domingo, 18 de febrero de 2018

Y s'en fueron a servir...


           Siempre me ha atraído conocer algo más sobre cuál fue la trayectoria de aquellas mozas oscenses que abandonaron sus pueblos de orígen sindo bien jovenes y marcharon a alguna capital para trabajar en el servicio doméstico. La gran mayoría de las que salieron de los pueblos del norte de la provincia de Huesca acabaron racalando en Barcelona y en menor medida en Zaragoza. Lo debieron hacer forzadas por la difícil situación de sus casas donde, aun a pesar del inestimable trabajo que desempeñaban, no dejaban de ser al fin y al cabo, una boca más que alimentar. Ante aquella coyuntura, a instancias de la propia familia o bien por iniciativa propia, los precedentes apuntaban que marchar a trabajar en el servicio doméstico era quizás la única opción que tenían. Seguramente que ya conocían alguna otra mujer, bien de la propia familia o de alguna casa vecina, quien ya había tomado el mismo camino y con idénticas intenciones la cual podría servirles de ayuda. Así fue como decenas de mozas oscenses emigraron hasta tierras catalanas y comenzaron a trabajar en el servicio doméstico de familias acomodadas tanto de Barcelona como de otras ciudades de su cinturón industrial. Será de la mano de una de aquellas mozas que hoy tiene nada menos que 97 años, la mejor forma de conocer algo más de aquella etapa tan desconocida como apasionante.
Dos mozas aragonesas que fueron a servir a Barcelona en una fotografía de estudio tomada en Barcelona hacia 1947. La de la derecha es Martina González Orós, nacida en Orós Bajo y casada en Sorripas (Alto Gállego). Foto: Archivo Cartaga

          Carmen Casaus Duaso nació en Ayerbe de Broto un 30 de marzo de 1921. Hasta los diez años aproximadamente, estuvo trabajando en su casa. Cuando contaba con unos 11 años ya marchó a servir a Casa Solana de Víu donde permaneció un año aproximadamente. Después la mandaron a Sarvisé, concretamente a Casa Muro. Cuando estalló la guerra estaba trabajando ya en otro lugar, concretamente en Casa Coma de Fiscal. Guarda mal recuerdo pues en ese tiempo mataron al amo de la casa y a tres de sus hijos. Sólamente sobrevivió uno de los cuatro hermanos que era ciego. Llegó a haber hasta un intento de amañar el matrimonio de Carmen con él pero Carmen no lo aceptó.

Retrato de Carmen Casaus Duaso en 1941
         Acabó la guerra y en su casa se quedaron sin nada, sin casa, sin animales y sin dinero.  Con unos 18 años marcho a vivir a Yebra donde tenía unos tíos viviendo. Su intención era aprender a coser pues su tía le había recomendado que lo hiciera asi. Pero su profesora murió al poco tiempo y fue entonces cuando decidió marchar a Jaca. Fue a servir para los dueños de la Carnicería Castán, ubicada por aquél entonces en la Calle Ramón y Cajal nº 3. Trabajó durante aquél tiempo más en la casa de los dueños que en la propia carnicería. Allí estuvo unos dos años, tiempo tras el cual decidió que era momento de cambiar nuevamente de aires. Por esas fechas tenía unas primas de Ceresuela, pueblo de La Solana de Burgasé, viviendo en Barcelona. Se escribían cartas de forma habitual y al final decidió ir a trabajar a la capital catalana pues por esas fechas ganaban algo más de dinero en Barcelona que en Jaca. Confiesa que le penó más de una vez marchar pues en Jaca se encontraba muy a gusto y se sentía casi como en su casa. En Barcelona trabajó sirviendo en diferentes casas de familias pudientes. Trabajó para los dueños de Muebles Bravo, cuyo domicilio estaba en la Calle Mayor de Gracia. Allí estuvo sólo un año pues fregando un vaso roto, se cortó en un dedo que posteriormente se le infectó y por un tiempo no pudo seguir trabajando.  Después fue  a trabajar con otra familia que residía en Calle Diputación. Allí estuvo aproximadamente otro año más. Era una familia númerosa de nada menos que quince personas por lo que era mucho trabajo para ella. Además, fue por esas fechas cuando durante un tiempo padeció achaques de vesícula por lo que al final decidió regresar durante un tiempo a Ayerbe. Durante estos años era bastante habitual coincidir con otros paisanos oscenses procedentes de diferentes pueblos de la ribera del Ara.

