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viernes, 10 de enero de 2014

El carácter social



            En los anteriores posts he hablado solamente de diferentes cuestiones de carácter humano derivados de los trabajos de hidrología realizados en la ribera del Río Gállego. Pero en todos esos trabajos descritos hasta ahora debe señalarse que también hubo un evidente aspecto social que no debe pasarse por alto. A su vez, dentro de este contexto pueden distinguirse hasta dos claras vertientes.

            En primer lugar hay que resaltar el indudable aspecto social de estos trabajos pues su ejecución durante el tiempo que los mismos duraron, supuso la contratación continua de un buen número de obreros locales. Durante mucho tiempo los albañiles, los peones o los canteros salieron básicamente de los pueblos del entorno donde se ejecutaron aquellos trabajos. Aquella circunstancia permitió incluso la especialización de algunos empleos. Esto sucedió hacia 1915-20 con el oficio de cantero pues un número indeterminado de vecinos de Biescas, además de especializarse en este empleo, consiguieron que su buen hacer llegara a ser reconocido incluso más allá del ámbito local. El trabajo de aquellos canteros llegó a ser muy bien valorado hasta en la vecina Francia donde también fueron contratados en más de una ocasión debido a la calidad de sus trabajos. Años más tarde y a raíz de un documental que realicé en 2007 (1) sobre las obras de hidrología efectuadas en la ribera del Río Gállego, tuve la oportunidad de hablar detenidamente con diferentes obreros. Todos ellos intervinieron directamente en esas obras y tras hablar detenidamente con ellos pude comprobar, a pesar de los años transcurridos, las difíciles condiciones en las que debieron cumplir con sus respectivos cometidos. Todos ellos eran procedentes de los pueblos de los alrededores y recurrieron a estos trabajos para conseguir complementar sus precarias economías.
De izquierda a derecha: Vicoriano Campo de Biescas fue mulero, Luis Escolano de Oliván trabajó como peón, Hilario Ainsa se encargó de llevar las listillas de los jornales de todos los obreros, Agustín Otal de Barbenuta fue cantero y Gregorio Isábal de Orós Bajo trabajó como peón. Fotos: Archivo Cartagra


            En cambio años más tarde, a partir de 1965, la situación fue bien diferente. Para esas fechas se había comenzado a construir en el término municipal de Sallent de Gállego las pistas de esquí de Formigal. Derivado de aquella situación, se inició también la construcción de los primeros hoteles para alojar a los esquiadores que habrían de llegar de fuera. Esa circunstancia supuso que todos los canteros de la comarca estuvieran empleados en estas obras. Por ese motivo, los responsables del Patrimonio Forestal del Estado (PFE) encargados de la construcción de distintas obras de hidrología en la zona, se vieron obligados a buscar canteros fuera. Así fue como acabaron trayendo canteros gallegos para poder acometer obras como un dique de corrección hidrológica que se construyó en el Río Aurín. Además, los responsables del PFE se vieron obligados a igualar los jornales que pagaban en aquellas obras pues de lo contrario los gallegos también hubieran acabado trabajando en el Valle de Tena.


            En cualquier caso y para cerrar esta vertiente social, cabe señalar que todos los jornales proporcionados tanto por la 6ª División Hidrológico Forestal, como por la Brigada de Hidrología del PFE, supusieron un complemento económico vital para aquellas economías familiares basadas principalmente en una agricultura y ganadería poco rentables que a su vez exigían mucha dedicación. Ese complemento económico se prolongaría durante unos cuantos años más, hasta principios de los años 70 del siglo XX, debido a los trabajos de repoblación forestal que también acometió en esta zona el PFE. La importancia de estos trabajos forestales fue claramente mayor que el de las obras de hidrología y los mismos serán abordados en futuras entregas.


            Pero volvamos a los trabajos de corrección hidrológico forestal realizados en la cuenca del Río Gállego para hablar de una última vertiente social derivada de los mismos. Esta mantiene puntos en común con al menos seis de los trabajos descritos en posts anteriores. Una buena parte de la justificación de aquellos trabajos vino condicionado por el peligro que corrían distintos pueblos de esta zona, pues si no se tomaban medidas urgentemente, el avance de los diferentes procesos erosivos podía implicar un serio riesgo para hasta seis pueblos diferentes. En esa situación se encontraban durante el periodo abarcado para los trabajos aquí descritos los pueblos de Biescas, Escuer Alto, Arguisal, Orós Bajo, Oliván y Berbusa.


