donde esta situación fue más reveladora pues estuvo a punto de dar al traste con las adquisiciones ya casi cerradas de varios pueblos, fue en el Valle de la Garcipollera (Jacetania). Al final, aquella situación se saldó con una solución que hasta entonces no se había aplicado en ningún otro expediente de compra anterior. El Art.3 de la Ley sobre Repoblación Forestal y Ordenamiento de los Cultivos Agrícolas integrados en los terrenos comprendidos dentro de las cuencas alimentadoras de los embalses de regulación (LRFOCA) contempló el supuesto de la expropiación forzosa en aquellos casos en los que los propietarios se negaran a repoblar los terrenos por sus propios medios o cuando no accedieran a la venta voluntaria de los terrenos calificados de interés forestal por parte del PFE. La ventaja para los propietarios a los cuales se les expropió forzosamente sus terrenos fue que, al contrario del resto de expedientes de compra en los cuales aparecieron situaciones de exceso de cabida y cuyos propietarios afectados aceptaron la demora de dos años en el pago de las cantidades, en estos casos en cambio el PFE accedió a pagarles íntegramente y de una sola vez la cantidad correspondiente  por el total de los terrenos vendidos. Y cuando digo íntegramente me refiero a que en esos casos también se les pagó por aquellas fincas no contempladas en las escrituras. Esta circunstancia era inherente al procedimiento de expropiación forzosa. De esta forma fue como finalmente adquirió el PFE en el valle antes referido núcleos como Acín, Larrosa, Pardina Iguácel o Villanovilla (1). Esta modalidad de adquisición mediante la fórmula de la expropiación forzosa acabó conformándose en una de las principales críticas que siempre se han realizado a aquella política de adquisiciones aplicada por el PFE. Lo que quizás no saben muchos de esos críticos es que dentro de una situación de imposición como era  la que nos ocupa ahora, esa fue la opción que más benefició y mejor defendió los intereses de los propietarios.


      Pero dejando a un lado la excepcionalidad de los casos en los que se recurrió a la expropiación forzosa, lo habitual fue que la parte vendedora acabara aceptando la valoración realizada por el PFE. Así pues, una vez solventados en primer lugar todos los desacuerdos entre los vecinos, las discrepancias con las ofertas del PFE y hasta el gran imprevisto de la demora teórica de dos años, llegó la hora de realizar el pago. Este se efectuó en el mismo momento de firmar la escritura de compra-venta entre todas las partes, denominada también como Carta de Pago. La manera de proceder llegados a este punto fue prácticamente idéntica para todos los expedientes de compra. El PFE buscaba en una población próxima al lugar donde se encontraba el pueblo comprado un notario que sería el encargado de redactar las correspondientes escrituras. En la provincia de Huesca los notarios más requeridos por el PFE ejercían en las poblaciones de Jaca, Boltaña, Gráus, Benabarre, Barbastro y Huesca básicamente. Una vez supervisados todos los datos personales así como la correcta enumeración de las fincas y los respectivos datos registrales de todos los vendedores, se redactaba la escritura y quedaba lista para su firma. En ella también quedaban recogidas las cantidades totales que correspondían a cada propietario, las que se le pagaban en el momento de la firma y aquellas cuyo pago quedaba demorado por corresponder al exceso de cabida derivado del defecto de inmatriculación (2).
Carátula de la escritura de compra-venta del pueblo de Giral perteneciente al Ayuntamiento de Burgasé. Foto: Archivo Cartagra
      A partir de ese momento el notario fijaba una fecha y una hora para proceder a su firma la cual comunicaba por escrito a todas las partes. Las citaba en la misma localidad donde tenía ubicado su despacho, y a pesar de que siempre se intentaba notificar con antelación suficiente a todos los vendedores, se repitieron bastantes casos en los que los avisos no llegaron a tiempo. Esto supuso que más de un vendedor no acudiera puntualmente a la cita para la firma. Si faltaba más de uno de ellos se llegó incluso a suspender dicho acto y se convocó posteriormente de nuevo a todas las partes. También hubo algún caso extremo en el que varios vendedores se arrepintieron a última hora por el motivo que fuera y decidieron no acudir a la firma de la escritura pensando que así conseguirían paralizar todo aquél procedimiento. Finalmente aquellos vendedores acabarían firmando igualmente la escritura en cuestión. En este mismo acto y tras estampar la pertinente firma tanto el amo de la casa como su esposa, era cuando se procedía al pago de las cantidades acordadas.

