lunes, 23 de septiembre de 2013

El Barranco Escuer



Hasta ahora hemos descrito los trabajos de hidrología más importantes realizados en la ribera del río Gállego, los cuales coincidieron con los cauces del Bco. Arás y del Bco. Arratiecho. Aunque de menor entidad, hay otros afluentes del Gállego sobre los que también se ejecutaron trabajos de corrección. Algunos de estos trabajos se realizaron durante la existencia de la ya mentada 6ª División Hidrológico-Forestal. Otros realizados unos cuantos años más tarde corrieron ya a cargo de un nuevo organismo. Me estoy refiriendo al Patrimonio Forestal del Estado (PFE), creado en marzo de 1941, el cual vino a sustituir a la 6ª DHF. En una futura entrada hablaré largo y tendido de este nuevo organismo pues su labor en la provincia de Huesca fue más que considerable tanto por la envergadura de los trabajos acometidos como por la prolongación en el tiempo de los mismos.

Portada del proyecto redactado por Genaro Brun.
en 1935. Foto: Archivo Cartagra
 Todos los cauces citados en anteriores entradas más otros que se incluirán próximos post,  quedaron incluidos en un completo estudio que abarcó toda la cuenca del Río Gállego. Ese documento fue redactado por Pedro Ayerbe y fechado un 25 de noviembre de 1902. El conjunto de esta cuenca según sus cálculos abarcaba unos 1.700 km² los cuales dividió en 12 Secciones compuestas a su vez de un número variable de Perímetros (1). Aunque no sería hasta 1935 cuado este cauce dispusiera de un proyecto específico para el Barranco de Escuer el cual fue redactado por el ingeniero Genaro Brun Arqué. Si bien, aquél proyecto no fue aprobado por el Ministerio de Agricultura hasta el 1 de marzo de 1940. Hasta ese momento, la 6ª División Hidrológico Forestal trabajó en este cauce a base de propuestas anuales. 


 Su cauce tiene 2.750 m de longitud mientras que su cuenca abarca 357 Ha y según una publicación de la época “Es uno de los torrentes que muestra de manera más patente los desastrosos efectos que produce la denudación en los terrenos margosos. Únicamente la lucha por la existencia, la satisfacción de la primera necesidad y la ignorancia, por no llamarla egoísmo, del presente, pudo inducir a los vecinos del citado pueblo a roturar casi totalmente la cuenca de recepción del torrente”. Debido a aquella situación, este cauce fue en su momento tan activo como cualquier otro de la zona. De las consecuencias de la falta de vegetación en su cabecera habla una nueva cita: “El cono de deyección, no menos importante que el del Torrente Arás, ocasiona análogos accidentes en la carretera, que queda destruida e intransitable en cada avenida. Y como ambos conos distan entre sí pocos metros, se ha dado repetidas veces el caso de que, después de atravesar con dificultades el cono del Escuer, esté infranqueable el Torrente Arás, y, al tratar de retroceder, no haber posibilidad de atravesar nuevamente el Escuer, por haber aumentado la crecida.” (1).

Ubicación prevista para el nuevo. Foto: Cartagra


El lamentable estado de su cabecera permitió que la erosión actuara de forma intensa sobre ella. Parece ser que los arrastres derivados de la misma favorecieron que en varios puntos de su cabecera, el lecho de desagüe quedara soterrado. Eso permitió que la corriente principal buscara un nuevo paso y lo hiciera más hacia la ladera izquierda y bastante próxima al pueblo de Escuer (2). El propio Tomás Ayerbe describió aquella situación en las páginas de la Revista Montes en los siguientes términos: “Resultado de tal proceso de destrucción: desaparición de casi la totalidad del arbolado del monte y de los cultivos, que han tenido que ser abandonados; aterramiento de la mayor parte de la vega, y amenazado tan seriamente el poblado, que, en evitación de una catástrofe, se dispone el vecindario en masa a abandonarlo y a emplazarlo de nuevo en una parte del lecho de deyección, garantizado de todo peligro por los trabajos de corrección a realizar… De no existir el servicio hidrológico-forestal, que bien merece el calificativo de providencial, el pueblo de Escuer desaparecería y sus moradores tendrían que buscar en la emigración su necesario sustento” (3).