            Para el caso de Biescas fueron las riadas y desbordamientos del Barranco Arratiecho las que pusieron en más de una ocasión en peligro ya no sólo la integridad de la huerta de Biescas, también algunas de sus construcciones más perimetrales. El ingeniero Ayerbe llegó a escribir como si no se ponía remedio cuanto antes a esa situación, en un plazo breve de tiempo también correrían riesgo las construcciones de Biescas más cercanas a este cauce. Ese riesgo era ya mucho más evidente en el caso de Escuer Alto pues alguna construcción levantada al pie de uno de los afluentes en la cabecera del Barranco Escuer ya había producido a principios del siglo XX desperfectos en varias construcciones. De hecho, este es el único caso de los seis citados en el que se llegó a materializar el traslado completo de sus habitantes hasta un pueblo de nueva construcción emplazado aguas abajo de dicho cauce. Arguisal por su parte también corrió serio peligro de ser afectado por la acción erosiva del cauce del mismo nombre. En este caso se consiguieron las partidas presupuestarias necesarias y los trabajos se acometieron rápidamente pudiendo detener a tiempo el avance de aquél proceso erosivo. La dimensión de los trabajos allí realizados en su día ha quedado a la vista recientemente tras unos sencillos trabajos de desbroce realizados sobre su cauce.
         Obreros en los trabajos de canalización del Barranco Arguisal hacia 1916.           
 Foto: Archivo Cartagra
 Trabajadores de SARGA durante el desbroce del Barranco de Arguisal realizado en diciembre de 2013. Foto: Archivo Cartagra
Otra vista del mismo cauce una vez eliminada la vegetación arbustiva que ocultaba los muros y diques construidos. Foto: Archivo Cartagra
                En los casos de Orós Bajo y Oliván el riesgo para la integridad de sendos núcleos no llegó a ser tan evidente como en los anteriores. Sin embargo, los ingenieros redactores de sendos proyectos de restauración no dudaron en señalar a lo largo de su contenido la necesidad de afrontar cuanto antes esos trabajos. La capacidad erosiva de cualquiera de estos dos cauces como consecuencia de una crecida era difícil de prever por lo que cuanto antes se contara con esos diques construidos sobre el terreno, mejor que mejor. Finalmente aquellos diques fueron levantados tal y como los proyectos contemplaron y a fecha de hoy esos cauces están totalmente corregidos y los núcleos de Orós Bajo y Oliván libres de todo riesgo.
Vista del pueblo de Oliván y a su derecha el Barranco Pasata. El dique se construyó en la parte inferior de su trazado. Fotografía: Archivo Cartagra

             Un caso bien diferente fue el caso de Berbusa pues a pesar de ser aprobado el proyecto de corrección del conocido como Barranco del Lugar, este nunca se llegó a ejecutar. Cabe recordar que el trazado del mismo partía el pueblo en dos barrios y ya se habían visto afectadas varias construcciones de este núcleo. A pesar de que en 1951 se llegó a librar el dinero contemplado en el proyecto, las obras en cuestión no se llegaron a ejecutar. Seguramente ese dinero se destinó a otros cometidos que se desconocen pues en diciembre de 1944 el PFE ya había recibido un escrito firmado por ocho vecinos de Berbusa ofreciendo a ese organismo la venta de todas las propiedades de este pueblo. Dicho pueblo fue finalmente comprado por el PFE un 29 de febrero de 1952 por un montante total de 1.350.000 Pts. Así pues, dado que aquella venta suponía la obligación de sus habitantes de abandonar este pueblo, la petición realizada por los mismos en 1948 de corregir el cauce del Barranco del Lugar, dejó de tener sentido. El transcurso del tiempo nos ha permitido comprobar como, aun a pesar de no haberse llegado a ejecutar en esa zona ninguna obra, la erosión apenas avanzó. De hecho, en la actualidad siguen en pie las construcciones que en su día llegaron a verse amenzadas por las crecidas de este cauce.   
Aspecto actual del Barranco del Lugar que dividía el núcleo de Berbusa en dos barrios. Foto: Archivo Cartagra