      Por último, cabe señalar que la presencia en este acto de la esposa del propietario de la hacienda vendida tenía carácter obligatorio. La inclusión de su firma en este expediente de venta y en las escrituras era imprescindible pues con ella los responsables del PFE querían garantizarse la no aplicación de la cláusula del derecho de viudedad expectante contemplada en el derecho foral aragonés. Es decir, en caso de fallecimiento del titular de la hacienda que se vendía al PFE, la viuda del mismo renunciaba a cualquier tipo de derecho sobre las propiedades en cuestión.




Fuentes y Bibliografía:

- (1): Trabajo en preparación.

- (2): Archivo Fondo Documental del Monte; Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente,          Madrid.
 

viernes, 10 de julio de 2015

Memoria de Papel (7)



Guía de Árboles y Arbustos del Pirineo Aragonés

Interesante apuesta de la Editorial Barrabés
que además cuenta con el reconocimiento 
del los premios Félix de Azara que concede 
la Diputación Provincial de Huesca
Se trata de un libro publicado por la Editorial Barrabés, asentada en Cuarte (Huesca) aunque con claras raíces en la población perinenca de Benasque. Se trata de una editorial especializada en las diferentes facetas y disciplinas de la montaña y el alpinismo. Con muy buen criterio, al menos así me lo parece a mí, en 2004 decidió sacar la guía que ahora nos ocupa. A pesar de alejarse ciertamente de su filosofía inicial, esta editorial apostó igualmente por el género de las guías de naturaleza. Cabe recordar que esta materia está directamente imbricada con el mundo de la montaña. Además, esta editorial lo hizo de la mano de un perfecto conocedor ya no sólo del Pirineo, sino también del mundo forestal y el de la botánica. No en vano, su autor, Rafael Vidaller Tricas, además de haber escrito anteriormente diferentes guías sobre naturaleza, se dedica profesionalmente al ámbito forestal y a la conservación de la naturaleza. Como bien dice el propio autor en la introducción de esta guía, libros de estas características se hacen cada día más precisos. Y esto es así porque es más necesario que nunca mantener ese vínculo vital entre el urbanita de la gran ciudad con la no menos grande y compleja naturaleza. Entretenerse ayudado de una buena guía como es esta, en intentar identificar algunas de las especies de árboles o arbustos de nuestro Pirineo, resultará sin lugar a dudas una excelente manera de afianzar el vínculo referido.

Esta guía incluye una importante colección de fotografías tomadas por el propio autor que, gracias a la calidad y al acertado toque botánico de las mismas, ayudarán sobremanera a todo aquél que se adentre en el apasionante mundo de la identificación de las especies vegetales. Incluye también un imprescindible apartado dedicado a la morfología forestal así como un glosario de términos propios de esta materia que ayudarán en gran medida al lector neófito. Recoge igualmente un breve capítulo dedicado a explicar diferentes aspectos geográficos y físicos de la cadena pirenaica que también servirá para aclarar más de una duda. Del mismo modo incluye un apartado que comprende cuestiones botánicas específicas de esta cordillera. Todas estas cuestiones así como una acertada edición final, conformaron argumentos más que suficientes para que este libro resultara premiado en la convocatoria de Premios de Medio Ambiente Félix de Azara de 2003, auspiciados por la Diputación Provincial de Huesca. 