Carmen y unas amigas en Broto
          Una vez recuperada, regresó nuevamente a Barcelona. Recuarda que se llevó consigo tanto tortas de Broto como judías secas. Eran artículos básicamente para su autoconsumo pues en esos años escaseaba mucho el dinero, incluso para comprar comida. De nuevo en Barcelona comenzó a trabajar para una nueva familia que vivía en la calle Provenza, 93. Fue por entonces cuando entabló relación formal con el que acabó siendo su marido. A este también le tocó sufrió las penalidades de la guerra. Una vez acabada y tras ser liberado de un campo de concentración donde estuvo internado durante un tiempo, marchó hasta Tortosa pues en Oto ya no tenía a nadie. Toda su familia tuvo que exiliarse a Tarbes tras la conclusión de la guerra. Llegó a esta población catalana de la mano de un buen amigo y compañero de guerra además de otras muchas otras peripecias más. Junto a él trabajó durante algún tiempo en la agricultura aunque al final fue la propia Carmen quien consiguió encontrarle un trabajo en Barcelona. Así fue como ambos se volvieron a juntar en la ciudad condal donde él comenzó a trabajar en un taller montando mesas y sillas, pintándolas, cortando y colocando mármoles así como otros elementos para montar bares. Allí trabajó toda la vida pues más o menos estuvo a gusto con aquél dueño que se apellidaba Padilla.

          A raíz de casarse en 1944, Carmen comenzó a trabajar en la oficina de ese mismo taller yendo a cobrar facturas y haciendo todo tipo de encargos. Ese taller estaba en la Calle Anselmo Clavé nº 25. En la oficina estuvo hasta que enfermó del estómago y tuvo que ser operada tras lo que debió dejar el trabajo. Después ya no volvió a incorporarse y se quedó al cargo de sus cometidos como ama de casa. Una vez casados se instalaron en la zona de Nou Barris, esquina Horta-Guinardó y en 1951 tuvo a su única hija. En aquél tiempo esa era una zona de expansión de Barcelona donde se situaban también las cocheras del tranvía. Durante aquellos años se construyeron en esta zona infinidad de nuevos edificios y fue entonces cuando se instalaron en esa zona mucha más gente procedente de numerosos pueblos del norte de Huesca. Por aquellos años Carmen recuerda que en Barcelona había mucha gente de Sobrepuerto, de Oto, Fiscal, Torla o de varios pueblos de La Solana Burgasé. Muchos de aquellos hombres y mujeres acabaron en Barcelona tras la guerra civil buscando una posibilidad de futuro que en sus lugares de origen resultaba imposible encontrar.

         
Carmen en la actualidad sigue residiendo en Barcelona
          Como balance, Carmen dice que hubiera preferido haberse quedado en Jaca y no emigrar a Barcelona pues el ambiente era muy diferente. Cobraba más en Barcelona aunque le gustaba mucho más el ritmo de vida de Jaca. A pesar de lo dicho se adaptó a la ciudad y nunca se llegaron a plantear, ni ella ni su marido, regresar al valle del Ara. Después de todos estos años Carmen confiesa que entiende perfectamente el catalán aunque no lo habla pues siempre se ha movido en un ambiente castellanoparlante.

         Carmen fue una más de los cientos de mozas oscenses que, tanto antes de la guerra civil como después de la misma, acabaron emigrando a Barcelona o a cualquiera de las ciudades de su cinturón industrial. Una vez en tierras catalanas practicamente todas ellas comenzaron trabajando como empleadas en el servicio doméstico de familias adineradas. 

          Así fue, como con su esfuerzo diario hasta consiguieron ahorrar algo de dinero que  periodicamente enviaban a su familia, la cual seguía subsistiendo en cualquier pueblo del norte de Huesca. Muy poco o nada se a escrito sobre estas sacrificadas mujeres, quienes de forma discreta, consiguieron salir adelante y labrarse un futuro bastante mejor del que hubieran tenido de haberse quedado en sus pueblos de origen. Sirva esta sencilla entrada como mi modesto homenaje a todas ellas por su valor y su coraje. Su condición de mujeres en una sociedad altoaragonesa tradicionalmente machista no les facilitó nada las cosas. A pesar de ello estas mujeres, con su decisión de emigrar, consiguieron poner en duda más de una ocasión la iniciativa y capacidad de sus hermanos varones y herederos de la hacienda familiar.


PD.: Quisiera manifestar mi agradecimiento público tanto a la propia Carmen como a su hija Mari Carmen y su marido, por las facilidades dadas para poder visitarlas en su domicilio de Barcelona y poder entrevistar a la protagonista de este post.


Pilar Betés Pérez, natural de Jaca, en una 
fotografía de estudio tomada en Barcelona
 hacia 1915
 
         Al poco de colgar este post en mi Blog han comenzado a llegarme noticias de otras mozas aragonesas que a principios del siglo XX emigraron a Barcelona "a servir". Y hasta me han mandado fotos de alguna de ellas. Así pues, no me resisto a la tentación de incluir una de las fotos que me han llegado la cual me ha sido facilitada por Marco Arruej. En ella aparece su abuela Pilar Betés Pérez, nacida en Jaca en 1901. Cuando tenía catorce años marchó a servir a Barcelona donde ya por esas fechas había dos primas suyas, trabajando de sirvientas también.Del mismo modo, también me han llegado noticias de otras mozas procedentes de Fago cuyo destino y cometido fue idéntico. 