Aspecto que presentaba el Barranco del Lugar hacia 1950-55. Foto: Archivo Cartagra
Aspecto que presenta la misma zona en la actualidad, totalmente cubierta de vegetación crecida de forma espontánea. Foto: Archivo Cartagra

            Así pues, y para ir concluyendo, creo que tras lo dicho resulta bastante evidente el beneficio social directo de las obras relacionadas en este post. Hay que recordar además que el resto de trabajos hidrológicos no mencionados en este post también proporcionaron un innegable beneficio social indirecto que tampoco creo que sea necesario explicar en detalle aquí.


Fuentes y bibliografía:

(1): Piedras y Penas en tiempos del Patrimonio; Oliván,2007.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El factor humano (I)

          Todas las obras descritas hasta ahora son sólo una muestra del total de las que se llegaron a efectuar en el norte de la provincia de Huesca a lo largo del último siglo. Como ya ha quedado dicho, la mayoría de ellas fueron ejecutadas básicamente por la administración central a través de dos organismos autónomos, la 6ª División Hidrológico Forestal (6ª DHF) y el Patrimonio Forestal del Estado (PFE). Aún hubo otra serie de obras ejecutadas por otro nuevo organismo, el ICONA, sucesor del PFE. Durante los últimos años, algunas de estas obras fueron ejecutadas por el Gobierno de Aragón en colaboración con la administración central. Los beneficiosos efectos conseguidos por estas obras, tanto por sí solas dentro de su cuenca respectiva, en su conjunto dentro de un mismo cauce, como la totalidad de las ejecutadas entre todas las cuencas afectadas, son muy difíciles de valorar. A pesar de lo dicho hay interesantes iniciativas que buscan una método óptimo para conseguir una valoración eficaz y proporcionada, basada en unos criterios claros y bien definidos (1). Dejaré que sean otros quienes se encarguen de trabajar en esa línea pues debo reconocer que dicha cuestión queda fuera de mi alcance.

Portada de uno de los múltiples proyectos 
redactados por los ingenieros de montes.
Foto: Archivo Cartagra
            Mi intención aquí y ahora, mucho más modesta, se limitará a hablar algo sobre el imprescindible componente humano que hubo detrás de todos los trabajos referidos en anteriores posts. Se tratará de una valoración totalmente ajena a las cuestiones técnicas o ingenieriles contempladas en los proyectos de esas obras. Simplemente me planteo resaltar el papel desempeñado por los diferentes colectivos que participaron de una forma activa en los mismos. Creo que el cometido realizado por esos hombres siempre ha sido infravalorado y pocos han sido quienes les han dedicado un mínimo de tiempo a su recuerdo y por su puesto a su reconocimiento.

            Este personal al que hasta ahora me he referido se puede clasificar perfectamente en tres grandes grupos a tenor de sus cometidos, claramente definidos para todos ellos. En primer lugar encontramos a los ingenieros de montes quienes fueron siempre los máximos responsables de los diferentes proyectos. Le siguió el colectivo conformado por los guardas forestales que se constituyeron durante muchos años en los ojos de los ingenieros cuando estos estaban ausentes de las obras. En último lugar se encuentra el más numeroso en cuanto a individuos se refiere que fue el compuesto por los obreros y las diferentes categorías que entre ellos existieron. Sin la participación de todos ellos, de una forma jerarquizada, coordinada y con unos cometidos tan claramente definidos, podemos estar bien seguros que los resultaos obtenidos no hubieran sido para nada los mismos.
 
            Siguiendo el orden más lógico, comenzaré refiriéndome a los Ingenieros de Montes. Todos ellos estudiaron en la Escuela Especial de Ingenieros de Montes de Madrid, la única que existió en España durante muchos años. Años más tarde se creó, también en Madrid, la Escuela de Ingenieros Técnicos Forestales, los cuales también participaron de forma activa. Gracias a los conocimientos de unos y otros se llegaron a redactar infinidad de proyectos en los que se plasmaron las diferentes actuaciones a realizar con el objetivo último de corregir, hidrológicamente hablando, numerosos cauces.  En esos proyectos contemplaron también otra serie de obras y trabajos de vital importancia para conseguir el anterior fin, como fueron las repoblaciones forestales sobre laderas descarnadas o apertura de caminos.