Plantas medicinales del Pirineo aragonés y demás tierras oscenses

Interesante publicación en la que se mezcla el
conocimiento científico y la medicina popular
Debemos remontarnos nada menos que al año 1987 para encontrar la primera edición del libro que ahora nos ocupa. Y me refiero expresamente al año porque sacar adelante en esa fecha un libro de estas características, bien puede calificarse en gran parte como un acto de fe por parte de sus autores. Debió ser precisamente por eso, por apostar de forma decidida y tan temprana por un libro con este contenido, lo que al cabo de los años ha permitido que el mismo se haya convertido en todo un clásico. Para mi es uno de esos libros imprescindibles en cualquier biblioteca pirenaica pues en él se conjugan a la perfección el conocimiento científico y botánico con el de la medicina y la cultura popular de los pueblos y valles pirenaicos. Entre sus cinco autores consiguieron combinar ambas materias de forma perfecta. Así, tres de ellos son reconocidos botánicos del Instituto Pirenaico de Ecología con sede en Jaca (Huesca): Luis Villar Pérez, Daniel Gómez García y Gabriel Montserrat Martí. Entre los dos restantes se encuentra un farmacéutico, José María Palacín Latorre, y un especialista en medicina natural, Constancio Calvo Eito. La escasez de fotografías a color, propia del momento de su edición, se vio en gran medida compensada con la inclusión de unas espléndidas y clarificadores láminas. Su calidad quedó refrendada por la formación de su autor de las mismas, Marcel Saule, quien además de ser profesor de ciencias naturales, es miembro de la Sociedad Francesa de Botánica y lleva más de veinte años fotografiando y dibujando la flora pirenaica.

El respaldo final para que este libro viera finalmente la luz vino dado tanto por el propio Instituto Pirenaico de Ecología de Jaca dependiente del Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC), como por la Diputación Provincial de Huesca. Desde ambas instituciones no dudaron en reconocer tantos años de esfuerzo y dedicación de sus autores los cuales quedan condensados las páginas de este libro. Seguro que la consulta de sus páginas no os defraudará.

miércoles, 17 de junio de 2015

Siresa



            En el presente post cambio de comarca para adentrarme en la siempre interesante Jacetania, y dentro de ella, me voy hasta su cabecera occidental donde se asienta un interesantísimo grupo de pueblos a cual más interesante. De entre todos ellos, esta vez me he fijado en Siresa, pueblo cargado tanto de historia como de valores arquitectónicos o ambientales. De sus variados rincones, mi memoria fotográfica se ha detenido en uno en particular en el que además de mostrarnos la actual Plaza Mayor del pueblo, también incorpora una visión cuasi completa de su magnífico Monasterio de San Pedro. De origen hispano-visigodo, las posteriores remodelaciones acabaron otorgando un estilo claramente románico que es como ha llegado hasta nuestros días, el cual ya fue declarado monumento nacional en 1931. Sobre él también ha sobrevolado el misterio del Santo Grial pues alguna leyenda de origen poco claro apunta a que el mismo fue hallado en algún hueco de su ábside principal.
Aspecto parcial del Barrio de San Pedro en Siresa hacia 1960 aproximadamente. Foto Sicilia

            Pero lo que en verdad me interesa contar se centra más en otras cuestiones ciertas y contrastables con tan sólo contemplar dos imágenes de un mismo escenario. La imagen antigua de Siresa data de 1960 aproximadamente y nos muestra un rincón del pueblo y el mentado monasterio. La amplia zona de calle llana antaño se la conocía como la Plaza de lo Puen d'a Regadera aunque desde hace ya un tiempo acabó convirtiéndose en la Plaza Mayor. El conjunto del Monasterio de San Pedro absorbe casi por completo el protagonismo en esta imagen. De él estacan la altura de sus muros y los contrafuertes de su fachada sur. También los amplios arcos de su torre-puerta y resto de su fachada principal.


          El conjunto urbano que muestra la imagen corresponde al Barrio de San Pedro y mantiene igualmente elementos de interés en los que merece la pena centrarse. La primera casa a mano derecha conforme nos adentramos en la Calle Reclusa es Casa Berdolé. A pesar de sus discretas dimensiones destaca sobremanera la gran chimenea troncocónica de su cubierta. También me llama la atención el encalado blanco inmaculado protector de todos los huecos de sus fachadas sur y oeste. Algo similar sucede con Casa Migalé la cual en aquellos tiempos también mantenía un aspecto muy similar. A mitad de trazado de la calle, levantada de forma transversal a la misma y casi cortando el paso, se yergue Casa Baltasar que presenta una gran balconada en su planta superior así como una chimenea troncocónica también de generosas dimensiones. Más al fondo aún, al otro lado del estrecho callejón, se insinúa a duras penas algo de la fachada de Casa Morera. La perspectiva no permite apreciarlo bien, pero en el flanco izquierdo de esta misma calle se levantan al menos dos casas más como son Casa lo Maestro y Casa Morán. Se aprecia algo mejor un nuevo volumen, más pequeño que los anteriores, que corresponde al Pallar de Catarecha. Presidiendo todo el escenario descrito, al fondo del todo, se observa la vegetación de la ladera Santidoro cuya pendiente asciende hasta la punta del mismo nombre. A su vez, en primer plano, nos encontramos con uno de esos fértiles huertos que siempre se ubican próximos a las casas y que en este caso es conocido como Campo Royo.
Alguno de los nombres propios de este rincón de Siresa. Foto: Archivo Cartagra