          Cabría la posibilidad de pensar que por cuestiones geográficas hubiera sido más fácil que las mozas de la Jacetania hubieran marchado a servir a Pamplona o incluso a otras capitales del País Vasco, pero la realidad demuestra que hubo una clara tendencia hacia tierras catalanas.





6 comentarios:

  1. ¡¡Impresionante reportaje!!
    Un repaso por la vida de Carmen sirve como ejemplo de tantas mujeres que acabaron emigrando a la ciudad a un mundo desconocido para ellas.
    Bonito y merecido homenaje a Carmen y a todas las mujeres que hicieron el mismo camino.
    Como bien dices un tema poco tratado.
    Enhorabuena.
    Un cordial saludo.

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    1. Hola Faustino, muchas gracias por pasarte por mi blog y por tus comentarios. Fueron mujeres muy decididas y emprendedoras a pesar de su juventud. Vaya valor el suyo. A plantar fuerte...

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  2. Preciosa estampa de la realidad de aquella época. Yo también tuve una tía en Barcelona en C/ Mallorca nº 314 o 316 (cerca de la Sagrada Familia). Matilde Val Bastaros Desde muy joven, partió de la pardina de Bergosal en compañía de otra de casa Val de Paternoy a servir a una familia de médicos, según me contaban estuvieron unos años juntas, pero a los pocos años, la de Paternoy se volvió para casarse y mi tía se quedo soltera hasta el año 2005 con 97 años vino a Zaragoza donde murió con 98 años, como se dice " con una mano delante y otra detrás" al amparo de que la recogieran alguna sobrina...
    Toda una historia para cientos de mujeres. Cada una un mundo, que no se habla de ellas...
    Un saludo
    Andrés

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    1. Gracias Andrés por pasarte por mi blog y por tu información adicional sobre el tema de mi último post. Lo cierto es que, como tu muy bien dices, después de tanto trabajo y sacrificio, muchas de ellas terminaron sus días en unas circunstancias muy tristes, solas y desamparadas. Cuántas de ellas se llegarían a arrepentir de la decisión tomada de marchar a servir? vete tú a saber, más de una seguro. Pero por contrapartuda, qué habría sido de ellas si hubieran continuando en sus repectivos pueblos?... cada situación debió llevar una trayectoria diferente, con luces y sombras. Sólo debemos ir tirando del hilo para obtener conclusiones.
      A plantar fuerte Andrés y gracias de nuevo.

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  3. Hola y muchas gracias por acordarte de un éxodo que tantas mujeres de ésta y otras zonas rurales de España sufrieron en beneficio de las grandes capitales a mediados del siglo pasado.
    Desde siempre he escuchado historias como la de Carmen, contadas por mis tías y madre, de cuando se fueron "a servir". Algunas de ellas ya no viven y otras desgraciadamente ya no pueden recordar... Todas las protagonistas eran mujeres y muy jóvenes, que tuvieron que abandonar su duro Pirineo natal en busca de un horizonte mejor. Después de un agotador viaje en tren, que duraba más de un día, llegaban con su vieja maleta heredada y llena de sueños y miedos a su destino final, Barcelona. De un día para otro estaban viviendo en casas de gentes desconocidas, realizando, en jornadas larguísimas, las duras tareas domésticas incrementadas por la precariedad de la época y por el gran número de niños que había en las familias, a cambio de un techo y comida. A veces sufrieron tratos denigrantes y siempre anhelaban encontrar ese "buena casa" que las redimiera de los más duros trabajos como lavar la ropa. De casa en casa pasaron su juventud, trabajando de forma impecable para gentes que las explotaron, casi sin cobrar sueldo, sin vacaciones, sin reconocimiento social ni laboral, sin cotizar para una posible jubilación.
    Mi homenaje para ellas en el día de la mujer trabajadora, por su digno ejemplo, y con el deseo de que las actuales trabajadoras domésticas y cuidadoras cuenten con todos los derechos y reconocimiento social que merece su inestimable trabajo. Un saludo y gracias.

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    1. Hola anónimo:
      En primer lugar muchas gracias por pasarte por mi blog y leer mi último post sobre estas bravas mozas. A continuación poco más puedo decir. Tu lo has descrito magníficamente y sólo me queda suscribir integramente tus palabras. En la actualidad las mujeres que trabajan en el "servicio doméstico" de esas familias pudientes suelen ser en una gran mayoría emigrantes procedentes de otros paises. Sus condiciones laborales son afortunadamente mejores de las que vivieron estas mozas aragonesas. Pero obviamente, no son ni mucho menos las mejores ni las más recomendables. Confío en que tras el éxito cosechado con las movilizaciones del pasado 8 de marzo (antesdeayer), todas las mujeres comiencen a ver reconocidas de una forma real todas sus más que merecidas reivindicaciones. A plantar fuerte...

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