Promoción de ingenieros de montes en 1887. Pedro Ayerbe es el primero sentado por la derecha. 
 Foto: Colección Tomás Ayerbe

             Pero sin lugar a dudas, quienes más difícil lo tuvieron fueron aquellos a los que les tocó abrir brecha. Y como no puede ser de otra manera, entre aquellos pioneros es obligado citar los nombres de los aragoneses Pedro Ayerbe y Benito Ayerbe. A ambos dos les tocó hacer frente a sendos proyectos, a cual más comprometido. Al primero se le encomendaron los trabajos de corrección hidrológico forestal de la Cuenca del Río Gállego. Los cauces del Barranco Arratiecho y el Barranco Arás son los dos mejores ejemplos de su buen hacer. A su primo Benito le tocó garantizar la integridad de la estación internacional de ferrocarril que se había de construir en el llano de Los Arañones, cerca del pueblo de Canfranc. Los diferentes barrancos que rodeaban esa zona durante el invierno se convertían en verdaderas lanzaderas por donde descendían ingentes cantidades de nieve en forma de aludes muy destructivos. Fruto de su gran capacidad observadora sobre los fenómenos naturales, Benito diseñó un nuevo tipo de dique hasta entonces desconocido. Fue él quien inventó el dique vacío y que tan buenos resultados dio en la contención de aludes.

Ingeniero desconocido tomando notas de 
campo para redactar el posterior proyecto.  
Foto: Archivo Cartagra  


           Aún hay que señalar un nuevo miembro de la saga de los Ayerbe. Se trató de José María Ayerbe Vallés, hijo de Pedro Ayerbe. Este fue en gran medida el encargado de continuar con la labor realizada tanto por su padre  como por Benito Ayerbe. Él se encargó del diseño, proyección y ejecución de obras de contención de aludes tanto en el entorno del Balneario de Panticosa como de la estación internacional de Canfranc. De su puño salieron proyectos como el de la defensa contra aludes del Balneario de Panticosa, en 1955, o el de la mentada estación de ferrocarril años atrás, en 1947.
 
            Pero hubo muchos más ingenieros de montes que desempeñaron su labor en esta provincia de forma discreta a la vez que constante. Mariano Borderas, quien tomó el relevo de Pedro Ayerbe en los trabajos del Barranco de Arás, o Genaro Brun quien hizo lo propio cuando en 1938 murió Borderas. Algo similar sucedió en 1917 a raíz de la muerte de repentina de Benito Ayerbe y fue un joven ingeniero llamada Florentino Azpeitia quien continuó con su labor. Tampoco hay que olvidar a otro abnegado ingeniero a quien le cediera el testigo José María Ayerbe. Me estoy refiriendo a José María Ruiz Tapiador quien años más tarde sería nombrado responsable de la Brigada de Hidrología de Huesca. De esta misma época, década de los sesenta del pasado siglo XX, también hay que recordar otros nombres como los hermanos Carlos y Antonio Revuelta Salinas o Jaime Jordán de Urriés y Azara. Por lo que se desprende de la documentación consultada hasta la fecha en diferentes archivos (2), mención especial merecen otros dos hombres pues durante los años de máximo apogeo del Patrimonio Forestal del Estado, se mostraron como unos de los ingenieros más activos y prolíficos de su momento. Me estoy refiriendo a Miguel Navarro Garnica y a Alfonso Villuendas Díaz.