          El encuadre actual que ahora nos ocupa aparentemente ha cambiado muy poco, aunque si prestamos un mínimo de atención, aún conseguiremos encontrar unas cuantas diferencias evidentes. La primera la encontramos en el propio Monasterio de San Pedro donde observamos que en su nave central se ha levantado lo que seguramente es una gran cúpula central realizada durante alguna de las numerosas restauraciones que en este conjunto se realizaron en las últimas décadas. El resto de este conjunto se mantiene prácticamente igual. La siguiente diferencia la encontramos en Casa Berdolé cuya fachada de piedra cara vista aparece ya totalmente revocada y blanqueada. Sobre su fachada sur también se ha aumentado el número de huecos. Sigue manteniendo la misma altura y afortunadamente, aún conserva prácticamente intacta su hermosa chaminera. Sin embargo, Casa Migalé ha sufrido bastantes más cambios. Resulta evidente que sus dimensiones han sido aumentadas para ganar así una altura más. Su chimenea a pesar de no ser la misma, se ha reconstruido intentando seguir el patrón tradicional lo cual denota algo de sensibilidad por parte de quien planteó la reforma. La misma queda bien de manifiesto si contemplamos las otras dos chimeneas de nueva construcción de la otra caída de ese mismo tejado las cuales se recortan contra el cielo. En cambio, no sucedió lo mismo con la de Casa Baltasar pues en la actualidad es una chimenea mucho más pequeña y sin personalidad. El tejado de esta casa ha perdido inclinación y altura y a cambio la fachada sur ha aumentado su tamaño.
 
El mismo rincón de Siresa en la actualidad. Foto: Archivo Cartagra


          Por otra parte, las fachadas de Casa lo Maestro, Casa Morán y el Pallar de Catarecha apenas se pueden apreciar. Esto se debe al nuevo edificio que se construyó en su día sobre las Eras de Berdolé en las que actualmente se ubica el Bar Pirineo. Lugar de encuentro tanto de nativos como de forasteros. Forasteros alemanes como los que aparecen en la imagen quienes visitaban esta zona practicando un turismo ornitológico cada vez más frecuente en estos valles perinencos. Las calles perfectamente empedradas con piedras obtenidas de la abundante formación geológica conocida como flysh y que tanto abunda en la zona, es otra reforma acorde y en consonancia con el ambiente pétreo de Siresa. Quizás donde más se note el paso del tiempo sea en el Campo Royo, antaño siempre sembrado de patatas u otras hortalizas necesarias para la supervivencia de la familia, en la actualidad ya no se cultiva nada de lo antaño. Señal de que o bien no les hace ya falta en esa casa o quizás que ya no hay brazos ni ganas para cultivarlo.

            Y ya puestos, a continuación incluyo varias imágenes similares más que he recopilado de este mismo encuadre y correspondientes a distintas épocas:
Imágen de Siresa hacia 1920-30 de autor desconocido
Vista del Monasterio de San Pedro en agosto de 1963
Vista de Siresa a mediados de los años 60 del siglo pasado
Una nueva imágen de Siresa comercializada en su momento en forma de postal


Notas y Bibliografía

- Mi agradecimiento personal a José Manuel Lagrava de Casa Berdolé de Siresa, quien respondió mis preguntas y aclaró mis dudas hacien gala de toda la paciencia del mundo.

- www.romanicoaragones.com : Magnífico portal de Antonio García Omedes donde está toda la información posible sobre el románico aragonés y que bien merece una detenida visita.


martes, 26 de mayo de 2015

Basarán



          No sé por qué será pero el subconsciente, antes o después, me acaba traicionando y cuando me doy cuenta acabo nuevamente en la comarca de Sobrepuerto. No hace demasiadas fechas, en febrero de este año, mi memoria fotográfica me llevó hasta Escartín. En esa ocasión abordaba una foto de este pueblo en la que al fondo, de forma discreta, asomaba otro núcleo abandonado de esta zona, Basarán.

