sábado, 21 de enero de 2017

Carrera Mayó de Benás



            La imagen del presente post nos sitúa nada menos que en la Carrera Mayó o Calle Mayor de Benasque. La fotografía protagonista de la presente Memoria Fotográfica fue tomada por Lorenzo Almarza en una fecha indeterminada entre 1910 y 1920, al igual que otras muchas tomadas por él durante este período tanto de este pueblo como de sus alrededores.


            La indumentaria que muestran las figuras que aparecen en la misma, además de situarnos en el primer cuarto del siglo XX, también nos dan otra información no menos interesante. Los dos hombres, uno tocado con un sombrero y traje oscuro y el otro con botas de caña alta o polainas, denotan ser forasteros. Seguramente visitantes que habían llegado hasta Benasque para realizar alguna excursión por sus increíbles paisajes, a tomar las aguas termales de su balneario o quizás ambas cosas. A pesar de mantener una conversación entre ellos dos, el hombre del sombrero no quita su mirada del fotógrafo. El otro grupo compuesto solamente de mujeres, ataviadas con sus largas sayas negras, evidencian a las claras ser oriundas de Benasque. 
Vista del aspecto que presentaba la Carrera Mayó de Benasque hacia 1910-20 aproximadamente
Fotografía: Lorenzo Almarza-Fototeca Diputación Provincial de Huesca

            Esta imagen también transmite una sensación de calle poco transitada a pesar de tratarse de una de las principales de Benasque. Al fondo de la misma se distinguen otras dos figuras que descienden por esta calle y se dirigen hacia la posición del fotógrafo. A pesar de lo dicho, a buen seguro que el tránsito de personas por esta calle sería proporcional al escaso número de habitantes que residían en Benasque por esas fechas.


            La imagen actual, tal cual es de esperar pues a ambas les separa más o menos un siglo, presenta grandes contrastes con respecto a la tomada por Almarza. La volumetría se ha mantenido bastante intacta, incluidas las alturas de las construcciones a la vista de los aleros de los tejados. Quizás lo primero que llama la atención es el cambio producido sobre el firme de esta calle. El suelo empedrado a base de pequeños cantos rodados ha sido substituido en la actualidad por otro que combina placas de mediano tamaño de piedra con piedras naturales igualmente de tamaño mediano. Su combinación proporciona una superficie totalmente llana sobre la que resulta mucho más fácil caminar. De hecho el uso de esta calle durante la temporada alta de turismo se convierte en peatonal quedando muy limitado el uso de vehículos. La preferencia que se da al peatón queda igualmente patente con la presencia de bancos de madera a lo largo de esta calle. Y para cuando los peatones tienen que combinar el uso de la calle con los vehículos, en la actualidad se dispone aunque estrecha, de una práctica e imprescindible acera para garantizar la seguridad de los primeros frente a los coches.
La misma toma en la actualidad pero con los nombres de algunas de las casas que jalonan este tramo de la Calle Mayor de Benasque

            Las construcciones siguen presentando en la actualidad unas fachadas que han variado bien poco. Todas ellas siguen combinando partes revocadas de mortero con otras que muestran la piedra autóctona a la vista y perfectamente rejuntada. Por su parte, la reja de hierro forjado de la fachada de Casa Agustina sigue manteniendo tanto su sitio como su robusto aspecto.


            Cabe destacar también como la discreta y sobria calle de antaño en la que ningún elemento desentonaba, en poco se parece a la actual. Ahora los carteles y rótulos, más o menos coloridos y de tamaños dispares, buscan llamar la atención de los numerosos visitantes que llegan hasta Benasque y sus extensas montañas. Desde establecimientos que ofrecen servicios básicos hasta otros que venden una amplia variedad de objetos y artículos para practicar excursionismo, montañismo, escalada, etc. Quien les iba a decir a esas mujeres de la foto de Almarza que al igual que ha sucedido en todos los valles pirenaicos, estas y otras actividades acabarían sustituyendo a la tradicional agricultura y ganadería. 
Vista de la Calle Mayor de Benasque un día cualquiera fuera de la temporada alta de turismo

            Esta calle seguirá siendo testigo del paso de los años mucho más tiempo. Y este mismo camino será el que continuarán recorriendo tanto los foranos como los nativos cada vez que vayan o vengan de la Pllasa Mayó o Plaza Mayor, que es donde nace la calle que muestra la foto de esta vez. A buen seguro que esta calle, sus fachadas y sus esquinas seguirán siendo testigos mudos de nuevos cambios y transformaciones propios seguramente del devenir del paso del tiempo.