 






 
















 
A la izquierda y de arriba a abajo, las firmas de los tres Ayerbe: José María, Benito y Pedro. Arriba a la derecha la de Mariano Borderas y abajo a la derecha la de José María Ruiz Tapiador. Fotos: Archivo Cartagra
         A buen seguro que se me quedan un buen número de ingenieros de montes y ayudantes en el tintero pero debo matizar que tampoco aspiro a enumerar a todos cuantos trabajaron a lo largo de tantos años en esta provincia. Simplemente pretendo rendir un homenaje a este colectivo de la misma manera que en los próximos posts lo haré con los otros citados al principio del presente.
Los Ayerbe en el centro, junto al Director General de Agricultura del momento, D. Texifonte Gallego (a la izda.), durante la visita realizada al dique nº 3 del Torrente Epifanio, dentro de las obras de correción de la estación de Canfranc. Foto: Archivo Tomás Ayerbe 

 
 
Fuentes y bibliografía:

- (1): Criterios cuantificadores para evaluar los efectos de las restauraciones efectuadas en las cuencas de montaña del Pirineo Aragonés en la primera mitad del siglo XX; Fábregas Reigosa, S., Mintegui Aguirre, J.A., Fábregas Reigosa, J.I., Hurtado Roa, R., Robredo Sánchez, J.C. y  Huelín Rueda, P.
 
- (2): Archivo Histórico Provincial de Huesca y Archivo del Servicio Provincial de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón en Huesca.


El Barranco Oliván

         Se trata del último afluente sobre la orilla izquierda del Río Gállego que aquí abordaremos. El primer "reconocimiento forestal" de la cuenca del Barranco de Oliván fue efectuado en mayo de 1927 por un ingeniero de montes, el Sr. Carrera. Este hombre realizó en esas fechas el estudio general de la Sección 2ª de la cuenca del Río Gállego. Aquella Sección 2ª la dividió en tres perímetros quedando toda la cuenca del Barranco Oliván comprendida dentro del Perímetro III. Las propuestas de trabajos a realizar en esa Sección 2ª contemplados por el ingeniero Carrera no fueron tenidas en consideración por los responsables de la Dirección General de Montes y fueron archivadas. No se han podido saber las razones pero es muy posible que se priorizaran las actuaciones en otros cauces donde las mismas debían ser más urgentes. 

            Pero aquella situación fue temporal pues nueve años más tarde la situación cambió. El motivo de que aquél cambio hay que buscarlo en el escrito que recibió el Ministerio de Fomento en Madrid. El mismo lo suscribieron los Alcaldes-Presidentes de los Ayuntamientos de Barbenuta, Bergua-Basarán y Cortillas. Aquellos hombres pidieron "...la urgente ejecución de los trabajos necesarios para consolidad los edificios del poblado de Berbusa y para restablecer el tránsito por el camino que enlaza a dichos pueblos entre sí y a todos con Biescas". A raíz de dicha petición los responsables de la 6ª División Hidrológico Forestal (6ª DHF) encargaron al ingeniero de montes, el Sr. Brun, el estudio y confección del proyecto de trabajos necesarios para evitar el derrumbamiento de algunas casas de Berbusa. Los propios responsables de la 6ª DHF, una vez supervisado el anterior informe, concluyeron con una afirmación categórica al señalar que "...serían de nulo o escaso valor si no se consideraban como parte integrante del sistema total de corrección de la cuenca del Torrente Oliván, que es unidad hidrográfica indivisible, y que por consiguiente ha de serlo también en cuanto a su estudio y corrección".
        Aspecto del tramo final del Barranco Oliván desde Soprevilla desde donde se aprecia el Puente del Patrimonio.  Foto: Archivo Cartagra
            A pesar de lo dicho, el informe confeccionado por el Sr. Brun fue remitido a la Sección 3ª del Consejo Forestal para que este emitiera su opinión. Dicho consejo echó por tierra las esperanzas que se habían depositado en ese informe al recoger que "...no halla en él base suficiente para proponer la concesión de créditos y ejecución consiguiente inmediata, siendo necesario que, como servicio preferente, se estudie en detalle las obras que exijan la consolidación de los terrenos en que se asientan el camino interrumpido y el caserío de Berbusa amenazado de ruina y con cuyo detalle, sea redactado el proyecto respectivo que se elevará a la Superioridad dentro del plazo más breve...". Aquél informe contó con el beneplácito del Director General de Montes con fecha 14 de mayo de 1936.
            Así pues, el siguiente paso que se dio fue la redacción del proyecto con el fin de corregir las graves erosiones existentes en el Barranco del Lugar. Así era como se llamaba a este afluente del Barranco Oliván el cual partía el pueblo de Berbusa en dos barrios. Según aquél documento, la obras necesarias suponían un montante de 40.448,46 Pts y fue remitido para su aprobación por parte de la Dirección General de Montes un 12 de junio de 1936. El estallido de la Guerra Civil impidió su aprobación y este proyecto quedaría paralizado de forma indefinida. El mismo fue retomado años más tarde pues se ha podido verificar que las obras a ejecutar sobre este cauce quedaron aprobadas con fecha 7 de febrero de 1951. Sabemos que el presupuesto total de las mismas ascendió a 175.874,77 de las que 95.992,48 Pts se dedicaron a los jornales de los obreros, 19.800 Pts a los jornales de las caballerías que serían necesarias y otras 44.521,47 a materiales. A pesar de lo dicho tales obras nunca llegaron a ejecutarse. Paradójicamente, sí que se han localizado hasta tres documentos diferentes fechados en 1951 por los que el Director General de Montes autorizó el libramiento de tres cantidades diferentes hasta alcanzar el montante antes señalado. Sin embargo no se ha podido aclarar el motivo por el que las obras finalmente no se llegaron a ejecutar o dónde se invirtió el dinero aprobado y librado para tal fin. Las obras previstas en ese barranco consistían en la construcción de diferentes muros de mampostería hidráulica: Uno de 40 m de largo y 6 m de alto; otro de  30 m de largo y 2,5 m de altura; cuatro muros de consolidación de laderas de 10 m de longitud  y 4 m de altura y por último la repoblación con especies arbustivas de una hectárea.
Aspecto que presentaban las laderas que daban al Barranco del Lugar y la peligrosa ubicación de algunas casas de Berbusa. También se aprecian las paredes transversales de piedra construídas por los vecinos para sujetar y 
estabilizar la ladera. Foto: Archivo Cartagra