Durante la primera fase de los trabajos que se ejecutaron en este cauce fue cuando el ingeniero Ayerbe consideró necesario disponer de una infraestructura mínima para poder acometer con más garantías los trabajos de corrección de este cauce. Eso supuso según su criterio la necesidad de contar con un vivero en las proximidades así como una casa forestal en la que viviera al menos un guarda. Él habría de ser el encargado de la vigilancia y control tanto de las obras como del monte, y así mismo, también del funcionamiento del vivero que fue dedicado a San Francisco de Asís, patrono de los forestales.
 Construcción de la casa forestal de Escuer y del vivero de San Francisco hacia 1910. Colección Tomás Ayerbe
La casa forestal de Escuer en la actualidad está cerrada y en su vivero hace años que no se produce planta. 
     Foto: Archivo Cartagra




Según continuó relatando el propio Ayerbe, todos los vecinos de Escuer estaban convencidos de la peligrosa situación en la que se encontraban un buen número de casas de este pueblo. Parece ser que ante la inminencia de algún derrumbe, los vecinos estaban dispuestos a que tanto los terrenos sobre los que se asentaba el pueblo como los escasos campos de cultivo que poseían, fueran declarados como “patrimonio comunal”, lo cual habría de facilitar sobremanera la ejecución de los trabajos hidrológicos, especialmente los de la repoblación forestal de su cuenca. Como contrapartida, la 6ª DHF se comprometió a elaborar los planos del nuevo pueblo de Escuer que se pensaba construir cauce abajo y no muy lejos de la orilla del Río Gállego. Los vecinos solicitaron más ayudas a la administración forestal pues parece que no contaban con suficientes recursos: “La mayor dificultad que para la solución del problema se presentaba al vecindario era la de lograr siquiera fuera un pequeño auxilio para la construcción de sus nuevas viviendas; pero esta incógnita también ha sido despejada con alguna aproximación, dado que no se trata de construir palacios, sino humildísimas casas, con notorio beneficio para los vecinos y para el Estado” (3). Una nueva referencia a aquella situación nos cuenta que para finales de 1923 ya había varias casas abandonadas en Escuer y otras “agrietadas y desmoronándose” (4).

Aspecto actual del conjunto de la cuenca del Bco. Escuer en el que se aprecia perfectamente el cono de deyección (delimitado por líneas rojas) y la ubicación de los dos núcleos. Foto: Archivo Cartagra
 La aproximación a la que se refirió Ayerbe será explicada a continuación. Los ingenieros de la 6ª DHF se dieron cuenta que en la cabecera de la cuenca no había canteras de las que extraer buenas piedras para emplearlas en la construcción de los diques previstos. Parece ser que con la acumulada en el propio lecho del Bco. Escuer era insuficiente por lo que la única solución pasaba por subirla con caballerías nada menos que desde el cono de deyección de este cauce. El propio Ayerbe tuvo clara la inviabilidad de aquella opción: “…y subida a los emplazamientos -de los diques- a lomo, por no existir camino carretero ni ser económicamente práctico el construirlo. El transporte en tales condiciones sería costosísimo y poco menos que imposible de realizar” (3). Al mismo tiempo, los vecinos de Escuer se encontraron con otro problema para construir sus nuevas casas. En un primer momento se habían planteado deshacer sus casas originales y bajarse la piedra hasta el nuevo emplazamiento del pueblo y usarla para las nuevas casas. Aquel planteamiento suponía también un esfuerzo en tiempo y esfuerzo que se antojaba inviable.

Dique de cierre original construído hacia 1920. Foto: Archivo Cartagra
El mismo dique en la actualidad. Obsérvese como en su día fue recrecido a partir de la cota del vertedero de aguas debido muy posiblemente a la colmatación del mismo. Foto: Archivo Cartagra
Debió ser el propio Tomás Ayerbe quien propuso a los vecinos una opción que podría beneficiar a todas las partes. En vez de describirla recuperaré textualmente el párrafo donde quedó expuesta “La solución, por consiguiente, está en adquirir para los trabajos de corrección en la cuenca la piedra de las casas del actual pueblo, de las que los vecinos no utilizarán más que las maderas y material de las cubiertas aprovechable; piedra que están dispuestos a ceder a muy bajo precio. El importe de ellas les suministra recursos para sus obras, y el Estado economizará una respetable cantidad, por el notablemente menor coste del repetido material al pie de los emplazamientos de las correcciones a construirVéase con qué relativa facilidad un pueblo llamado a desaparecer se erguirá de nueva planta y contará con monte y vega suficiente a llenar sus necesidades” (3). Aquella propuesta fue finalmente aceptada y los vecinos comenzaron a extraer toda la piedra necesaria del mismo cono de deyección del Bco. Escuer, muy cerca del emplazamiento escogido para el nuevo pueblo. Cabe señalar aquí también que el Estado, tal y como reconociño este ingeniero, ya tenía calcula la forma de resarcirse de parte de esos gastos, mediante los impuestos de contribución que aplicaría a las 800 Ha que suponía la totalidad del monte de Escuer así como otras 100 Ha de campos de cultivo.

Aspecto de los trabajos de corrección poco después de su conclusión. Foto: Archivo Cartagra
Vista actual del mismo lugar de la anterior foto donde se aprecia como la vegetación cubre la mayoría de los muros y hasta el dique de consolidación del fondo del barranco. Foto: Archivo Cartagra
Pero como ya se dijo al principio de este post, el proyecto definitivo y específico para este barranco no se aprobó hasta marzo de 1940. El ingeniero Genaro Brun calculó para su ejecución un montante total que ascendió a 1.460.882,86 Pts. Esa cifra la desglosó del siguiente modo: trabajos de repoblación: 96.931,96 Pts; trabajos de corrección: 1.219.566,18 Pts; trabajos auxiliares: 12.750 Pts y gastos generales: 131.634,72 Pts.