Fuentes y documentación:

- Lorenzo Almarza; El valle de Benasque en los años veinte. Diputación Provincial de Huesca, Área de Cultura.



domingo, 8 de enero de 2017

Una excursión a los Baños de Panticosa en el siglo XIX (Parte I)


            Suele pasar en más de una ocasión que buscando una cosa determinada acabas topando sin querer con otra que, aun sin tener nada que ver con la primera, acaba colmando tus espectativas tanto o más que aquello que perseguías inicialmente. Así fue como en su día dí con un ejemplar del periódico francés L'Ilustration. Como rezaba su subtítulo, se trataba de un periódico universal que se editaba en París allá por la segunda mitad del siglo XIX. El ejemplar localizado en concreto el nº 395 el cual corresponde a finales del mes de septiembre de 1870. Entre sus páginas se incluye una excursión por el Pirineo que desde la vertiente francesa se adentra en la provincia de Huesca. Leyendo la traducción del mismo aún podemos respirar parte de la esencia de ese pirineismo propio de ese momento donde se mezclaba la dificultad intrínseca de la alta montaña pirenaica, la falta de material específico para esa práctica, la dificultad de los accesod o el glamour que delataba la vestimenta de los hombres y mujeres que realizaron aquella travesía.
Vista parcial de la portada del periodico que incluía el artículo aquí traducido. Foto: Archivo Cartagra
          Los "Pirineos", qué de páginas y libros no se han escrito ya sobre este tema¡. Cuantos entusiastas viajeron han entretenido ya al público sobre sus caminatas en estas admirables montañas narrando orgullosamente sus proezas y descrito pomposamente los sitios más interesantes. ¡Cuántos sabios tratando el asunto desde un punto de vista más serio y útil han contado con sus laboriosas y penosas exploraciones¡. Quién no conoce hoy en día, quién no ha visitado Bagneres de Luchon, Bigorre, Cauterets y sus alrededores tan interesantes¡ quién no ha oído hablar del Pont d'Espagne, del ibón de Gaube y de Gavarnie, Gavarnie, la maravilla, el orgullo de los Pirineos¡

          Es sin embargo sobre los Pirineos que tenemos la intención de entretener a nuestros lectores, y de ponernos en la tarea de este camino tan hollado es el dese de ser útil tal vez los viajeros que quieran visitarlos después de nosotros y esto indicándoles una excursión que pocas personas hacen, y que sin embargo es de las más interesantes. Además es sobre todo a los extranjeros que durante la estación de las aguas van, sea a Eaux Bonnes o Eaux Chaudes en los bajos Pirineos, a los que nosotros nos dirigimos.

          Todos los viajeros que pernoctan durante algún tiempo en nuestros establecimientos termales de nuestro Pirineo desean en general pasar al otro lado de los Pirineos y pasar a España. Algunos, los que tienen más tiempo disponible van hasta el interior de estas tierras y hacen una verdadera visita en España bajo el pretexto de un pequeño viaje a los Pirineos; estos son los privilegiados; otros y son mayoría, se contentan con deseos que no satisfarán y vuelven a su casa sin haber visto España; otros en fin toman el tiempo justo y hacen una pequeña entrada por la frontera y por lo menos no se van de los Pirineos sin llevarse a casa alguna idea de esta tierra española tan interesante por la naturaleza de su suelo, por las costumbres de sus habitantes y por sus recuerdo históricos.