            Además, en julio de 1948 los responsables del Patrimonio Forestal del Estado (PFE) ya habían decidido retomar el proyecto global para toda la cuenca del Barranco Oliván. La intención de los mismos pasaba por redactar un nuevo proyecto que contemplara tanto las obras de corrección como las de repoblación forestal que fueran necesarias ejecutar a lo largo y ancho de esta cuenca. Para la elaboración de ese proyecto se contó con la ayuda de un alumno de la Escuela Especial de Ingenieros de Montes venido desde Madrid llamado Jaime Vigón Sánchez. Él se encargaría de la redacción de dicho trabajo en calidad de proyecto de final de carrera. (1)

            El Plan General de Corrección incluido en este proyecto adelantó de forma inequívoca por donde habrían de ir las líneas de trabajo del PFE en los años siguientes: "Para lograr el fin que perseguimos, el único medio verdaderamente eficaz y duradero, ya que los demás son tan solo un complemento, es la creación de masas de monte alto en espesura normal...". Además de las obras de hidrología propiamente dichas como eran los diques, las repoblaciones forestales pasarían a convertirse en muy poco tiempo en el otro gran eje de actuación por parte del PFE. La superficie a repoblar dentro de la cuenca del Barranco Oliván fue de 1.095 Ha de las que 208 Ha se repoblarían mediante siembra de bellotas de Quercus sessiliflora y otras 709 Ha con plantas de pino silvestre. Estas se plantarían de tres en tres en cada hoyo y estos se distribuirían en tresbolillo hasta alcanzar una densidad de 2.500 hoyos/Ha. También se contempló la plantación con diferentes especies de frondosas en otras 178 Ha. De la superficie total a repoblar resultaba que había 181,2 Ha que eran de propiedad particular. Este proyecto contempla abierta y claramente como forma para conseguir repoblar esa superficie, adquirirlas mediante el procedimiento de expropiación. De esta forma queda también recogido en este proyecto otra de las principales herramientas de las que echaría mano el PFE para conseguir sus objetivos. No obstante hay que recordar aquí que esa forma de adquirir terrenos sobre los que plantar ya había sido contemplada previamente en la propia ley de creación del PFE. Las consecuencias originadas por esta combinación de herramientas, repoblaciones forestales y expropiaciones, serán abordadas en futuros posts. 