Dame coiffe o señorita en formación en el tramo 
medio del Bco. Escuer. Foto: Archivo Cartagra
Los trabajos forestales consistieron en la plantación de resinosas en unas 195 Ha de su cuenca. Otras 100 Ha estaban ocupadas por pastizales, zonas aisladas de arbolado, el pueblo y caminos. La plantación, según el proyecto, debía hacerse con una densidad de 2.500 hoyas por hectárea. Además el proyecto decía que: "Las 13,43 hectáreas de laderas erosionadas y el cono de deyección de 53,48 hectáreas, se consolidarán con especies rústicas de gran raigambre y rápido crecimiento tales como salix, abedul, acacias, etc. Los trabajos de corrección contemplados fueron la construcción de muretes de mampostería siguiendo las curvas de nivel y gaviones, intercalando entre ellos enfaginados nada menos que hasta 35 km. En la zona de la garganta se consideró que lo más conveniente era construir varios diques de consolidación. Entre los 9 diques de primer órden y un número indeterminado de diques secundarios sumaban un total de 28.000 metros cúbicos de mampostería hidráulica. A esa cifra había que añadir otros 18.000 más entre gaviones y muros. Dentro de los trabajos auxiliares se contempló la construcción de hasta 6 km de sendas de un metro de anchura así como un albergue donde guardar herramientas, material o poderse guarecer los propios obreros. Dejó para último momento, una vez construidos los diques y comprobada su efectividad, la necesidad de llegar aconstruir una canalización de este cauce dentro de su cono de deyección (5).

Dique de consolidación en el tramo rmedio 
del Bco. Escuer. Foto: Archivo Cartagra

Una nueva justificación de la necesidad de intervenir sobre este cauce la encontramos en la propia memoria de este proyecto: “Es por tanto tan necesaria la corrección del Escuer como la del Arás que deben llevarse conjunta y rápidamente a fin de evitar se prolongue la situación actual de abandono y de peligro en la circulación de una vía tan importante como el camino a Francia”. Parece ser que los cortes en aquella carretera habían ocasionado numerosas quejas por parte de diferentes ayuntamientos y de la Sociedad de Turismo. Como consecuencia de lo descrito hasta ahora, sobre este cauce ya se había intervenido aun sin contar con un proyecto que abarcara toda su cuenca. Esto se hizo necesario pues según este ingeniero la erosión afectaba a  nada menos que 13,43 Ha, principalmente en su tramo medio más estrecho. Por este motivo se construyeron dos diques diferentes en su cauce hacia 1925 y unos años más tarde fue necesario recrecerlos y consolidarlos pues presentaban deterioros importantes (5). Llama la atención que en ningún punto de este proyecto se vuelve a hacer referencia sobre el riesgo de derrumbe de algunas construcciones del pueblo original de Escuer. Cabe interpretar pues que los primeros trabajos realizados hacia 1920-25 debieron servir al menos para contener la situación. Es muy posible también que las casas que más riesgo de desmoronamiento corrían fueran las primeras que se echaran abajo para aprovechar su piedra en la construcción de esos dos primeros diques.

 Ubicación de Escuer Alto con respecto a las 
zonas erosionadas. Foto: Archivo Cartagra


Tras la construcción sobre su cauce del primer dique con su respectivo contradique, el cual se ubicó a la salida del tramo más angosto de este barranco, el problema de los desbordamientos y el consecuente corte de la carretera que subía a Biescas y Valle de Tena debió quedar corregido definitivamente. Además de este dique de cierre, la 6ª DHF construyó algún dique más de primer orden aunque no se ha podido concretar su ubicación en la documentación consultada. Debieron ser seguramente restricciones presupuestarias las que acabaron imposibilitado la construcción de todas las obras previstas. Al final el número de diques previstos se redujo al igual que los muros, gaviones y enfaginados que se redujeron significativamente.
 
 La labor emprendida por ese organismo fue continuada por el Patrimonio Forestal del Estado y posteriormente por el ICONA. Entre todos ellos construyeron hasta diez diques de diferentes dimensiones y en distintas ubicaciones gracias a los cuales este cauce en la actualidad está totalmente corregido. Alguno de esos diques está prácticamente colmatado por los áridos que ha ido reteniendo en sucesivas avenidas. Otros todavía tienen capacidad suficiente antes de ser rellenados.