          Desde Eaux Bonnes, mucha gente pasando por Bayona y Biarrits van a visitar Irún y San Sebastián, es un encantador viaje que se hace prosaicamente en diligencia sobre una buena carretera. Otros menos amantes de los caminos trazados buscan más lo imprevisto y lo pintoresco. Eligen por meta de su excursión en España el establecimiento termal de Panticosa que está situado a 6 horas de camino de la frontera al sudeste de Eaux Bonnes, en la provincia de Huesca.
          Para hacer la excursión completa hay que ir de Eaux Bonnes a Panticosa, de ahi a Cauterets por Mercadau y volver de Cauterets a Bonnes atravesando el Collado de Torte. Todo ello supone por lo menos tres días o cuatro como mucho descansando un día en Cauterets que es lo más prudente. Como la vuelta es algo fatigante las damas no pueden soñar en realizarla y una condición importante también a observar es no ir un gran número. No deben ir más de cuatro personas; el guía será la quinta y tendrá bastante para cuidar de los cinco caballos y supervisar todo.

        Se sale de Bonnes por las Eaux Chaudes y Gabás (Gabás es el último puesto de aduana francés, es el final de la carretera). Para evitar desde el principio al menos dos horas de caballo sobre la carretera que todos los días los bañistas recorren paseando y que por consiguiente conocen bastante, es mejor ir en coche hasta Gabás. Será necesario haber previsto enviar antes la víspera por la tarde un guía con caballos elegidos y probados. Salidos de Bonnes a las cinco de la mañana en dos horas se llega a Gabás; se deja allí el coche; y después de haberse asegurado de pagar los derechos necesarios para poder a la vuelta entrar los caballos en Francia sin pagar tasas nos ponemos en ruta. Saliendo de Gabás se entra a izquierda en un barranco boscoso pronto a medida que nos elevamos el suelo se vuelve árido y pedregoso y caminando siempre por el país de Gabás en unas dos horas se llega a la Casa Broussette especie de albergue situado en medio de la montaña donde se para a desayunar. Los viajeros prudentes han traído de Bonnes carnes frías, pan y vino y no piden al alberguista para consolar su amor propio de cocinero más que una simple tortilla con tocino. Bien alejado aquí del montañés escocés, el indígena de los Pirineos aprovecha su territorio y aprovecha ampliamente vuestra corta visita para redondear sus ingresos.
Una de las escasas ilustraciones que acompañaban al artículo en cuestión. Foto: Archivo Cartagra
          Sobre las diez horas se vuelve a la ruta. Bestias y gentes bien cargados avanzan con coraje porque el suelo se vuelve cada vez más montuoso, la naturaleza más agreste, a cada paso nacen nuevas dificultades y a menudo hay que poner pie a tierra para pasar por verdaderas escaleras que los caballos atraviesan con un pie firme y seguro de forma prodigiosa. De vez en cuando se oye un ladrido, se busca alrededor sobre las crestas de las alturas circundantes: pronto se descubre un rebaño numeroso pegado a los flancos de la montaña; después el pastor solitario sentado sobre una roca elevada y cerca de él su magnífico perro de los Pirineos, guardián vigilante de su rebaño. Entonces nos ponemos a reflexionar sobre la existencia de estos montañeses que durante seis meses al año dejan su familia y su pueblo para ir a pastar sus rebaños sobre los llanos desiertos de las montañas al pie de galciares seculares. Cómo nos parece su destino triste a nosotros gente de ciudad que tenemos la necesidad de mundo, ruido y placeres¡ y sin embargo comprendemos el encanto de esta soledad que les seduce y les ata, comprendemos el amor que tienen por su bello país y nos sentimos tocados cuando los oímos descendiendo de la montaña esos días magníficos, decir con un tono triste y lento esta vieja canción del país: "Oh Dios de estas montañas que las ha podido dejar sin llorar, yo voy por las montañas a pasear mis animales sin tardar, como consolarme".