Ubicación en plano del dique sobre el Bco. Pasata. Archivo Cartagra

            Pero el proyecto de este alumno incluye también algunos datos que resultan curiosos. Inicialmente contempló la repoblación de nada menos que 461 Ha con alerce, la mitad ubicadas sobre solano y la otra mitad en paco. Tras la supervisión del mismo, el empleo de plantas de alerce fue sustituido por el uso más lógico y apropiado para esta zona como era el pino silvestre. Dentro de los trabajos de fijación contempló el uso de palizadas y enfaginados, técnicas estas que ya habían sido empleadas en otros cauces como el Barranco Arás o el de Arratiecho. Propuso que para los piquetes de las palizadas se empleara madera de boj "...con objeto de darles mayor resistencia...". Los piquetes sería entrelazados con sargas y dada la abundancia de una especie y otra "...los materiales para su construcción se tomarán directamente sobre el terreno, con lo que conseguiremos reducir su coste a un mínimo".


Vista del dique superior del Barranco Oliván y caseta para guardar
 material y herramienta, hacia 1970. Foto: Archivo Cartagra

            Además de las repoblaciones forestales, este proyecto contempló la construcción de hasta nueve diques diferentes que en su conjunto suponían casi 15.000 m³ de mampostería hidráulica. Dada la longitud de este cauce se contempló también la necesidad de construir hasta 8 km de caminos para facilitar el acceso de diferentes materiales hasta la ubicación de cada uno de los diques previstos. Al mismo tiempo observó trabajos de mejora sobre caminos ya existentes en otros 13 km más. Todos ellos deberían tener una anchura de un metro y permitir que por los mismos circularan caballerías con carga sin ningún problema. Debido a la "...reducida capacidad para alojar obreros de los pueblos existentes en ella, y a la distancia a que éstos se encuentran del curso del torrente y en general de todos los puntos en los que han de llevarse a cabo..." este proyecto contempló también la construcción de albergues para los obreros así como almacenes para depósito de herramientas y materiales. Según dicho documento se planteó la construcción de hasta cinco albergues diferentes y "...dado que han de cumplir una misión puramente transitoria, se construirán de madera, recubierta en sus paredes laterales con adobes y en su cubierta con cartón embreado y estarán provistos de una puerta y dos ventanas". Era junto a estos albergues donde se tenía prevista la construcción de los almacenes referidos. La práctica nos dice que finalmente la mayoría de los obreros que trabajaron en esas repoblaciones acabaron alojándose de forma precaria en casas abandonadas de Berbusa y Basarán principalmente. Otros también se alojaron durante algunas campañas en los yerberos de varias casas de Oliván (2). 

            Lamentablemente, el proyecto hasta ahora seguido está incompleto por lo que no se ha podido consultar ninguno de sus planos. Esto impide saber con certeza gran cantidad de información como es la ubicación exacta de los nueve diques previstos o la de los albergues para los obreros. Tampoco se puede precisar cuáles eran las zonas donde se preveían realizar las principales repoblaciones forestales.

Carátula del proyecto original del dique
en Bco. Pasata. Foto: Archivo Cartagra
            Sin embargo sí que se ha podido localizar un proyecto posterior, de abril de 1966, en el que se contempla la construcción de un dique sobre un afluente del Barranco Oliván. Fue redactado por el ingeniero Carlos Revuelta y afectó al Barranco Forcos dentro del término de Oliván. Hay que aclarar antes de nada un pequeño error pues el nombre correcto de este cauce es el de Barranco Pasata, el cual presenta una cuenca de recepción pequeña de tan sólo unas 50 Ha. A pesar de lo dicho, el problema radicaba en que poco antes de desembocar en el Barranco de Oliván, una pista forestal cruzaba transversalmente su cauce. Y no era una pista cualquiera pues se trataba de la pista abierta en 1961 la cual ascendía hasta la Cruz de Basarán. En ese entorno el PFE había adquirido en los últimos años unas 2.400 Ha y consorciado hasta esa fecha otras 300 Ha más. En el monte de Basarán ya se había comenzado a repoblar en 1954, en Casbas en 1952, en Berbusa un año más tarde mientras que en Ainielle se comenzó en 1957. Para mediados de 1966 ya se habían repoblado en la zona unas 2.000 Ha. Además, aún quedaban por comenzar los trabajos de repoblación del monte de Cillas que lo hicieron ese mismo año.