Hoy en día, transcurridos más de setenta y cinco años desde que el antiguo pueblo de Escuer fuera abandonado, este asiste desde hace no mucho tiempo a un proceso de rejuvenecimiento pues en los últimos años se han rehabilitado varias construcciones antiguas a modo de segunda residencia. Si alguien se anima a visitar el emplazamiento de Escuer Alto que es como se le conoce en la actualidad, le recomiendo que preste especial atención a una cosa. Debe mirar con detenimiento sobre la orilla izquierda el gran corte que presenta la ladera compuesta de flysh, un material que se disgrega muy fácilmente por la acción del agua. Así pues, viendo in situ la ladera erosionada y la estrecha garganta, uno puede hacerse un poco mejor idea de lo que es capaz el agua y como esta ha ido horadando poco a poco en busca del cauce al cual tributa su caudal, el Río Gállego.

Aspecto de los últimos diques construídos en la cabecera con hormigón armado por el ICONA.     
               Foto: Archivo Cartagra



(1): Reseña de los trabajos realizados por la División Hidrológico-Forestal de la Cuenca Inferior del Ebro y Pirineos Orientales en 1902, 1903 y 1904; Javier de Ferrer Lloret y José Reig Paláu; Madrid, 1905.

(2): Me estoy refiriendo al que actualmente se conoce como Escuer Alto el cual fue abandonado.

(3): Revista Montes, nº 1.077; Madrid, 1922.

(4): Revista Montes, nº 1.088; Madrid 1923.

(5): Archivo del Servicio Provincial de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Huesca

domingo, 15 de septiembre de 2013

El Barranco de Arratiecho

        Pero a pesar de todos los trabajos y esfuerzos realizados a lo largo del cauce del Bco. Arás, el que tiene los honores de haber sido el primer cauce sobre el que se realizaron trabajos de corrección, fue otro. En la ribera del río Gállego fue el cauce del Barranco de Arratiecho donde el personal de la 6ª División Hidrológico-Forestal actuó por primera vez. Al igual que los trabajos referidos en la anterior entrada realizados sobre la cuenca del Bco. Arás, estos también fueron proyectados y dirigidos por el ingeniero de montes aragonés Pedro Ayerbe. Como veremos a lo largo de posteriores entradas, la capacidad de interpretación del terreno de este hombre y sus avanzados conocimientos de las técnicas forestales, hicieron posible que los proyectos por él diseñados, además de conseguir llevarlos a la práctica, se han mostrado  muy eficientes a lo largo de los años.
Desbordamiento del Bco. Arratiecho hacia 1905 como consecuencia de una crecida afectando a campos.
Foto: Colección Tomás Ayerbe
       Los trabajos en este cauce comenzaron en 1904 con un presupuesto previsto de 31.149,42 Pts aunque a última hora esa cantidad se vió reducida hasta 29.516,40 Pts. Con esa cantidad se acometió la construcción de diferentes diques así como la repoblación de una superficie indeterminada. Para facilitar los trabajos  de encauzamiento y canalización su cauce fue dividido en tres tramos diferentes. Como dato curioso y para que nos hagamos una idea, el coste de uno de los diques construídos con un volúmen de 112 metros cúbicos fué de 2.339,23 Pts, es decir, a 20,89 Pts el metro (1). 

Caseta de herramientas en el vivero de Arratiecho 
hacia 1910. Foto: Colección T. Ayerbe

Al ser la primera vez que se abordaba desde ese organismo una actuación seria de hidrología forestal, aquellos trabajos costaron, si cabe, todavía un poco más que los realizados posteriormente. La ejecución de los mismos fue considerada por los técnicos y los políticos del momento como de máxima urgencia. Las periódicas crecidas acompañadas de respectivos desbordamientos ponían continuamente en jaque la persistencia como tal de la fértil huerta de Biescas. Como no podía ser de otra forma al tratarse de un cauce con un marcado carácter torrencial, los desbordamientos del mismo iban por lo general acompañados de avenidas y fruto de las mismas los áridos terminaban cubriendo parte de esas magníficas tierras de cultivo. Pero aquellas crecidas cada vez más habituales implicaron un nuevo daño directo. La carretera que comunicaba Biescas con la próxima localidad de Gavín, atravesaba peligrosamente el cono de deyección de este barranco por su parte superior. Eso suponía que cada vez que se producía un episodio de aquellos dicha carretera quedara también cortada al tráfico rodado.
Pero como sucede en cualquier inicio, la ausencia de una infraestructura mínima para ejecutar aquellos trabajos supuso una dificultad añadida para conseguir los objetivos propuestos. Lo primero que se debió acometer fue la construcción de un vivero forestal en el que poder obtener todas las plantas que se iban a necesitar no sólo en la restauración de este cauce, sino también en la de los próximos cauces del Bco. Arás, Bco. Escuer o Bco. Arguisal. Aquél vivero forestal acabó instalándose en el propio cono de deyección del Bco. Arratiecho, decisión que fue muy criticada por algunos de sus colegas. De esta manera el ingeniero responsable de aquellos trabajos, P. Ayerbe, pretendió llevar a la practica la máxima forestal de que la mejor forma obtener plantas bien adaptadas no era otra que sembrarlas en el mismo sitio donde habían de ser plantadas. La  puesta en marcha de todos aquellos trabajos implicó una serie de gastos que no repercutieron directamente en el avance de los mismos. Durante 1904 se gastaron 205 Pts en diferentes conceptos como transporte de materiales, compra de alambre espinoso para el cerramiento del vivero, estudios y levantamientos de mapas, inspección y dirección de las obras, vigilancia, construcción de dos garitas de refugio, adquisición y reparación de herramientas, abonos para el vivero, etc (2).