          Pero mientras nosotros dejamos esta digresión, nuestra caravana sigue todavía y a medio día, después de haber atravesado un pasaje bastante difícil llamado el Port Aneu (Portalet) cerca del monte de ese nombre u homónimo, atravesamos la frontera apenas indicada por un muro bajo de piedras secas en parte caído y descendemos por una pendiente suave y fácil por el pequeño valle de la Romega al fondo del cual serpentean las aguas de un riachuelo llamago Gallego. Frente al viajero, al otro lado del valle, se levanta una cadena de montañas llamada los Monts-Rouges detrás a la derecha la punta del pico Midi d'Osseau sobresale de las montaña de Francia; a izquierda se percibe el monte Peyraleu que se levanta como un gigante amenazante; al fondo más lejos, montañas con cumbres nevadas envueltas en una tinta azulenca rematan el cuadro. Bajando el valle seguimos. Dirigiéndonos a la izquierda, el curso del Gállego a avanzamos hacia Sallent, primer pueblo español, situado en el punto de encuentro del pequeño valle de la Romega y el gran Valle de Tena (el aragonés) que avanza hacia el sur.

          Pronto encontramos a los aduaneros españoles cuyo puesto más parecido a una madriguera que a un cuerpo de guardia se encuentra más o menos a mitad de camino entre la fronte y Sallent y controla asi el valle. Verificamos los derechos de los caballos, damos a los aduaneros una pequeña gratificación y continuamos hacia Sallent donde entramos sobre las dos.     

          El pueblo de Sallent, adosao a la base del pico Peyraleu, es el sitio más pintoresco, ofrece ya una fisionomía enteramente española: las casas, los habitantes, los convoyes de mulos con elegantes arneses y cascabeles sonoros, las danzas nacionales, los vestidos, todo indica al viajero que ha pisado el suelo de España.Es imposible dejar Sallent sin tomar en la principal posada del país una taza de chocolate preparado con agua que desfruta de buena y justa reputación.

        Después de haber visitado la iglesia qie no presenta nada remarcable salvo su situación, después de haber descansado durante una hora durante la cual los caballos han comido avena, volvemos a la ruta y entramos en la parte más interesante del viaje, verdaderamente admirable. A un cuarto de hora de Sallent se atraviesa un pequeño pueblo llamado Lanuse y unos momentos después a la salida de unos estrechos desfiladeros boscosos y montuosos se descubre a sus pies el magnífico Valle de Tena. Nada más bello, más grandioso que el espectáculo que se disfruta en ese momento. Espectáculo que el lápiz no puede reproducir, es impotente de reproducir. Delante suyo estña el valle que estendiéndose hasta donde se pierde la vista, se va estrechando encerrado por altas montañas y deja percibir a lo lejos los llanos inmensos de Aragón. Destrás está el barranco Sallent que se acaba de atravesa al fondo del cual se levanta formidable, sólo en su grandeza, el Pico Peyraleu. Alli el viajero transportado por el entusiasmo contempla, olvida sus fatigas pues este momento bastará ya y más allá para sentirse satisfecho. Sin embargo hay que dejar de lado el camino de la contemplación de este magnífico cuadro pues el sol continúa en movimiento y queda camino por recorrer. Seguimos pues sobre la izquierda del valle andando a media ladera y dejando abajo a la derecha el pueblo de El Pueyo y de San Dionisio. Después la dejamos para entrar en un barranco que se abre a la izquierda y en el cual encontramos pronto el pueblo de Panticosa. Mientras que los caballos descansan un momento, hacemos la visita obligada a la iglesia donde destaca la ornamentación y los dorados de los altares que aunque han perdido su esplendor primitivo y actualmente están en bastante mal estado, forman sin embargo contraste con el aspecto general miserable del monumento y del país. 