Vista de una calle de Basarán hacia 1980. Foto: Archivo Cartagra
         En el presente post me voy a centrar precisamente en este pueblo abandonado de Sobrepuerto cuyas ruinas hace ya muchos años que luchan contra la inexorable vegetación que amenaza con engullirlas de forma irremediable. Y lo hago de la mano de una fotografía, que aun sin ser demasiado antigua, resulta en cambio bastante representativa para ilustrar cual ha sido la evolución de este pueblo en los últimos treinta años aproximadamente. En esta foto, aun sin llegarse a ver, casi se intuye Escartín sobre una loma del fondo y a la derecha de la imagen.


        La imagen nos muestra un pueblo abandonado hace tiempo y a pesar de ello las casas todavía mantienen sus cubiertas medianamente bien conservadas. Tan sólo falta la porción derecha del tejado de Casa Tapia el cual ya aparece derrumbado, caído seguramente en el interior del solar de dicha casa. Si prestamos un poco más de atención nos percataremos también que las balconadas de hierro de su fachada han desaparecido. Hurto, expolio? pues no lo sé muy bien pero es más probable que se tratara de algo de esto antes de que fueran llevados por sus dueños en el momento de su marcha. También podemos apreciar que la chimenea de Casa Sampietro presenta una fisonomía incompleta pues carece de su remate superior, incluido el habitual espantabrujas. Llama también la atención que su planta sea cuadrangular y no la habitual circular y tronco cónica.
Mi interpretación particular de este rincón de Basarán.


          Si contemplamos las aperturas de la fachada de Casa Sampietro, estas nos acaban delatando la presencia de un volumen añadido en su extremo derecho. La prueba más clara nos la ofrece la cumbrera o cernillón de su cubierta, más elevado que el resto de tejado que queda a la izquierda de la casa. Si prestamos algo más de atención, la distribución de las piedras en su fachada también nos revelan que estamos ante un volumen nuevo pues así lo delata la línea vertical interrumpida que conforman algunas piedras esquineras. La vegetación herbácea que crece en las calles, aparentemente chordigas, muestran igualmente ausencia de personas y animales por las mismas. Esta vegetación también apunta al estado ruinoso del tejado de Casa Franco donde ya ha comenzado a crecer sobre el buro que antaño sirvió de asiento a las leras y losas de su tejado.


         Saltamos en el tiempo para centrarnos en la foto actual, y como en otros casos, nos quedamos casi sin aliento. Basarán en la actualidad es una ruina en el más amplio sentido de la palabra y esta instantánea da buena muestra de ello. En la imagen actual queda bien a las claras el referido avance de la vegetación. El pequeño arbusto a la izquierda de la puerta de entrada a Casa Sampietro se ha convertido en un magnífico ejemplar de sabuquero (Sambucus nigra) que obstaculiza buena parte de la misma así como la ventana del primer piso. Otros arbustos como las gabarderas (Rosa ssp) han conseguido medrar igualmente entre tanta ruina y tanto abandono.
Aspecto del mismo rincón de Basarán en la actualidad. Foto: Archivo Cartagra

        Y desde las alturas, las cotas de Punta Manchoya o la Punta Cotonal, calladas e impasibles, han sido y seguirán siendo, mudos testigos del paso de los años. Discurrir de un tiempo que a buen seguro conseguirá, más pronto que tarde, ocultar bajo un espeso manto vegetal, todas las ruinas de lo que antaño fue un importante núcleo de Sobrepuerto. En la actualidad todavía viven personas naturales de este pueblo que pueden aportar en primera persona el testimonio de cómo era este pueblo cuando todavía estaba habitado. En el momento que desaparezca la última de ellas, ya sólo nos quedará recurrir a las escasas fotografías que se conservan de este pueblo. Llegado ese día sólo recordaremos que a sus habitantes los llamaban picholos o que en sus mejores momentos llegó a contar con hasta 18 fuegos. En las páginas de Sobrepuerto: Naturaleza en Silencio encontraremos también información muy interesante que seguro nos ayudará a recordar con algo más de detalle lo que en su día llegó a ser este pueblo.