          Además, por si fuera poco, ese mismo año ya resultó necesario reparar unas escolleras y unos empedrados como concecuancia de una fuerte crecida experimentada por este cauce el 12 de septiembre. La Revista Montes de octubre de ese mismo año se hizo eco también de aquella riada en los siguientes términos: "La crecida que se produjo fue muy superior a cuantas se recuerdan en la localidad, y los operarios que trabajaban en la corrección del torrente huyeron en busca de refugio, creyendo que la impetuosidad de la avenida arrasaría las obras que habían levantado. Apenas pasó la tempestad, vieron con sorpresa que no había sido así, sino por el contrario, aquellas obras, fraccionando la fuerza de la avenida y deteniendo sus materiales de acarreo, habían triunfado, en todas las líneas, del combate sostenido contra la violencia de los elementos".
Casi de forma simultánea aquel hombre también decidió que para garantizar la realización de un trabajo en condiciones había que contar con una base próxima desde la que poder hacer un seguimiento exhaustivo del desarrollo de los trabajos. Aquello pasaba por disponer de unas dependencias en las que poderse alojar tanto él en calidad de responsable de los mismos, como otro personal adscrito a la 6ª DHF como era el caso de los guardas forestales. Así fue como hacia 1905 este ingeniero adquirió varios campos separados del centro de Biescas donde decidió construir una casa forestal y otra serie de dependencias auxiliares, imprescindibles para llevar a cabo con garantías la labor que se le había encomendado.

Impresionante aspecto de la casa forestal original de Biescas hacia 1910, al poco de ser construída. 
Foto: Colección Tomás Ayerbe
La casa forestal de Biescas en la actualidad, abandonada, decrépita y con su cubierta a punto de hundirse.   
       Foto: Archivo Cartagra
      La importancia de la corrección hidrológica de este cauce fue tal que el inicio de sus obras coincidió con otras obras forestales de gran importancia a nivel nacional. Me estoy refiriendo a los trabajos de fijación de dunas que se llevaron a cabo tanto en el Golfo de Rosas (Gerona), en las Dunas de Guardamar (Murcia) o los de la cuenca del Barranco Enseu, en la Ribagorza leridana. A su vez, los trabajos realizados en este cauce también acabaron coincidiendo en el tiempo con los que poco tiempo después se iniciaron en el próximo Barranco de Arás. 
Cono de deyección canalizado hacia 1912. 
Foto: Colección Tomás Ayerbe


El mismo tramo en la actualidad.
Foto Archivo Cartagra
        Las obras en este el Bco. Arratiecho habían comenzado en 1903 con un presupuesto escaso de tan sólo 1.000 Pts aun a pesar de que el ingeniero Pedro Ayerbe había presupuestado para esa primera fase casi 40.000 Pts. El cauce del Arratiecho tenía una longitud de unos 2.500 m y la extensión de su cuenca abarcaba unas 160 Ha. La mayor parte de la misma presentaba un aspecto descarnado fruto de los avanzados procesos erosivos existentes. Cada vez que había una tormenta en la zona, de su cuenca surgía un volumen de arrastres que iba aumentando sin cesar hasta alcanzar su cono de deyección. Estas avenidas con arrastres eran tan habituales que el caudal principal acababa desbordándose con relativa frecuencia inundando los campos próximos.
Numerosos obreros abancalando manualmente la ladera izquierda del Bco. Arratiecho. 
Foto: Colección Tomás Ayerbe.
Pino piñonero (Pinus pinea) de la repoblación origninal
realizada por la 6ª DHF en la actualidad. Foto Cartagra