Fuentes y documentación:

- La fidelidad de la traducción respecto al texto original no hubiera sido posible sin la implicación total de Rafaél Vidaller quien en gran medida es el principal responsable del resultado final. Mil grazias Rafelón.




viernes, 23 de diciembre de 2016

Pardina Usieto




          Dada la numerosa presencia de estas propiedades diseminadas a lo largo y ancho del prepirineo más occidental de la provincia de Huesca, iba siendo ya hora de hablar detenidamente de una de ellas. Y lo voy a hacer de una ubicada en la vertiente sur de la Sierra de Belarra conocida como Pardina Usieto y una extensión de unas 828 Ha. Su propiedad correspondía a nada menos que 23 propietarios diferentes entre los que se repartían un total de 64 partes indivisas. Esos propietarios se repartían entre pueblos de las inmediaciones como Azpe, Abellada, Bara, Nocito y Bentué de Nocito. A su vez todos ellos conformaban la denominada Sociedad la Honor de Nocito quienes eran también propietarios de otras pardinas en ese territorio.

Aspecto que presentaba la Pardina Usieto en 1957 con todos sus campos de labor bien evidentes.     Foto: Fototeca IGN
          En noviembre de 1952 todas las partes se pusieron de acuerdo para ofrecer su venta al Patrimonio Forestal del Estado. Pero en el mismo escrito incluyeron la venta de otras cuatro pardinas más: Pardina Sierrahún, Pardina Zamora, Parina del Plano y Pardina de Cubilas. De su carta de ofrecimiento se extrae una breve reseña donde la describía del siguiente modo: “…está cubierta en su mayoría de pinos y pastos habiendo una paridera con casa vivienda y dos pajares y algunas grandes zonas de cultivo de cereal”. El precio que de mutuo acuerdo solicitaron las numerosas partes se fijó en 3.000.000 Pts. 
Vista que presenta en la actualidad el entorno de esta pardina con todos sus campos cubiertos por pinar repoblado. Foto: Fototeca IGN

          Los responsables del Patrimonio Forestal vieron rápidamente las posibilidades forestales de estos terrenos y encargaron el preceptivo informe a uno de sus ingenieros. Tras la obligada visita sobre el terreno realizada  a finales de 1954 se redactó un informe en el que se destacaba la existencia de una zona de unas 200 Ha la cual había sido objeto de una fuerte corta. Esta circunstancia junto al precio solicitado inicialmente llevaron al PFE a solicitar a los propietarios una rebaja sobre el precio inicial. El tiempo fue transcurriendo sin presentarse novedades pues el empeño de aquella sociedad propietaria era la de vender todas las pardinas a la vez o ninguna. 


          La situación no se desbloqueó hasta que la Sociedad la Honor de Nocito no presentó una nueva oferta de venta a la baja. Así, para la Pardina Usieto rebajó sus pretensiones hasta 1.500.000 Pts. En enero de 1958 el PFE decidió se procediera a la elaboración de un informe completo de esta pardina. Lo firmó el ingeniero Alfonso Villuendas a finales de enero de 1959 y ratificó el interés por estos terrenos debido a la clara vocación foresta de los mismos. Poco tiempo después la compra fue ratificada en el Pleno del Consejo del PFE celebrado en junio de ese mismo año. 
 
Antiguos campos del entorno de la Pardina Usieto convertidos en jovenes pinares de repoblación de poco más de medio siglo   Foto: Archivo Cartagra

          De las 829 Ha que tenía esta pardina sólo había debidamente inscritas en el Registro de la Propiedad de Boltaña que 328,9 Ha cuyo montante ascendía a 595.260,43 Pts. Este sería el importe que se repartieron proporcionalmente a sus participaciones aquellos 23 propietarios. El acto de la venta tuvo lugar ante el notario oscense Mariano López un 30 de abril de 1960. Esta circunstancia supuso a su vez la presencia de un exceso de cabida de nada menos que 500 Ha por las que se les retuvieron 904.739,5 Pts. Como en otros casos, los propietarios debieron esperar a que discurrieran los dos años para que el PFE pudiera consolidar la propiedad sobre esa superficie no registrada. Finalmente un 7 de marzo de 1961 todas las partes se dieron cita nuevamente ante el mismo notario y en la misma ciudad para proceder cobrar el importe retenido y a la firma de la denominada escritura de carta de pago.





Fuentes y Documentación:

- Archivo Servicio Provincial Desarrollo Rural y Sostenibilidad del Gobierno de Aragón en Huesca. 
- Fondo Documental del Monte; Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, Madrid.