            En ese contexto, resulta que cada vez que llovía de forma moderada a fuerte, las aguas del Barranco Pasata arrastraban gran cantidad de áridos de tal forma que la pista ubicada al final de su trazado quedaba totalmente cortada. Aquellos cortes frecuentes suponían un serio contratiempo para todos los trabajos que el PFE realizaba valle arriba, tanto repoblaciones como construcción de diques o apertura de pistas forestales. Así pues se consideró que la mejor manera de solucionar aquél problema y otros de mayor envergadura que podían llegar a presentarse, era la construcción de un dique sobre su cauce: "La construcción de un dique en el lugar que proponemos asegurará la ladera impidiendo su corrimiento y por tanto cesará la principal fuente de arrastres. La corrección de este torrente permitirá el paso libre por la pista de Basarán y se impedirá un progreso en la erosión que podría ser catastrófico para la integridad de la pista y del poblado de Oliván" (3). Además, esa misma pista era por la que los ingenieros del PFE tenían previsto extraer la madera procedente de los aclareos de las repoblaciones cuando llegara el momento de efectuarlas. Queda claro que se trataba de una pista estratégica para los intereses de este organismo forestal por lo que no dudaron en intentar solucionar de raíz cualquier problema que pusiera en peligro el buen funcionamiento de la misma.
Diseño del dique previsto según el proyecto de 1966. Foto: Archivo Cartagra
Vista del mismo dique en 1971 al poco de finalizar las obras. Foto: Fototeca INIA
            El conjunto de la obra propuesta alcanzó un volumen total de 150,87 m³, el empleo de 45 kg de dinamita, 140,8 m³ de arena, 1.299,20 kilos de cemento portland o 163 m³ de mampostería hidráulica para forrar el dique de cemento armado. El montante total de esta obra ascendió a 152.102,52 Pts donde los jornales supusieron la partida más importante, nada menos que 103.072,68 Pts. Los salarios tras ocho horas diarias de jornada en función de las categorías fueron los siguientes: Capataz, barrenero y encofrador: 220 Pts (27,50 Pts/hora); Albañil: 300 Pts (37,50 Pts/hora); Peón: 180 Pts (22,50 Pts/hora); Pinche: 100 Pts (12,50 Pts); Caballería: 240 Pts (30 Pts/hora).

            El interés antes referido en esta pista forestal queda también de manifiesto en el puente que el PFE construyó en 1961 para atravesar el cauce del Barranco de Oliván. Se trató de una obra mixta entre un puente y un pequeño dique, de tal forma que su construcción también sirvió para reducir la pendiente de este cauce. Con ello se pretendió garantizar la integridad de un tramo de pista de unos 300 m que discurría paralela y a la misma altura que las aguas del Barranco Oliván. Cabe señalar que hasta la fecha no se ha podido localizar ninguna documentación sobre esta obra.  
Aspecto de la construcción del puente sobre el Barranco Oliván en 1961. Foto: Archivo Cartagra
            En la actualidad este barranco presenta a lo largo de su cauce tan sólo tres diques hidráulicos de primer orden frente a los nueve que llegaron a ser contemplados en el proyecto inicial localizado y aquí comentado. Estos se ubican en el tramo final del Barranco de Oliván, uno por encima del puente antes citado y otros dos por debajo del mismo y a la altura de pueblo de Oliván. A estos tres hay que añadir uno más, el también aquí mentado que se construyó sobre el Barranco Pasata.
    Vista aérea del tramo final del Barranco Oliván con la ubicación de los diques y puente construídos.                   Foto:Archivo Cartagra

           
Bibliografía y Fuentes:
-(1): Proyecto Corrección del Torrente Oliván; Archivo Servicio Provincial Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Huesca.
-(2): Piedras y Penas en tiempos del Patrimonio. Carlos Tarazona Grasa; Oliván, 2007.
-(3): Patrimonio Forestal del Estado; Servicio Hidrológico Forestal. Proyecto construcción dique de mampostería en el Barranco de Foscos; Zaragoza, abril de 1966. Archivo Servicio Provincial Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Huesca.