Hasta 1907 se habían sembrado unas 300 Ha de pino silvestre y roble. Dentro del mismo cono de deyección se sembraron otras 3 Ha de pino piñonero y castaño, así como 9.000 abedules, 3.000 olmos, 2.900 plantones de chopo, sauces y otras frondosas. Se abrió una importante red de caminos en cuyos taludes se sembraron pinos, robles, olmos y especies pratenses. Se llegaron a construir cuatro grandes diques que en conjunto cubicaron 1.079 m³ de mampostería y otro par de diques rústicos intermedios. En poco más de un kilómetro de cauce se construyeron hasta 75 diques de entre un metro y cinco metros de altura y con un espesor medio de 1,80 m. Se abrieron dos caminos principales. Uno que accedía hasta la parte intermedia de su cuenca tenía 2.760 m de longitud y otro más ancho para el servicio de obras de 1.480 m. Sobre la parte final de su trazado, coincidiendo con su cono de deyección, se construyeron sendos paseos paralelos a cada una de sus orillas, de 379 m de longitud. En la parte final del cono de deyección también se construyó una plazoleta circular donde habrían de quedar depositados por decantación los arrastres de sus aguas. Hay que recordar aquí una vez más que todas estas obras se realizaron a base de un gran número de trabajadores armados simplemente que con un pico y una pala. Bien. Con esas sencillas herramientas y tras infinidad de largas y sacrificadas jornadas de trabajo, se consiguió remodelar unas laderas que cualquier otro hubiera descartado su restauración por considerarla imposible (2).
Estado de la cabecera del Bco. Arratiecho hacia 1902-04, antes de iniciarse los trabajos. Obsérvese el grado extremo de erosión de buena parte de su cuenca receptora. Foto: Colección Tomás Ayerbe
       Aspecto de la cabecera del Arratiecho totalmente corregida y restaurada hacia 1915 aproximadamente.                Foto: Colección Tomás Ayerbe
La importancia que Pedro Ayerbe dio a la vigilancia de los trabajos y las repoblaciones realizadas en este cauce fueron el principal motivo para que decidiera construir una nueva casa forestal bien próxima al lugar de dichos trabajos. Así fue como se construyó una nueva casa forestal en la partida de Las Carruscas, totalmente destruida en la actualidad. Para llegar hasta ese punto fue necesario abrir un camino forestal de unos 3 m de anchura y casi 2 km de longitud que comunicaba directamente con el cauce del Arratiecho.
Se levantaron cientos de metros de paredes de piedra 
siguiendo las curvas de nivel. Colección Tomás Ayerbe.
 Resulta muy impresionante la contemplación algunas de las fotos antiguas en las que la vegetación todavía deja ver claramente los numerosos muros construidos siguiendo las curvas de nivel de la ladera. Aún impresiona más si esa foto con los trabajos concluidos la comparamos con la de su cabecera antes de que se iniciaran los mismos. En su construcción se llegó a montar pequeños tramos de raíles tipo "Dacauville" sobre los que se desplazaban las vagonetas cargadas de tierra y piedras, lo cual facilitó enormemente aquellos trabajos. Es más que probable que P. Ayerbe tomara esta idea tras observar ese sistema en las obras que por esas fechas se realizaban en el llano de Los Arañones de Canfranc, las cuales dirigía su primo Benito Ayerbe Aísa, también ingeniero de montes.
 En la actualidad el cauce del Arratiecho constituye un estupendo punto de ocio para los habitantes y visitantes de Biescas. La mayoría de los caminos abiertos a principios del siglo XX se conservan en la actualidad y son recorridos por practicantes de senderismo o mountain bike continuamente. Medio ocultos entre la vegetación permanecen infinidad de metros lineales de pared que ha cumplido y sigue cumpliendo con su principal cometido: sustentar la ladera y favorecer así el crecimiento de la vegetación. Los diques del cauce también resulta complicado verlos pues aparecen prácticamente ocultos por pinos, salceras, barzas y artos. Este escenario es el marco ideal para, con unos trabajos previos de desbroce y limpieza de las obras más representativas, conseguir un sendero interpretativo autoguiado gracias al cual dar a conocer tanto los trabajos realizados como algunas de las técnicas empleadas en la restauración hidrológico-forestal sobre cauces torrenciales.
Sistema de vagonetas y raíles denominado "Decauville" instalado en las obras del Bco. Arratiecho para optimizar el movimiento de piedras y tierra.  Foto: Colección Tomás Ayerbe
       El antiguo cono de deyección del Arratiecho en la actualidad esta ocupado por un frondoso bosque en el que predomina el pino silvestre. Son buenos ejemplares, altos, rectos, los cuales han cumplido y siguen haciéndolo, con la función que se les encomendó en su día: asegurar un suelo inestable frente a las periódicas avenidas de agua. En la actualidad, sobre una porción de este bosque se ha instalado un parque de aventuras donde quien así lo desee puede desplazarte de un árbol a otro mediante tirolinas y otra serie de pasos aereos. Si Pedro Ayerbe levantara la cabeza quedaría más que sorprendido pues sin salir del lugar al que dedicó tantos desvelos ahora podría, además de darse un paseo aéreo como si de un esquirgüelo se tratara, tomarse una estupenda tapa de pulpo para reponer fuerzas en la terraza-bar que toma el nombre de este barranco.
Parque de aventuras en Arratiecho.
 Foto Cartagra


Fiesta del Pulpo en Arratiecho durante septiembre de 2013
Foto Archivo Cartagra

Bibliografía y fuentes: 
(1): Reseña de los trabajos realizados por la División Hidrológico-Forestal de la Cuenca Inferior del Ebro y Pirineos Orientales; Javier Ferrer Lloret y José Reig Paláu; Madrid, 1905. 
(2): Dosier que elaboré con motivo de las Jornadas Histórico-Forestales de Biescas, celebradas en mayo de 2002 y organizadas por Profor España.

domingo, 8 de septiembre de 2013

En el Arás... sudarás¡

        Prometí hablar con más detalle de las obras realizadas en el Bco. de Arás y a ello me dispongo. Hay que matizar que me referiré solamente a las obras originales realizadas a partir de 1907 y que concluyeron a principios de 1970. Los diques actuales corresponden a la reconstrucción casi integral que sufrió este cauce como consecuencia de la grave riada acaecida sobre el mismo un trágico 7 de agosto de 1996. Antes de acometer tales trabajos y según cuentan escritos de la época, en el tramo final de este cauce llegaron a verse bloques de piedras cuyo volúmen calculado fue de 80 metros cúbicos y algunas de hasta 100. Estas piedras habían sido desplazadas por alguna de las riadas habidas sobre este cauce y nos da una idea bien aproximada de la capacidad erosiva del mismo. Con cada crecida estaba garantizado el corte de la carretera que conducía al Valle de Tena y al Balneario de Panticosa. El propio ingeniero Pedro Ayerbe sufrió tales cortes en al menos un par de ocasiones llegando a perder incluso su equipaje en una de ellas (1). El primer dique que se construyó tuvo 8,40 m en su parte más elevada, 3,50 m de espesor en su base y más de 40 m de longitud. Las dimensiones del mismo ya dejaron entrever claramente el decidido empeño de la 6ª División Hidrológico-Forestal por acometer tan ambiciosa obra. Tal extremo quedó refrendado con la visita a las mismas en 1913 del mismísimo Director General de Agricultura, Minas y Montes del momento, D. Texifonte Gallego.
Foto del primer dique construído en el Bco. Arás, hacia 1908. Foto: Colección Tomás Ayerbe
  Cabe señalar que después de aquella visita a Arás dicho cargo marchó a inaugurar nada menos que el Embalse de La Peña, construido aguas abajo del cauce principal en el que desembocaba este barranco. Fue precisamente la presencia de este embalse en aguas del Río Gállego el que justificó en gran medida la ejecución de las obras que ahora nos ocupan. Las laderas descarnadas de la mayoría del cauce del Arás eran la mejor garantía para que la erosión aumentara su presencia de forma descontrolada. Con ella, numerosos arrastres sólidos habrían de llegar más pronto que tarde hasta ese embalse y esa circunstancia había que evitarla a toda costa. Tales arrastres depositados en el fondo de La Peña reducirían considerablemente su capacidad de retención de agua y no podían permitir que una obra con un coste tan elevado sufriera ningún tipo de merma.
Trabajos de canalización del tramo final del Bco. Arás, hacia 1910. Foto: Colección Tomás Ayerbe


Canalizacíon del Bco. Arás en la actualidad. Foto: Archivo Cartagra

 El otro argumento de los trabajos sobre el Bco. Arás ya quedó señalado en la anterior entrada y tuvo por objeto garantizar la integridad de forma indefinida del trazado de la carretera que llevaba hasta Biescas. En más de una ocasión como consecuencia de las crecidas dicha carretera tuvo que ser cortada. Ah¡ lo cierto es que no me acordaba pero debo reconocer que sí que tengo más información sobre el accidente de La Tensina acaecido en 1929 y cuya foto incluí en la presentación de mi Blog. Según relata un escrito consultado de la época, los días 8, 9 ,10 y 11 de junio de 1929 tuvo lugar un episodio de fuertes lluvias. El desbordamiento del cauce del Arás que originaron las mismas coincidió justo cuando un autobús regular de viajeros cruzaba el lecho del mismo. Como consecuencia de aquella circunstancia el autobús volcó y pereció uno de sus ocupantes al ser arrastrado por la corriente (2).
Confección de enfaginados en las laderas del Arás hacia
1950 para evitar la erosión de las mismas. Foto Ayerbe
  Pero volvamos a las obras que ahora nos ocupan. Se acometió la construcción de nuevos diques en su cauce, aunque como lo prioritario era asegurar un trazado definitivo de esta carretera, poco tiempo después acometieron el encauzamiento de su tramo final. Este debía atravesar de oeste a este su cono de deyección y supuso un importante esfuerzo. Tales trabajos presentaban hacia 1911 un aspecto bastante adelantado aunque no se debió concluir hasta principios de los años 20 bien por problemas presupuestarios o bien por crecidas que destrozaban buena parte de lo realizado. Esta canalización tuvo unos 17 m de ancho y cerca de 1 km de longitud. Cauce arriba y hacia 1929 se llevaban construidos unos quince diques transversales de diferentes dimensiones, todos ellos ubicados en el tramo inferior del Arás. 
 
  Además de los diques que eran las obras de mayor volumetría realizadas dentro de estos trabajos, también se efectuaron obras mucho más sencillas aunque no por ello menos eficaces. Se trató básicamente de los denominados enfaginados, muretes y encespedamientos. Este conjunto de obras diferentes se aplicaron principalmente sobre laderas pendientes y con procesos erosivos muy avanzados. Merecen ser destacadas, por su sencillez, los enfaginados. Se trataba de un conjunto de ramas entrelazadas, generalmente de sauce debido a  su gran flexibilidad, las cuales conformaban largos cordones vegetales. Estos eran anclados al suelo por medio de estacas de madera siguiendo las curvas de nivel de la ladera. Estas barreras vegetales conseguían retener entre sus ramas los materiales que se desprendían llegando a formar pequeñas terrazas en la ladera sobre las que a su vez se plantaban árboles. La técnica de los muretes era prácticamente similar a los enfaginados aunque en este caso usando piedras para levantar pequeñas paredes de piedra sobre las laderas siguiendo también las curvas de nivel. La técnica de los encespedamientos fue escasamente aplicada en este cauce usándose mucho más en los trabajos de la cuenca del Río Aragón. Esta consistió en fijar al suelo planchas de césped natural o tasca mediante una estaca de madera que atravesaba la misma. También se realizó la apertura de cerca de 5 km de caminos para facilitar el desplazamiento tanto de personas como de caballerías porteando los materiales necesarios.
Trabajos del tramo intermedio del Bco. Arás concluídos, hacia 1965. Foto: Archivo Cartagra
Caballerías provistas de esturrazos para arrastrar las piedras más 
pesadas.  Foto Archivo Cartagra
 A lo largo de los años se redactaron números proyectos contemplando la realización de diferentes fases de las mismas. 1910, 1912, 1930, 1939 o 1944 fueron algunos de los años en los que se redactaron alguno de ellos. Durante tan largo periodo de tiempo también fueron distintos los ingenieros que dirigieron aquellas obras. El primero de todos ellos fue Pedro Ayerbe a quien le sustituyó Mariano Borderas. Luego siguió Genaro Arqué y José María Ayerbe, hijo del mismísimo Pedro Ayerbe. 
  La envergadura de las obras necesarias para corregir este barranco ya fue reconocida desde el inicio de los trabajos. Se sabía que llevar a cabo aquellos planes significaría mucho esfuerzo y sacrificio por parte de cuantos participaran en las mismas. Hacia 1923 los colegas de profesión de Pedro Ayerbe ya se lo recordaron con una frase bien elocuente: “¡En el Arás, sudarás¡”. Años más tarde, en la década de los 60 aquellas duras condiciones seguían estando a la orden del día y así lo recordaron en su momento los escasos testimonios en vida que allí trabajaron (3). Aquellas duras condiciones aún se vieron incrementadas pues muchas fases de esos trabajos se realizaron por la fórmula del destajo. Trabajar de aquella forma suponía la supresión de cualquier norma laboral que pudiera aplicarse entonces. Sirva como ejemplo que trabajando en esas condiciones llegaban a amasar al día hasta 90 sacos de cemento usando única y exclusivamente palas pues para entonces aún no habían llegado las hormigoneras mecánicas.
Obreros en el Bco. Arás llevando una 
parihuela y otros masando manualmente.
 Archivo Cartagra
  Fue en esta década cuando de forma tímida comenzó la mecanización de estos trabajos pues fue entonces cuando el Patrimonio Forestal del Estado comenzó a emplear unos pequeños camiones denominados Unimog. Hasta la llegada de los mismos, la fuerza humana y la animal fueron las únicas que se emplearon en estos trabajos. Para desplazar piedras pesadas se usaba un artilugio de madera resistente similar a una camilla conocido como parihuela o balluarte. Sobre el mismo se llevaba una o varias piedras y cuando su peso era elevado se requería la participación de hasta cuatro personas, una por cada asidero. Para las más pesadas se empleaban machos fornidos a los que se les enganchaba un esturrazo. Este apero consistía en unos maderos cortos unidos entre sí formando un triángulo sobre el que se depositaban las piedras a transportar. Moviéndolas de una u otra forma cabe decir que por los testimonios recogidos en su día, estuvieron a la orden del día los casos en los que más de un dedo de pie o mano acabó viéndose perjudicado.



 Un vehículo tipo Unimog dotado de remolque  transportado grava en el Bco. Arás hacia 1964. 

Foto Archivo Cartagra.
          Canalización original a la izquierda y nueva canalización final construída a raíz de la reconstrucción.
  Foto: Archivo Cartagra


Bibliografía y fuentes:
(1): Reseña de los trabajos realizados por la División Hidrológico Forestal de la Cuenca
 Inferior del Ebro y Pirineos Orientales en 1902, 1903 y 1904; Javier  de Ferrer y José
 Reig Paláu; Madrid, 1905.
(2): Documentación del Servicio Provincial de Agricultura y Medio Ambiente de Huesca.
(3): Documental "Piedras y Penas en tiempos del Patrimonio"; Carlos Tarazona Grasa,
Olibán, 2007.